Perdí la cabeza el día que me enamoré de un playboy bastante atractivo que me arrastró a su pasado doloroso.
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CAPÍTULO 12: UNA PAREJA FELÍZ
LESLIE
Ya me había acostumbrado a despertar después de las ocho de la mañana, me costaba mucho trabajo levantarme antes para ir al colegio. Nadie había llegado aún y Leo se preparaba para su nuevo trabajo, me dio mucho gusto ir a estudiar con un beso de mi amado. El camino se me hizo corto pensando en su hermosa sonrisa. Con ese recuerdo podía cursar el día con alegría.
—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó Cecilia cuando me encontré con ella en la entrada del instituto.
—Por que estoy enamorada.
—¿De verdad? ¿De quién? ¿Es de nuestra clase? No creo porque recién entraste, pero existe la posibilidad de que sea amor a primera vista.
—No es de nuestra clase, y tampoco asiste al instituto. Él es un hombre mayor que yo.
—¿Mayor qué tú?
—Sí, mucho mayor. Pero está guapísimo y me ama tanto como yo a él.
—¡Vaya! Que suerte tienes, yo estoy soltera gracias a la ridícula de Astrid. Cada vez que un compañero se interesaba en mí, ella lo amenazaba. No sé por qué la miran como si fuera una autoridad con el derecho de arruinar la vida de alguien más. Gracias a ti, ya no me siento tan sola.
—¿Por qué te molesta?
—Porque hablé mal de ella con su novio, sin querer escuchó y desde entonces me odia. Por mi culpa terminaron por un largo rato, pero no sé de qué se queja sí él volvió a su lado. Astrid y yo éramos buenas amigas antes de eso.
—¿Por qué hiciste una cosa así?
—Te invito a comer a mi casa y te cuento, ya van a empezar las clases.
—Me parece estupendo.
Las clases iban de maravilla hasta que inició deportes. Todos los grupos de tercero tomaban la clase juntos y la ridícula de Astrid no tardo en comenzar a joder.
—¿Qué tenemos aquí? Son la nerd y la plana —dijo Astrid.
—Más te vale que no me busques porque no te va a gustar nada si me encuentras —le dije molesta.
—Pensé que tenías agallas, pero solo tienes una gran boca. Una chica sin chiste como tú no tiene otra opción más que ser escandalosa.
—Te lo advertí —levanté mi puño y estaba dispuesta a embarrarlo sobre su cara artificial.
—¡No lo hagas! —gritó Cecilia.
—¿Qué te pasa? ¿Quieres ser expulsada? Acabas de entrar y ya estás buscando problemas —dijo el estúpido novio de Astrid..—Tú no te metas, esa bruja se lo merece —replique muy enojada.
—Ve a clase, bebé. Yo voy a solucionar esta situación, te prometo que les voy a dejar bien claro que nadie te pone un dedo encima —dijo el galán a su espantosa novia.
Astrid sonrió satisfecha, se dio la vuelta y se incorporó al equipo de básquet.
—¿Qué piensas hacer, imbécil? ¿Piensas golpear a una mujer? Te voy a partir tu rostro de muñeco antes de que me pongas un dedo encima, y después, mi novio vendrá y terminará lo que yo empecé.
—¿Golpearte? No soy un cobarde, simplemente te ayudaba a no ser expulsada. Además, es una lástima escuchar que tienes novio —sonrió y corrió tras Astrid.
—¿Quién es ese imbécil? —le pregunté a Cecilia.
—Él es Iskander, y al parecer le gustas.
—No digas tonterías, mejor vamos a continuar con la clase.
Ese tal Iskander no era más que un cabeza hueca, igual que su espantosa novia.
La hora de la salida llegó, Jason ya me esperaba afuera.
—¿Vamos a mi casa? —preguntó Cecilia.
—Primero deja ver si mi hermano me da permiso.
—¿Quién es tu hermano?
—Es el chico con la camisa azul.
—¡Es hermoso!
—Vamos, te lo presento.
Ambas caminamos hacia Jason. Presenté a Cecilia y solicité permiso para comer en su casa. Mi hermano no puso objeción y nos acompañó hasta el auto de su madre. Yo subí al auto mientras Jason cruzaba unas cuantas palabras con la madre de Cecilia. Bajé la ventanilla para decir adiós.
Saludé a la señora que me sonrió con amabilidad.
La casa de Cecilia era muy grande y bonita, me recordaba aquellos días cuando tenía una família completa. La comida hecha por su madre era más que deliciosa, sabía a hogar.
—Vamos a mi habitación.
—Sí, vamos.
Ceci me mostró su habitación, era hermosa, como la de una princesa. Hicimos la tarea, dibujamos un rato y después salimos para el jardín.
—Hace tanto que no me divertía tanto, gracias por ser mi amiga.
—Ni lo digas, eres una chica increíble. Tonto todo aquél que se lo pierde.
—¿Qué hacen, niñas?
Iskander apareció de pronto, con esa sonrisa estúpida.
—¿Qué haces aquí? —pregunté sorprendida.
—Esta es mi casa, ¿tú qué haces aquí?
—Iskander es mi hermano —comentó Cecilia.
—¿Tu hermano? ¿Qué es esto? ¿Por qué no me dijiste nada?
—Te lo iba a decir, solo que no encontré un buen momento. Él y yo somos gemelos.
