Dos años pasaron y finalmente los Guardianes se volvieron a reunir luego de todo este tiempo.
*Segunda parte de Guardianes de la Luna: Reliquias de Selene
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Capítulo 11: La incógnita de las rosas negras...
AERYN
Al volver a Luna Sangrienta devolvimos el anillo a su ala correspondiente la cual había sido remodelada y reforzada con sellos y encantamientos que me hicieron doler la cabeza con solo verlos.
Llegué a mi habitación con Leif a mi lado, desde que regresamos de la Manada Luna de Cristal este lobo travieso se negó a dejarme sola, por lo tanto, me fue asignado como mi protector, al entrar a mi habitación, respiré aliviada al ver que afortunadamente Selene no estaba.
Así que fui al estante donde escondía las rosas negras y saqué todos y cada uno de los frascos. Los puse sobre la cama. Comencé a preguntarme por qué después de dos años aún sentía que estas rosas negras eran la clave para las tantas preguntas que mi mente ha formulado desde el momento en que recibí la primera rosa.
Las devolví en su sitio. No quería seguirme atormentando con preguntas sin responder. Solté un largo suspiro cargado de un cansancio que desde hace tiempo que no sentía.
Apenas las dejé en su lugar. Selene llegó bostezando. Al verme se mostró sorprendida, pero no del todo.
—¿Qué tal te fue?—Preguntó sentándose en la orilla de su cama. Y luego su mirada se desvió hacia Leif quien estaba sentado a lado de mi cama. Lo miró con asombro y espanto al mismo tiempo—. ¿Qué hace este lobo aquí?—Le platiqué lo que pasó y ella asintió con un miedo a Leif que solo hizo que retrocediera un poco—¿Qué pasó? ¿Recuperaron el anillo?—Preguntó cambiando el tema.
—Recuperamos el anillo, pero...
—¿Pero qué?—Preguntó sería.
—Pero... descubrimos que quien robó el anillo fue la gente de Cedric—Soltó un suspiro y negó con la cabeza un par de veces.
—¿Fue él?—Preguntó.
—Es muy posible. La Luna Ayla lo identificó.
—Ya no es solo un desertor. Ahora es un criminal—Estuve de acuerdo. No había manera o forma de negarlo.
—Lo sé—Respondí manteniendo mi voz firme.
—Tienes ese mismo tono de cuando ese imbécil se largó tras pelear contra ti. ¿Qué estás escondiendo?—Preguntó muy seria. Mirándome directamente a los ojos.
—No estoy escondiendo nada—Respondí con tranquilidad. Debía esconder mejor esas rosas.
—Aeryn—Me habló con un tono más serio—, te conozco desde hace más de dos años y sé que algo está pasando. Dime qué está pasando.
—No sucede nada—Me miró sin creerme. Pero ya no preguntó más.
—Bueno, dejando de lado eso—Señaló a Leif quien estaba acostado a lado de mi cama mirándome con cara de cachorro—, ¿por qué está aquí realmente este lobo?
—Su nombre es Leif. Y él era el lobo de Dmitri. Desde que me volvió a ver no se ha separado de mí. Y entonces Tinasha lo nombró mi protector—Selene asintió. Leif gruñó. Y ella se asustó un poco.
—¿Era de Dmitri?—Preguntó. Asentí—Es increíble...
—No te preocupes. Es muy tranquilo.
—No me preocupa eso, lo que me preocupa es cómo lo mantendremos dentro de esta diminuta habitación por la noche—Sonreí acariciando a Leif.
—No hay de qué preocuparse, Leif me sigue a todos lados. Así que estará conmigo en cada misión, entrenamiento y clases.
—No me quiero imaginar la cara de todos cuando lo vean entrar al salón de clases contigo—Murmuró. Leif gruñó, de nuevo—. Definitivamente, es como Dmitri por todo gruñe—. Me reí y Leif gruñó por lo bajo—En fin, mañana tengo una misión. No estaré aquí hasta dentro de una semana.
—¿A dónde irán?—Pregunté.
—Iremos con Cecilia a Malasia. Un idiota robó el talismán de la princesa Layla—Me explicó dejándose caer en la cama—. Y por lo que sabemos ese ladrón está teniendo problemas para contener el poder del talismán.
—¿Qué problemas?—Pregunté.
—Solo puedo decir que desde que ese ladrón robó ese talismán habido terremotos constantes en Malasia. Y ahora los Guardianes de ese talismán nos están pidiendo ayuda. E iremos para saber más detalles y recuperar ese talismán.
Asentí escuchando sus palabras. Lo cual me hizo dar cuenta de que ella estaba escondiendo información que posiblemente no debía revelar. Lo cual no era raro, ya que ambas éramos Guardianas de tercer grado.
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A la mañana siguiente Selene se fue a Malasia con su equipo. Me quedé sola en mi habitación con Leif quien al verme despierta puso su cabeza en la orilla de la cama. Sonreí y lo acaricié detrás de las orejas. Ronroneó. Estaba contento de estar conmigo.
—No te preocupes encontraremos a ese tonto—Leif solo me miró y se quedó conmigo el resto del día.
Estando en clases todos estaban asustados por el tamaño de Leif, pero algunos entendieron que él estaba conmigo por mi seguridad y consuelo.
—¿Cuánto tiempo estará contigo?—Me preguntó Jayden mirando a Leif caminando a mi lado—. Todos le tienen terror, es como ver a Dmitri contigo, pero en versión lobo blanco.
Sonreí.
—Según me explicaron, Leif permanecerá a mi lado por el resto de mi vida, ya que Dmitri es mi Mate y como Leif es su compañero de batalla y Guardián, este como tal también me protege a mí.
—¿Estará contigo por el resto de tu vida?—Asentí.
—Ahora Leif es mi Guardián y compañero de batalla—Jayden sonrió—. ¿Por qué sonríes?
—Por nada...—Murmuró.
No me convenció su respuesta. Pero ya no seguí preguntando. No quería saber la respuesta.
—Vamos, tienes clase con Alisa—Hizo una mueca.
—¿Y tú?—Me preguntó.
—Yo debo ir al hospital a revisar a unos pacientes—Arqueó una ceja.
—¿Pacientes?—Asentí.
—Sí, debo ir a verlos y después tengo que ir a ver a Tinasha.
—¿Por qué?—Me preguntó.
—No me dijo, pero creo que es importante. No dio detalles.
Jayden siguió su camino mientras yo iba en dirección al hospital con Leif a mi lado. Solo esperaba que lo que me tuviera que decir Tinasha no fuera grave.
A mitad del camino vi algo en una de las bancas de piedra. Leif se adelantó y fui tras él. Al llegar vi que se trataba de una rosa negra. Otra rosa. Había sido dejada allí, a la vista de cualquier persona que pudiera pasar por casualidad. Era raro, muy raro.
Y eso me hizo cuestionarme sobre la identidad de la persona que me estaba dejando las rosas, ya que las veinticinco que tenía todas habían llegado a mi habitación sin previo aviso. Sin darme cuenta. Entonces supe que esa persona estaba tratando de despistarme sobre la verdadera identidad de la persona que me había estado dejando las rosas desde hace dos años.
La tomé con cuidado. Y entonces mi Akasha se activó. Vi la figura de una persona encapuchada. No logré ver su rostro, solo se inclinó para dejar la rosa en la banca y se fue.
Abrí los ojos. El leve chillido de Leif me trajo a la realidad. Sonreí y lo acaricié.
—Estoy bien, vamos—Guardé la rosa en un frasco. Ahora tenía veintiseis rosas negras. Guardé el frasco en mi mochila y me fui con Leif camino al hospital.