Adler Remington, tercer Duque de Wellington y Giorgiana Cavendish, tendrán que luchar para recuperar lo que tenían y que ahora se encuentra perdido.
Sin embargo, esto no será sencillo, pues Giorgiana Cavendish ha sido lastimada en lo más profundo de su corazón, de una forma tan despiadada, que ahora ella vive su vida con mucho dolor y sobre todo, con mucho miedo, ante la posibilidad de que su corazón vuelva a ser destrozado en mil pedazos.
¿Podrá Giorgiana aprender lo que el perdón realmente significa cuando, por culpa de la desconfianza, su vida fue arruinada tal vez para siempre? ¿El Duque de Wellington podrá demostrar de nuevo su amor y lealtad a la mujer que tanto ama? ¿Podrán ambos corazones recuperar la joya que un día perdieron?
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Giros inesperados en el renacimiento de un amor.
Al día siguiente, toda la familia Remington, a excepción de Andrew, estaba desayunando en el comedor familiar, mientras los Cavendish, desayunaban en la habitación donde estaba Giorgiana.
Dentro de unas horas, tengo una audiencia con el Rey. Será una reunión en donde también estará el Duque de Windsor. Ya es hora de que mi hermano aprenda a comportarse con respeto y honor, y esta vez, será el Rey el que le enseñe la lección. Sólo espero que Richard lo haga reflexionar. –dijo el Archiduque.
Es que todavía no puedo creer lo irrespetuoso que el tío fue ayer con los Cavendish. Y, en cuanto a Giselle, ella sólo es una niña malcriada y majadera, que necesita que la pongan en su lugar. –dijo Jane, aún un poco molesta.
Creo que Gigi ya sé encargo de eso, ¿Acaso no viste el gran puñetazo que ella le dio? Ojalá eso le haya enseñado modales a nuestra primita. –dijo Ethan a su hermana, pero antes de recibir respuesta alguna, la familia escuchó el llanto lastimero de Brooke.
Brooke hija, ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras así? –le preguntó su madre, pero Brooke levantándose fue hasta donde estaba Adler y abrazándose a él le dijo:
Perdóname, yo no sabía que Giorgiana fue… no lo sabía, yo lo único que no quiero es que te vuelvan a lastimar.
No llores pequeña, ya pasó. Mira, Gigi no me traicionó, ella es inocente, nunca me ha lastimado, al contrario, ella me hace feliz con sólo respirar. –le respondió Adler, secando sus lágrimas con los pulgares.
Entonces, ¿Ella no te traicionó? –le preguntó Brooke.
No cariño, ella no me hizo daño ni me traicionó. Al contrario, fui yo quien traicionó la honestidad y la pureza de su amor por mí, al no confiar en ella como debía hacerlo, fui yo el que le falló, y por eso, la vida me lo está cobrando de la manera más dolorosa, al verla tan desgarrada y asustada. De hecho, casi no pude dormir pensando en la posibilidad de que ella no vuelva a amarme como antes. Y aunque yo entiendo que no quieres que me lastimen, has dirigido de mala manera tus buenas intenciones de protegerme. –dijo Adler con dolor.
Pero Gigi aún te ama hijo, sólo basta verla a los ojos, para darte cuenta de lo que ella siente. Esa chica sigue enamorada de ti. –le dijo Leslie a su hijo.
Yo sé que ella me ama mamá, pues también lo noté en su mirada. Sin embargo, eso ya no es suficiente porque, en estos momentos Gigi está tan llena de dolor, de temor, de angustia, de incertidumbre y de pánico, que no estoy seguro de que volvamos a tener una relación sentimental, ella misma me dijo anoche que ella no puede pensar en volver a tener una relación amorosa conmigo. –le respondió Adler.
Ten paciencia hijo, tienes que entender que como tú mismo dijiste, Giorgiana debe sanar por completo, para que te vuelva a entregar su amor y su corazón. Pero deberás tener mucha paciencia. –le dijo su padre.
Eso lo tengo claro, por lo que mi única pretensión ahora, es estar junto a ella como su amigo y protector. Quiero que ella sea feliz otra vez, aunque eso implique dejar a un lado mis propios sentimientos. Pero, les confieso que eso se me dificulta cada día más. Por eso, necesito el apoyo y la ayuda de todos ustedes. –les dijo Adler.
Dime, de qué forma te puedo ayudar y lo haré. –le dijo Brooke.
¿De verdad me quieres ayudar en esto? –le preguntó a su hermana.
Claro que sí, estoy muy arrepentida por mi mal comportamiento, tanto con Giorgiana, como con todos ustedes. –dijo Brooke suplicante.
Pues siendo así, te quiero pedir que te des la oportunidad de conocerla como no lo hiciste antes, tal vez hasta puedan ser amigas, a pesar de no ser de la misma clase social. ¿Qué dices? Eso me haría sentir muy feliz, pues a ambas las amo profundamente y a ninguna de las dos las quiero perder. –le dijo el Duque a su hermana.
Yo también te amo, hermano. Por eso te prometo que lo voy a intentar, me acercaré a ella. –le respondió Brooke y con suavidad lo abrazó, mientras los demás miembros de su familia sonreían complacidos.
Al cabo de un par de horas, Adler tocó la puerta de la habitación donde se encontraba Gigi y al ingresar a ella, la encontró en compañía de sus hermanas Blake y Caroline.
