Lucia tiene que vivir bajo el odio de su propia familia sin saber el porqué, toda su vida ha sido así. En la escuela conoce a Liam, un chico que parece interesarse en ella, pero para su sorpresa, Fernanda, la hermana de Lucia, está enamora de Liam, lo que causara mayores problemas para Lucia…
NovelToon tiene autorización de Romina Lourdes Escobar Villamar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
ME ESTA BESANDO
Después de que Jeremy me ofreciera una camiseta para cambiarme —esa sonrisa suya tan dulce me desconcertó un poco—, caminé en dirección a un árbol algo retirado. El lugar parecía tranquilo, sin nadie a la vista. Me aseguré de mirar a todos lados. Nadie. Perfecto. Me quité la blusa rápido, con el corazón latiendo un poco más fuerte de lo normal.
Mientras me la quitaba, noté que tenía restos de fruta pegados entre mis senos. Al parecer, cuando Fernanda me lanzó aquella malteada, también había frutas. Fruncí el ceño, molesta conmigo misma por no haberlo notado antes. Me limpié con cuidado por encima del sostén, apurada, intentando no manchar más la piel. Cuando terminé, noté unas semillitas atoradas entre la tela y decidí quitarme el brasier también.
Fue justo entonces cuando un carraspeo me sacó del cuerpo. Me giré en seco, grité sin pensarlo... y ahí estaba él. ¡Liam! El amigo de Jeremy. ¡¿Pero qué hace aquí?! Me invadió el pánico.
—¡¿Luci, estás bien?! ¿Por qué gritaste? —gritó Jeremy a lo lejos.
Liam me hacía señas como si nada, como si no acabara de interrumpir un momento íntimo mío.
—Sí, sí... solo era un bicho. Ya voy, no se preocupen...
Miré a Liam con cara de pocos amigos.
—¿Tú qué haces aquí? ¡Date la vuelta!
—Yo debería preguntar eso... ¿qué haces quitándote la ropa aquí?
—Jeremy me prestó su camiseta. La mía está sucia... ¡¡Ya date la vuelta, idiota!!
Cuando por fin se dio la vuelta, me puse el brasier lo más rápido que pude. Justo cuando iba a ponerme la camiseta de Jeremy, sentí cómo alguien me sujetaba del brazo con fuerza y me empujaba contra el árbol.
¡Liam!
Me atrapó entre sus brazos y el tronco áspero, haciendo chocar nuestros cuerpos. Antes de que pudiera decir nada, sus labios estaban sobre los míos.
¡Me estaba besando!
Tardé unos segundos en reaccionar. Pero cuando su aliento a menta me envolvió, mi corazón se aceleró. Su beso... sabía tan bien. Era cálido, posesivo... adictivo.
Justo cuando estaba a punto de separarse por la falta de aire, lo mordí. Sí, lo mordí. ¡Con fuerza! Un sabor metálico se escurrió entre nosotros. Le había sacado sangre.
—No vuelvas a besarme... ni a tocarme... ¿oíste?
Mentiría si dijera que no me gustó. Pero jamás lo admitiré. Ni loca. Me puse la camiseta de Jeremy a toda prisa, agarré la mía manchada, y me marché dejándolo furioso, desconcertado... y sangrando.
Cuando regresé con los chicos, respiré profundo y puse mi mejor cara.
—Listo chicos, gracias por todo. Jeremy, perdón por meterte en problemas. Entiendo si no quieres seguir siendo mi amigo.
—No te preocupes, mi pequeña Luci. No por eso dejaré de ser tu amigo. Siempre podrás contar conmigo, pase lo que pase.
—Me alegra tanto escuchar eso. Seremos muy buenos amigos... Abby, me voy a casa. Ya perdí una hora de clase y, sinceramente, no estoy de humor para quedarme.
—Vamos, igual tampoco tengo ganas de estar aquí. Mamá me dijo que apenas saliera me fuera a casa. Así que no podré acompañarte. Jeremy, ¿puedes llevarla tú?
—Claro, no hay problema.
Durante el camino, hablamos poco pero con tranquilidad. Él intentaba hacerme reír, y lo estaba logrando. Antes de bajarme del auto, recordé algo importante.
—Mira, Jere. Te dejo mi número. Escuché que no tenías celular. Espero que consigas uno pronto.
—No te preocupes. Hoy mismo compraré uno, y te agregaré como mi pequeña. ¿Te parece?
—Está bien... si eso te hace feliz, no tengo problema.
El auto se detuvo. Ya habíamos llegado a mi casa. Me giré para mirarlo una última vez.
—Llegamos. Cuídate, pequeña Luci.
—Gracias por traerme, Jere. Tú también cuídate.
Lo observé alejarse en su coche mientras una extraña calidez crecía en mi pecho. No supe si era alivio, gratitud... o tal vez, solo tal vez, el inicio de algo más.
Entré a mi casa con el corazón desordenado, y la mente repitiendo ese beso... ese maldito beso.