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Mi Ángel De La Guarda

Mi Ángel De La Guarda

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:728
Nilai: 5
nombre de autor: Mile Vivero Rudas

Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.

Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.

El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.

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huida

El impacto del cabezazo de Axel contra el demonio resonó como un trueno sordo que hizo vibrar hasta las botellas más altas de la estantería. El ser de cara gris salió despedido, atravesando una mesa de billar y quedando sepultado bajo un montón de madera astillada y fieltro verde. Los clientes del club, aturdidos por el estruendo y esa extraña luz dorada que acababa de estallar ante sus ojos —aunque para ellos solo fue un cortocircuito violento—, empezaron a gritar. Alguien activó la alarma de incendios y el chirrido metálico se sumó al caos, mientras el humo de las máquinas de efectos especiales se mezclaba con el polvo del techo caído.

—¡Eh, tú! ¡Cuidado con el mobiliario! —gritó el dueño del club desde lejos, intentando abrirse paso entre la multitud presa del pánico, pero Axel ya ni lo escuchaba.

Se giró hacia Luciana, que seguía de rodillas tras la barra, procesando el hecho de que el "chico de sus sueños" —el que ella creía una alucinación del hospital— acababa de atravesar una ventana de cristal reforzado y golpear a un monstruo que nadie más parecía ver. Axel le tendió una mano. No era una invitación amable; era una orden silenciosa y urgente. Sus ojos dorados brillaban con una intensidad que recortaba la oscuridad del local.

—Vámonos de aquí, pequeña guerrera. El servicio de habitaciones en este lugar es pésimo y la decoración acaba de pasar de moda —dijo con esa sonrisa de lado que mezclaba un peligro salvaje con una confianza absoluta.

Luciana, con el corazón martilleando contra sus costillas, le tomó la mano. Sus dedos estaban calientes, casi quemaban, y en cuanto hicieron contacto, ella sintió una descarga de energía que le recorrió el brazo, devolviéndole el aliento que el terror le había robado. Axel la levantó de un tirón, su fuerza era desproporcionada para su constitución delgada, y sin soltarla, echó a correr hacia la salida trasera, esquivando taburetes volcados y gente que corría en dirección contraria.

—¡Espera! ¡Mi bolso! ¡El dinero de mi padre! —gritó ella mientras sus piesIes resbalaban en el suelo mojado por las copas derramadas. Pensó en los billetes arrugados que eran su pasaporte a la ciudad, el sacrificio de los turnos dobles de su padre.

—Olvídalo, yo te invito a cenar luego si sobrevivimos a esto —soltó él, saltando sobre la barra con una agilidad de gato y arrastrándola con él en un movimiento fluido—. ¡Abajo!

Justo cuando cruzaban la puerta metálica que daba al callejón, una garra de sombra purulenta rasgó el aire, dejando un surco profundo en el marco de acero justo donde un segundo antes estaba la cabeza de Luciana. El demonio se estaba recomponiendo entre los escombros de la mesa de billar, rugiendo un sonido que hacía que los cristales que quedaban en las ventanas terminaran de estallar.

Salieron al aire frío de la noche. El pueblo estaba extrañamente silencioso, sumido en esa paz sepulcral que precede a las tormentas. Axel no se detuvo; la llevó a rastras por callejones estrechos, saltando charcos de agua estancada y moviéndose con una seguridad pasmosa, como si conociera cada grieta de ese lugar mejor que los que habían nacido allí. Luciana apenas podía seguirle el ritmo, sus pulmones ardían y el frío de la noche le cortaba la cara.

Finalmente, se detuvieron detrás de una vieja iglesia abandonada, cuya torre de piedra se alzaba hacia el cielo gris como un dedo acusador. Axel se detuvo en seco y se apoyó contra la pared húmeda, recuperando el aliento, aunque no parecía realmente cansado; más bien parecía que estaba disfrutando de la adrenalina. Se pasó una mano por su cabello oscuro, intentando acomodar los mechones que se le habían rebelado tras el salto desde el tejado.

—¿Quién eres? —logró jadear Luciana, apoyándose en sus rodillas, intentando que el mundo dejara de dar vueltas—. ¿Qué era esa cosa? ¿Y por qué... por qué brillas cuando pegas? ¿Y por qué estás aquí otra vez?

Axel se enderezó y la miró fijamente. La burla en sus ojos se suavizó apenas un ápice, dejando ver algo más profundo, algo antiguo y protector.

—Me llamo Axel, aunque eso ya te lo había dicho desde el hospital, ¿no? —Dijo, dando un paso hacia ella. El olor a ozono y lluvia que lo rodeaba se hizo más fuerte—. Y esa cosa... digamos que era un cobrador de deudas del Séptimo Círculo que no tiene muy buenos modales. Pero escucha, Luciana, lo del club fue solo un aviso. Saben que puedes verlos. Saben que tu don está despertando y que eres la única que puede encontrar al que realmente importa.

Luciana se abrazó a sí misma, temblando violentamente, no solo por el frío, sino por la magnitud de lo que estaba escuchando.

—Yo solo quiero irme a la ciudad con mi padre. Solo quiero una vida normal, estudiar, que él deje de matarse trabajando...

Axel soltó un suspiro pesado y se acercó, quedando a pocos centímetros de ella. El calor que desprendía su cuerpo era lo único que la mantenía cuerda en ese momento.

—Normal ya no está en el menú, pequeña guerrera. Tu padre está agotando su propia alma para sacarte de aquí, y esa debilidad es como un faro para los que buscan alimentarse. Si quieres que él llegue vivo a esa ciudad, vas a tener que confiar en mí. Soy el ángel más irresponsable, sarcástico y problemático que el Cielo pudo enviarte... pero soy el único que va a evitar que esa sombra te devore.

En ese momento, Axel le confesó lo que más temía: el cansancio de su padre no era solo físico. El demonio del club no estaba allí por casualidad; estaba usando la fatiga del hombre para rastrear a Luciana. Cada hora extra que su padre trabajaba, lo volvía más transparente para las sombras

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Viviana Ranieri
Esto se está poniendo cada vez mejor!!Ya me estoy comiendo las uñas esperando la actualización. Por favor no tardes demasiado!!! Quiero seguir teniendo uñas🤣🤣🤣🤣🤭
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