Buen día, señoritas. Pasé por aquí un momento para saber cómo amaneció Gigi. –dijo el Duque mirando a Gigi.
Amaneció mejor, aunque cabe señalar que es una paciente un poco testaruda. ¿No te parece, Blake? –dijo Caroline.
¿Un poco? Que va, querrás decir muy testaruda. –respondió Blake, haciéndolos reír a todos a excepción de Gigi, que dejó escapar un resoplido.
Si lo sabré yo… –dijo Adler riendo, al recordar las múltiples ocasiones en las que él prácticamente la obligaba a guardar el adecuado reposo, cuando ella enfermaba.
Gigi, aprovechando que el Duque está aquí, ¿No te importa quedarte con él un momento, mientras Blake y yo… vamos en busca de mamá? ¿No te importa verdad? –le pregunto Caroline con intención.
Caroline, tú no puedes imponerle eso el Duque, si ustedes tienen que salir un momento, puedo quedarme sola por unos minutos. –dijo Gigi nerviosa, ante la posibilidad de volverse a quedar a solas con él, a lo que el Duque respondió:
No es problema para mí acompañarte mientras tus hermanas vuelven, así que no te preocupes por eso, vayan tranquilas.
Tan sólo escuchar esto, las hermanas Cavendish rápidamente salieron de la habitación, dejándolos solos.
Perdona a mis hermanas por favor. Juntas a veces son un torbellino. –le dijo Gigi, a lo que Adler, sentándose a su lado, y tomándole la mano derecha le dijo:
Si fuese por mí, me quedaría contigo todo el día. Lamentablemente, tengo muchos asuntos pendientes, asuntos que requieren mi atención. Sin embargo, te prometo venir a verte a diario, para acompañarte, leerte e incluso para hacerte reír. ¿Te parece?
Sí, por supuesto. –musitó Gigi muy nerviosa. Y, al decir esto, desvió la mirada mientras pensaba:
“Por favor, Gigi, tienes que calmarte, o él se dará cuenta.”
Giorgi, mírame. –y diciéndole esto, Adler le tomó la barbilla con suavidad, para que ella lo mirara y añadió: “¿Qué sucede? ¿Por qué no quieres mirarme? ¿Hice algo que te molestara?”
¡No, por supuesto que no! Es sólo que me siento muy confundida, pues siento tantas cosas dentro de mí… De hecho, se me hizo imposible dormir en toda la noche, pero tú no me has hecho nada malo. Todo lo contrario, tú eres el centro de todas mis confusiones. –le dijo Gigi con sinceridad.
¿Yo? Y, ¿De qué forma soy yo el centro de tus confusiones? Dímelo, por favor. –le preguntó Adler con algo de asombro, aunque el ya presentía cual sería la respuesta.
Lo eres… porque aunque sé que debo sanar completamente para que tú y yo tengamos la posibilidad de volver a tener una relación, mi corazón, mis sentimientos y mi cuerpo, me gritan que no espere más para entregarme de nuevo a ti, ya que eres el único dueño de mi vida. Sin embargo, está el hecho de que parte de tu familia me odia por ser plebeya, también está el hecho de que soy una mujer marcada tanto física como emocionalmente, pero, aun así, yo no quiero esperar más para ser amada por ti. Es cierto que me cuesta mucho confiar en que no volverás a romperme el corazón, pero… –dijo Gigi llorando, pero no pudo seguir hablando, porque fue silenciada por un suave y tierno beso en los labios dado por el Duque. Al finalizar el significativo beso, ambos juntaron sus frentes y él le dijo:
No te imaginas lo feliz que has hecho a mi corazón, y te doy mi palabra, que tus sentimientos son plenamente correspondidos por mí. No obstante, si bien es cierto que yo quiero amarte, quiero amarte por completo. Quiero ser de nuevo el merecedor, no sólo de tu cuerpo, ni de tu corazón, sino también de toda tu confianza. –y añadiendo esto, el Duque la abrazó profundamente.
Adler soy consciente de que tengo que aprender a confiar completamente en ti, y que quizás eso me lleve algún tiempo, pero ya no puedo seguir resistiéndome a este sentimiento que me está quemando por dentro. –le dijo Gigi con la respiración agitada, debido al profundo abrazo que ambos se habían dado.
Mi niña, hagamos lo siguiente: en este momento tengo que acompañar a padre al Palacio Real para la audiencia con el Rey, pero cuando vuelva, tú y yo tendremos una larga conversación sobre este tema y si aún estás segura de esto, para mí será un honor comenzar a cortejarte poco a poco, enseñarte de nuevo a confiar en mi, porque créeme que lo que más anhela mi alma, es volverte amar con vehemencia y devoción. Pero, necesito que lo pienses muy bien mientras regresó, ¿De acuerdo? –le dijo Adler acariciándole la mejilla.
De acuerdo, lo pensaré bien. Pero, antes de que te vayas, quiero que sepas que aún te amo, que solo me bastó estar aquí un día, para que todo este amor que todavía siento por ti, me golpeara con todas sus fuerzas, haciéndome finalmente reaccionar y darme cuenta, que ya no tengo las fuerzas para resistirme a lo que siento. –le dijo Gigi.
¡Oh Dios! Yo también te amo, te amo tanto que hasta me duele, amor mío. –le respondió el Duque y le besó la frente con amor y devoción. Una vez finalizada semejante muestra de afecto, Adler salió de la habitación sonriente y pensativo.