Esta es la historia de una mujer, una madre, recien separada, y de su pequeña hija. Risas, llanto, inseguridad y amor
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Una dosis de realidad
Me dirigí a la comisaría sin saber bien con qué me iba a encontrar, cómo hacer la denuncia ni sabía si iba a prosperar. Al llegar me atendieron y me hicieron pasar a la oficina del oficial que tomaría mi denuncia. A medida que yo le relataba lo sucedido él me iba indicando que no creía que esa denuncia fuera a tener resultados. Eran muchas las personas que denuncian en este tipo de casos y todo quedaba en nada. Eran muchas las mujeres que denunciaban sin evidencias, como era en mi caso (sin golpes sin pericias) y generalmente no se conseguía más que una ligera orden de alejamiento hasta que se averiguara más. De inmediato agregó que lo más probable era de que él pusiera una denuncia en contra mía, que dijera que yo lo amenacé con la denuncia y con no dejarlo salir con mi hija o verla. Eran muchas las maneras en que se podía manipular la ley.
Lo único que sentí fue desaliento. Seguía desprotegida. La ley tampoco iba a ser una aliada en mi favor. No me extrañaba, yo también sabía que había miles y miles de casos de violencia de género que no conseguían justicia jamás. Pero estaba cansada. Cansada y asustada de cómo seguirían las cosas ahora, después de enfrentarme a él.
Simplemente, me fui a casa, llegué llorando, sintiéndome derrotada y sucia. Era algo así como un manoseo lo que me hacía y yo no estaba pudiendo defenderme.
Los siguientes días me los pasé del trabajo a casa y de casa al trabajo. Ya no quería ni siquiera salir a pasear con Mili, pues me asustaba la idea de que se apareciera a montar un show. El cuco se estaba convirtiendo en un monstruo de tamaño inmenso, que cubría el cielo y no me dejaba ver más allá de esa tortura.
Por esos días, apareció por casa un empleado de mi tío, que se llegó como un favor a mi mamá, ya que se nos descompuso el lavarropas.
Cuando llegue del trabajo, lo saludé y le invité un café, mientras charlábamos. Hacía un par de años que no nos veíamos, pero nos conocíamos de toda la vida.
Chavo era un moreno muy atractivo, bastante mayor que yo, y según recordaba, era casado. Después de un poco de charla de un lado y otro, me enteré de que estaba separado Hacía un par de años, pero veía a sus hijos casi cada día. Los llevaba o buscaba del colegio y los fines de semana, se quedaban con él en su departamento. Era el arreglo que tenía con su ex, para compartir y equilibrar los tiempos de ambos.
Charlamos un buen rato, mientras Mili estaba feliz en su falda jugando con todas sus herramientas engrasadas. Esa noche el baño sería épico...
Me sentí cómoda y arropada. Hacía tiempo que no me sentía tan en paz. Al despedirnos, le pasé mi número de teléfono y lo invité a volver cuando quisiera.
Después de un par de días de tranquilidad, el cuco apareció en mi trabajo con la excusa de alcanzarme un paquete de pañales. Cuando me dijo que necesitaba hablar conmigo, le dije que no había problema, siempre y cuando estuviera mi mamá presente. Me dijo que quería hablar conmigo, no con ella, pero le contesté que a solas nunca más. Accedió a reunirnos en un café al día siguiente.
Yo estaba muy nerviosa, ya que sería la primera vez desde la separación que Mili vería a su padre, y no sabía que huella dejaría eso en ella. Si bien se había adaptado rápido a su nueva vida, yo notaba que por mucho tiempo miraba la puerta esperando ver al cuco o a sus hermanos. Eso me dolía.
Finalmente, nos reunimos e hizo una gran actuación al levantar en brazos, emocionado, a su hija, y decirle cuanto la había extrañado y cuanto había crecido. Ni mamá ni yo demostramos creerle ni una palabra.
Una vez instalados, comenzó a hablar:
-Principalmente quiero pedirles disculpas a las tres por mi comportamiento en los últimos meses, la separación me hizo mucho mal, y me descontrole de tal manera que se me hizo imposible tener un contacto con Mili. Las cosas con los chicos no iban bien, Julian no se comportaba bien en mi ausencia, y sin nadie que lo mantuviera en línea, tuve que devolverlos con su madre, que al fin y al cabo tiene la misma obligación de cuidarlos que yo. Yo no puedo estar atravesando este duelo, y al mismo tiempo estar pendiente de su comportamiento. Con respecto a Mili, ella es muy pequeña todavía y yo no me siento capaz de llevarla conmigo por horas, no sabría que hacer si llora o si necesita algo que yo no pueda adivinar. Por eso es que me gustaría que nos reunieramos un par de veces por semana así yo comparta con ella, te invito un café y de esa manera ella también se sentirá más cómoda. Yo nunca quise dejar de proveerle lo necesario, solo que me cegó el dolor y no hice las cosas bien. Me gustaría enmendar la situación.-
No sabía si reírme, llorar a gritos o golpearlo directamente. Había encontrado la forma de poner la oferta sobre la mesa de tal manera que parecería una acción completamente egoísta de mi parte si le dijera que no. Pero al mismo tiempo era la trampa perfecta. Él sabía que mi mamá no vendría al centro dos veces por semana para acompañarme, sabía que tendría que venir yo sola con Mili y compartir mesa con él durante el tiempo que duraran los encuentros. Era una manera de atarme a él nuevamente, en pos del bienestar de mi hija, y de que él cumpliera sus obligaciones como padre. Lo odiaba. Realmente lo odiaba.
Acepté a regañadientes, pero en mi mente barajaba constantemente todas las alternativas posibles para evitarme tantos malos tragos.
Durante nuestro primer encuentro, quiso entablar conversación conmigo, saber como estaba, como me iba con el nuevo trabajo, como eran las cosas entre las tres, pero respondí a todas sus preguntas de manera tan seca, que no encontró más opción que hacer un monólogo de sus penas y problemas. De su soledad y su tristeza... casi se podría componer una canción con todas las sandeces que salían por su boca.
En el segundo encuentro me dijo que se sentía bien reuniéndose con nosotras, que casi podía sentir que éramos una familia de nuevo. Esa fue la señal de peligro, que generó que todas mis alertas saltaran. Nunca volveríamos a ser una familia y necesitaba dejárselo en claro. Pero ¿como?
no es la típica historia de ricos
es de gente sencilla que vive el día a día felicidades
Gracias por compartirla!!! Felicitaciones!!!👏👏👏👏👏
Gracias y FELICITACIONES A LA AUTORA!!!
EXITOS EN SUS NUEVAS PUBLICACIONES!!!!!