Gabriela es una adolescente. Quien no gusta mucho de estudiar. Pero un día. recibe una llamada, no sabe de quien se trata. Pues es número desconocido., cuelga pero al día siguiente. Vuelve a recibirla. Esta vez contesta. Escucha una vez. Que pregunta ¿Eres tú? Cada día recibirá la misma llamada e intentará no contestar. O ser lo más cortante posible. Aunque al final. Deja alargar la llamada y descubre algo sorprendente e inmaginable.
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Capítulo 13
Soy Clara Ramos, compañera y amiga de su hija. Decía clara. Mientras sostenía su mochila. La mamá de Gsbriela la observó detenidamente, hasta que..
—¿clara?
—¿Carolina?
—¿qué haces aquí? —hablaron ambas a la vez.
—¿yo? —hablo clara. —yo vine a ver como estaba Gabriela.
—¿pero no es medio día apenas? ¿Te saltaste las clases?
—¡claro que no!! Yo solo pedí permiso para poder salir temprano, eso es todo.
—¿en serio?
—sí. Además, tú no llegaste a clases, el maestro te coloco Inasistencia.
—ah... No importa.
—¿qué?.
—qué no importa, estoy haciendo algo que considero mucho más importante para mí.
—sí. Estar como un perrito fiel al lado de su amo.
—¡Mamá...!
—ja, ja,ja es broma hija.
—... —hizo un puchero.
—¡Aaaah...! —gritó en su mente, mientras se sonrojaba. —bueno... ¿Puedo pasar?
—ah, sí. Claro, pasa. Ella está en su habitación. Carol, por favor llévala a la habitación de Gaby. ¿Sí?
—claro señora. Ven clara.—toma la Mano de clara.
—claro... —sonrojada.
—es simpática la niña. ¿No? —dijo la mamá de Carolina.
—sí. Me alegra mucho saber que mi hija tiene más amigas. Antes solo era Carol, pero ahora hay una nueva integrante más.
—¿ella no es alguien que se hace amiga de cualquiera verdad?
—no, aunque puede tener un montón de amigos si quiere. Pero, ella me ha dicho que prefiere tener menos amigos. Pero con los que puede contar. Qué cientos y no contar con ninguno.
—oh... Pues me alegra que mi hija y la tuya se hayan conocido. Porque ambas se complementan muy bien. Mira a Carol, no pensó en apartarse de ella y cuidarla hasta que estuviera bien sin importar que y Gaby cofia plenamente en ella. Con eso que la estuvo llamando. No quisiera imaginarme el día en que tengan que separarse.
—ni yo, sí. Pero no se lo digas a Carol. Aun en sus delirios llamaba a su mejor amiga. Realmente Sería muy doloroso para mi ver a mí hija llorar por tener que separarse de su mejor amiga y quien es muy importante para ella.
—sí... Oh, oigo risas. Creo que son de ellas tres. ¿Vamos a ver?
—por supuesto.
—bien.
Ambas madres subieron, se acercaron al cuarto de Gabriela, que tenía la puerta abierta. Gabriela estaba sentada mientras Carol la abrazaba y clara estaba sentada al otro lado de la cama. Y se reían de algo. Se veía muy linda la imagen que tenían frente a ellas. Pero aun así. Decidieron entrar y ver que tal estaba la Enferma.
—¿y cómo está la enferma? —pregunto la mamá.
—bien. —quitándose el termómetro de la axila. —ya estoy mucho mejor. —el termómetro marcaba 37.1
—Vamos a ver. Es cierto, eso me alegra hija.
—Oye, ya suelta a la pobre Gaby. La vas a asfixiar si la sigue abrazando así. —dijo la mamá de Carolina
—¡no quiero!
—ja, ja, ja. Me alegra mucho saber que estuviste conmigo en este momento. —dijo Gabriela
—¿cómo no lo iba a estar? Eres mi mejor amiga. No me gustaría estar lejos de ti. Ya te lo dije.