—Mirándo bien, sí se parecen. No me lo esperaba. Ahora creo que es aún más imbécil de lo que parece.
—¿Por qué me insultas?
—¿Cómo te atreves a permitir que Ceci viva un infierno en el colegio? ¡Vaya hermano! Sí eres un cobarde.
—No lo soy, volví con ella para evitar que le hiciera aún más la vida imposible. Honestamente, ya me estoy cansando de ella. No sabe hablar de otra cosa más que de sí misma. Ya no la soporto.
—Ese no es mi problema, te advierto que si nos sigue molestándo, juro que le parto la cara.
—Eres muy agresiva, supongo que no tienes hermanas o eres hija única.
—No tengo hermanas y tampoco soy hija única, no sé que tenga que ver eso. Sobre advertencia no hay engaño.
—Me encanta ver como arrugas la nariz mientras te enojas.
—¡¿Qué dices?!
—Te pusiste toda roja, te gustó mi cumplido. Al menos me alegra ver que no eres tan indiferente como pensé —sonrió y se dio la vuelta para entrar a la casa.
—¿Qué le pasa a tu hermano?
—Te dije que le gustabas.
—Mentira.
—Es verdad, él me lo dijo. Le gusta tu carácter fuerte.
—Tu hermano es un tonto.
Ya se hacía tarde y tenía que volver a casa. La madre de Cecilia se ofreció a llevarme de vuelta.
Al llegar a casa, me sorprendió mucho ver a todos afuera del edificio. Miraban atentos hacia la puerta, como si algo hubiera ocurrido.
Bajé de la camioneta, Ceci y su madre bajaron conmigo. Ambas estaban preocupadas por el tumulto de gente que había alrededor del edificio.
Caminé entre los vecinos tratando de ubicar a mi hermano.
Los brazos fuertes de un hombre me rodearon la cintura inesperadamente, provocando que me asustara.
—¿Dónde estabas, mi amor? —preguntó el imprudente de Damián.
—Él es tu novio? —preguntó Ceci.
—No, él es mi hermano.
—Ah.
—¿Él también es tu hermano? —preguntó la madre de Ceci.
—Sí, señora muchas gracias por traerme.
—¿Todo está bien?
—Sí, señora. Hubo un pequeño incendio a causa de un corto circuito. Nadie salió herido, no se preocupe. Yo me hago cargo de ella —aseguró Damián.
—Entonces nos vamos.
—Hasta luego, gracias por todo —me despedí de Ceci y de su mamá.
—¿En qué departamento fue?
—En el número seis.
—¿Dónde está Jason?
—Ellos están al frente, vamos —tomó mi mano y avanzamos entre los vecinos.
La entrada del edificio desprendía un olor a quemado. La gente estaba mirando atenta a los bomberos que entraban y salían.
—Ya volviste, ¿por qué no me llamaste? Hubiera ido por ti.
—La mamá de Ceci me trajo, ¿qué pasó aquí? No parece algo sencillo.
—En uno de los departamentos hubo un corto circuito cuando una señora enchufó un cable. No tenemos luz y nos obligaron a evacuar el edificio. Nadie salió herido, pero los daños al departamento y al departamento contiguo parecen ser ostentosos.
—Ya veo, menos mal que nadie salió herido. ¿Donde está Leo?
—Se alejó un poco, no quería que Lucas inhalara el humo.
Poco después nos permitieron el acceso al edificio, los bomberos se retiraron. El portero anunció que el servicio de la luz tardaría unos días en ser restablecido. Tenían que checar todo el cableado para evitar otro incidente similar.
Jason, Jorge y Damián tenían que ir al trabajo. Entramos al edificio corriendo, alumbrando los escalones con el teléfono.
—Me preocupa dejarte sola y sin luz.
—No te preocupes, hermano. Me encierro en nuestra habitación y me voy a dormir temprano.
—Está bien, cualquier cosa me llamas.
—Gracias, ve con cuidado.
—Si quieres me llevo tu teléfono para ponerlo a cargar en el club.
—No te preocupes, aún tiene bastante batería.
—¿Segura?
—Sí, ve que se hace tarde.
No podía darle el teléfono a mi hermano, no había eliminado los textos de Leo. Si por casualidad llegara a verlo, todo terminaría en ese momento.
La soledad y la oscuridad me asustaron un poco. Más bien, mucho. Nunca había estdo sola en una situación similar, el departamento comenzó a verse como el escenario de alguna película de horror.
Salí a la sala para buscar algo de agua antes de ir a dormir.
Gracias a dios, Leo iba llegando con Lucas.
—Que bueno que volviste, tenía mucho miedo.
—No te asustes, Lucas y yo te vamos a hacer compañía. Por cierto, ¿dónde estabas? Supe que habías salido con otro chico.
—No es verdad, salí con una amiga. Más bien, fui a casa de una amiga para hacer un trabajo de la escuela.
—No te creo, dime quién es él.
—Lo juro.
—Es broma, no pongas esa cara.
—Tonto.
—Vamos a mi habitación, acompañame mientras duermo a Lucas.
Entramos a su habitación, Leo recostó a Lucas sobre su cama. Yo me acomodé en la pared y Leo a la orilla. Parecíamos una pareja feliz teniendo un buen rato con nuestro pequeño hijo.
Ambos acariciamos a Lucas hasta que, sin querer, los tres terminamos durmiendo juntos.