Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 13 Lady Maisie
—¡¿Estás loca?! —gritó Fridda hacia Victoria. —Si sigues hablandole así a Lord Duncan, harás que nos maten a las dos.
—No voy a dejar que me intimide. —se defendió Victoria.
—Por favor Victoria, tienes que entender que no estamos en nuestro siglo, aquí las cosas son diferentes.
—Lo sé, pero igual no voy a dejar que me hable como quiera.
Fridda se pasó las manos por la cara con desespero. —Nos va a mandar a decapitar y tendrá razón en hacerlo.
—¿Ahora te pones de su lado? —Victoria arqueo su perfecta ceja.
—No, solo estoy tratando de salir con vida de este lugar.
—¿Y si nunca salimos? Existe la posibilidad de que nos quedemos encerradas en este tiempo. —Por un momento quiso llorar pero se recuperó. —¿Tendremos que resignarnos a ser sirvientas de un déspota?
—Quiero pensar que eso no va a pasar. —Respondió Fridda también afectada. —Necesito creer que volveré a mi vida normal y para eso necesito sobrevivir.
Victoria entendió que estaba complicando las cosas para ambas, debía calmarse o esto terminaría mal para las dos.
—Lo siento, de verdad lo siento. —Ella abrazó a Fridda. —Trataré de controlarme, callarme y amarrarme si es necesario.
—Ahora no me parece tan mala idea que Lord Duncan te corte la lengua. —sonrió Fridda.
—¡Hey! —sonrió Victoria, soltando a su amiga. —Terminemos con esto y vayamos a comer, muero de hambre.
POV Duncan
—¿Quién se cree que es para venir cada vez que quiere a interrumpir mis labores? —Duncan iba refunfuñando todo el camino.
—Tu futura prometida, se espera que el compromiso entre ustedes sea anunciado pronto. —Le recordó Rory. —Ese fue el acuerdo con su padre.
—Y me arrepiento, cada vez que hace cosas como estas, me hace querer retractarme.
—Eso te haría quedar muy mal.
—Creo que fuiste tú quien me dijo que lo hiciera. —Le recordó Duncan a su amigo.
—Y te apoyaré si decides hacerlo, pero eso no impedirá que quedes mal. —Rory tenía un punto.
—Gracias, me gusta tu honestidad.
Duncan lo dejó atrás y entró al salón donde Maisie estaba esperando.
—Lord MacIver, que bueno verlo. —Saludó melosa, enroscandose su cobrizo cabello en los dedos. —Gracias por recibirme.
—Es un gusto tenerla aquí, Lady Cameron. —Respondió Duncan con educación. —¿A qué debo el honor?
La joven sonrió con coquetería. —Solo quería ver cómo estaba todo por aquí.
A Duncan lo irritó esa respuesta, dejaba en evidencia lo hostigante que era la joven Maisie.
—Lamento no tener suficiente tiempo para atenderte como lo mereces. —Duncan le dió una sonrisa falsa. —Como Lord, tengo muchas responsabilidades que cumplir en mi día a día.
—¿Me estás corriendo? —Maisie puso su mano en el pecho ante el asombro.
—Por su puesto que no, mi Lady, solo estoy tratando de decirle que hoy tengo un día muy ocupado.
—¡Oh! Lamento haber sido inoportuna, creo que debí haber avisado antes de venir. —su rostro abatido.
—Sería lo más correcto.
—Supongo, que podemos tomar desayuno juntos y luego me iré. —Maisie esperaba que Duncan la detuviera pero no fué así.
—De acuerdo, haré que nos sirvan aquí. —Duncan se levantó para dar la orden.
Mientras esperaban, Maisie hablaba sin parar, Duncan solo fingía escucharla. Era una auténtica pesadilla, y pensar que pronto tendría que soportarla todos los días.
Por fortuna tocaron a la puerta, Rory necesitaba a Duncan con urgencia.
—Lamento interrumpir, no lo haría si no fuera necesario. —Se disculpó.
—Enseguida regreso, Lady Maisie. —Duncan también se disculpó y salió detrás de Rory.
Unos pocos minutos después entró Victoria cargada con una enorme bandeja.
Maisie no pudo evitar poner sus ojos en ella, le pareció una mujer bonita y delicada, no parecía del servicio. Sus alarmas se encendieron.
—¿Eres nueva en el castillo? No te había visto antes. —Preguntó sin poder evitarlo.
—Lo soy, mi Lady. —Respondió Victoria.
—¿De dónde viniste? —continuó el interrogatorio.
—De Londres.
Maisie la miró sorprendida. —¿Por qué?
Ya cansada de esto, Victoria decidió cortarlo. —Con todo respeto mi Lady, esas preguntas ya se las respondí a Lord Duncan.
—Pero yo soy su prometida, así que debes responder lo que yo quiera saber. —dijo Maisie subiendo el tono.
Victoria se quería morder la lengua... —Cuando sea su esposa, entonces me interroga. —No lo logró.
El rostro de Maisie se puso rojo, no iba a tolerarlo.
Tiró la mesa donde Victoria había servido el desayuno, desparramando todo por el piso y causando un estruendo al romper los platos.
Victoria se quedó atonita ante aquella acción y aún más cuando la tomó del brazo lanzandola con furia al suelo, provocandole un corte profundo en la mano izquierda.
Duncan entró alarmado a la habitación, no estaba muy lejos cuando escuchó todo ese ruido.
—¿Qué pasó aquí? —Preguntó mirando entre ambas mujeres pero su vista se quedó fija en la sangre que brotaba de la mano de Victoria.
–Duncan, esa mujer es una grosera. Solo le pedí pan recién horneado porque el que trajo estaba viejo y por eso echó todo al suelo.
La prometida del Lord era una verdadera arpía, pensó Victoria.
—¿Es eso cierto? —preguntó Duncan a Victoria, mientras le dirigía una mirada helada.
Ella decidió no hablar, esta vez no quería empeorar aún más las cosas que ya estaban bastante mal para ella.
—No puedo creer que dudes de mi palabra. — Maisie arrugó la cara con falsa tristeza.
—Lady Maisie, creo que es mejor que se vaya. —le dijo el Lord con voz fría. Luego se acercó a Victoria.
Maisie abrió la boca con asombro ante aquella absurda petición, se sentía insultada y no se quedaría más tiempo para seguir siendo mal tratada.
Duncan inspeccionó la herida de Victoria, se veía serio, así que con cuidado la ayudó a levantarse.
—Necesitas atención en esa herida. Ven, sientate aquí. —la hizo sentarse en una silla.
Victoria hizo caso, pues sentía mucho dolor. Lágrimas rodaban por su mejilla aunque intentó ocultarlas.
Se sentía humillada y sorprendida a la misma vez de que Lord Duncan no le hubiese gritado que iba a ejecutarla por molestar a su prometida.