¿Alguna vez te ha gustado tanto una persona que no puedes aguantar las ganas de verla y la tienes presente en tu mente todo el día?
Ese es el caso de Amanda. Desde que conoció a Mauricio; personal de mantenimiento en su casa, quedó flechada instantáneamente con su voluptuoso cuerpo y forma de ser. No obstante, tratará de conquistarlo cueste lo que le cueste. Pero muchas veces no todo lo que se quiere se puede tener... ¿O tal vez sí?
¿Será que su amor será correspondido algún día?
¿A qué se deberá enfrentar Amanda para ganar su corazón?
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—¿Por qué me miras así? Se te saldrán los ojos como un pescado.
—Como que me ha dado un fuerte retorcijón — me levanto de la silla disimuladamente, tratando de guardar la calma—. Tengo que usar el trono. Ya vengo — tan pronto doy la espalda, salgo corriendo como Forrest al cuarto.
A la bestia. No puedo creerlo. ¿Realmente he sido tan obvia? Bueno, es que quién podría disimular con alguien así. ¿Ella sabía sobre esto y aun así prefirió quedarse callada y observarme? Incluso me dejó sola en la casa con él. ¿Es que acaso está de acuerdo en que me guste? ¿Significa que si logro atar a mi panzón, podré estar con él sin el mismo drama que escribo en mis novelas? Espera, ¿y cómo dio ella con mi página? No, espera, eso no es lo peor. ¿Acaso ya sabe lo que ocurrió en la casita ese día? Esto es peor de lo que pensé. Camino de un lado para otro, en busca de una solución, pero mi cabeza está llena de Mauricio.
—¿No dijiste que irías al baño? — escucho la voz de mi madre y tengo la sensación de que los intestinos se me suben de lleno a la garganta.
—Esto es acoso. Solo vine a buscar mi teléfono — cuando paso por su lado, agarra mi oreja y chillo—. Mamá, eso duele. Vas a arrancarme el oído.
—Y la lengua si no me cuentas — me suelta para cerrar la puerta de la habitación.
—No tienes que ponerte tan agresiva.
—Entonces ve aflojando.
—¿Cómo pudiste darte cuenta?
—No sabes disimular, eres igual a tu padre. Además, no te culpo. Cuando tuve tu edad, hacía lo mismo con tu papá. El punto es que, no es difícil darse cuenta. Te la pasas babeando y con una sonrisa de retrasada.
—¿No es la misma que dices que siempre tengo?
—Sí, pero no, esta es mucho más notoria.
—Gracias por lo que me toca.
—¿Te le confesaste?
—Sí.
—¿Y qué te dijo?
—Que no quiere casarse porque ya estuvo casado. Obviamente siempre me ha visto como una niña inmadura y todavía no entro a su lista.
—Si no has entrado en su lista luego de haber roto la pata de la mesa de la casita, significa que te hace falta práctica.
Mi cara quería caerse de la vergüenza.
—Lo siento, mamá.
—¿Y tú por qué te estás disculpando, pendeja? A un hombre con experiencia como Mauricio se le debe arrojar una soga por el cuello, saber treparlo y domarlo como si se tratara de un caballo salvaje.
—Sí, como si me lo hubiera permitido. Ese hombre casi me deja en un sillón de ruedas. ¿Has visto a esa máquina? En las circunstancias que estuvimos, no tuve oportunidad ni de recuperar el aliento.
—Novata.
—Claro, como a ti no fue a la que estiraron como goma de mascar. Jamás me habían convertido en un columpio.
—¿Columpio? ¿Y cómo es eso? — pregunta curiosa.
—Me dejaron como la W de Wisin.
—Jamás había escuchado eso. Debiste ser más específica en el relato, porque realmente no entendí esa parte. Eso explicaría el dolor de cuello y espalda que tengo.
—¿Lo intentaste?
—No me estés cambiando el tema, jovencita.
—¿Tú estarías de acuerdo en que Mauricio y yo tengamos algo? Cuando digo algo, me refiero a una relación seria, mamá.
—Bueno, Mauricio es un hombre maduro, honesto, trabajador, responsable y, aunque tiene una hija, eso no debe cambiar nada. Para que te fijes en cualquier pelagato de por ahí, mejor que sea con él. Eso sí, ¿estás consciente de la responsabilidad que te echas al cuello? No solo se trata de él, sino también de su hija.
—Sí, estoy consciente de eso. Por esa misma razón quiero independizarme, demostrarle que soy una adulta, capaz de asumir una responsabilidad de ese calibre.
—¿También estás dispuesta a aceptar el hecho de que si la madre de esa niña quiere hacerse presente en su vida, tú no puedes prohibirle que lo haga?
No había pensado en eso. Aunque Mauricio dijo que no sabía de ella y la estaba criando solo.
—Tengo entendido que la madre casi nunca ha estado presente en la vida de la niña, pero uno nunca sabe.
—¿Tú sabes sobre eso, mamá?
—No mucho.
—¿Crees que ella podría aparecer?
—No lo sé, hay mujeres capaces de usar a sus hijos como métodos dañinos para estropear a sus exparejas o incluso para regresar con ellas, como si se tratara de alguna especie de amarre. No sé si ese sea el caso, pero no puedes descartar esa posibilidad y prepararte mentalmente.
—¿Y si es que esa mujer todavía está en el corazón de Mauricio? Eso explicaría el hecho de que no quiere casarse de nuevo. Tal vez guarda alguna esperanza. Yo tendría mucho que perder y nada que hacer, ya que ellos tienen una hija juntos.
—Eso solo te lo puede aclarar él.
—Ahora no es el momento, ya que aún no hay la suficiente confianza o interés de su parte, como para hacerle esa pregunta. Supongo que debo esforzarme más y darlo todo ahora que tengo planes de independizarme.
—No te preocupes por nada. Te conozco lo suficiente como para saber que no eres del tipo de mujer de darse por vencida fácilmente. Solo puedo desearte mucha suerte en este viaje que estás por emprender. Sabes que siempre nos tendrás a tu padre y a mí para apoyarte y ayudarte. No dudes en pedirnos ayuda si la necesitas.
—Gracias, mamá — nos abrazamos y permanecimos así por un largo rato.
—No te olvides de ponerte una malla allá abajo y no vayas a quedar embarazada todavía.
—Tranquila, mamá.