—sí. Lo sé, tampoco a mí me gustaría estarlo de ti.
—awww. —dijeron las madres de ambas.
—SIP, definitivamente será un río si eso pasa. —dijo la mamá de Carolina
—estoy de acuerdo. Ja, ja, ja.
—oigan, este... ¿Se olvidaron de mí?
—no... También agradezco que hayas venido a verme. Significa mucho para mí.
—no es nada. Ahora dile que te suelte.
—ah... No se va a poder.
—¿por qué?
—porque... Me gusta cuando lo hace. Je, je.
—¡lo sabía!
—no me refiero a eso.
—sí, claro.
—aaaah... Tengo hambre. ¿Hay algo de comer?
—claro, hija. Ahora mismo prepararé algo ligero. Para que puedas comer. Sigue descansando.
—sí. Como decía, no es lo que piensas, solo que Carol no lo hace todo el tiempo. Y cuando lo hace es porque realmente está preocupada por mí.
—¿tú ya sabes que ella hace eso?
—sí. Desde la primaria. Cada vez que me caía o me sucedía algo. Era así. Aunque era más llorona.
—¡Oye!
—lo siento.
—pues que bueno que lo sientas. Porque cada vez que eso pasaba era porque tú siempre terminabas lastimándote de formas nada bonitas, como la vez que te caíste de la bicicleta y te golpeaste la cabeza.
-ah, sí. Recuerdo que tenía una bicicleta y la terminé arruinando.
—eso es lo de menos, ¡te rompiste la cabeza!
—ya, ya, no te pongas así. Aquí estoy contigo. ¿No?
—sí... Pero nada de eso hubiera pasado sí no hubieras dicho que querías pedalear sin manos.
—ja, ja, ja, era tremenda en esos tiempos.
—aaah. —suspiro Carolina.
—¿en serio paso? —pregunto Clara.
—sí. Me tuvieron que poner puntos. Pero la recuperación fue muy bien y no siento nada. —dijo Gabriela poniendo la mano en su cabeza.
—ya veo. Ahora entiendo por qué es así de torpe.
—¡oye! ¿A quién le dices torpe?
—pues. A ti.
—¡Ah!!
—después de que terminamos de hablar te quedaste dormida sobre la mesa con la ventana abierta. ¿Verdad?
—... ¿Me viste?
—¡Ah...! ¿¡Es en serio!?
—bueno... Sí.
—aaaah... Tomaré un respiro. —salió del cuarto.
—Ah, Clara, ¿no? —hablo la mamá de Gabriela. —¿pasa algo?
—no, solo voy a tomar un respiro.
—está bien, ten cuidado.
—sí.
Clara salió un rato de la casa y se sentó en la entrada. Mientras ambas madres entraban al cuarto.
—ya volvimos, ¿qué le paso a su amiga? —pregunto la mamá de Carolina.
—nada, solo dijo que iría a tomar un respiro.
—oh... —reaccionaron ambas madres.
—¿y de qué hablaban?
—Ah, de las veces que Carol estuvo pegada a mi cuello.
—¿en serio? Ahora que lo mencionas, lo hizo cuando fue lo del incidente de tu bicicleta y la vez que te picó ese alacrán.
—sí. No creí que hubiera uno entre las cosas que íbamos a tirar.
—y la vez que...
—siguieron recordando esos momentos feos, pero inolvidables, clara regreso y se volvió parte de la conversación. Hasta que llego la hora de irse. Se despidieron. La mamá de Carol se ofreció a dejar a Clara a su casa. Quien se negó al principio. Pero con con un poco de insistencia departe de Carol. Termino aceptando.
Todo transcurrió tranquilo, hasta llegar la hora de la llamada. La cual no tardó en llegar.
—¿qué sucede?
—ya estas mejor de la fiebre ¿Cierto?