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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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Declarando Guerras.

Uno a uno, todos los invitados salieron del jardín real con sonrisas confusas en el rostro, lanzando sus mejores deseos a la joven pareja del reino.

La nueva personalidad al estilo del siglo XXI a manos de Odette marcó, por mucho, una evidente sensación entre las mujeres. Su pequeña rebeldía y pasión por sus deseos logró que algunas de las nobles sintieran una tremenda inspiración por ella, logrando que le prometieran una invitación especial a las próximas fiestas de té.

Julie estaba feliz con el resultado, pero bien sabía que Elis no veía la hora de encerrarla y sacar todos los pensamientos que llevaba en la cabeza. Solo por ello, se permitió aprovechar la oportunidad para clavarle un poco más de sus uñas mientras este fingía despedir a la gente con su sonrisa de príncipe encantador.

—Deja de hacer eso —masculló el rubio, bajando su postura ligeramente.

—No empieces una discusión ahora, mi amor —respondió con la sorna impregnada en la punta de su lengua.

Odette mostró su sonrisa y las mejillas de Oriel se tornaron de un rosa furioso que más de uno llegó a confundir. Julie intentó dar más leña al fuego; sin embargo, fue la presencia de sus padres lo que la dejó a medio camino.

—Joya mía, me alegra verte bien —felicitó su padre, arrebatándola del brazo del príncipe.

—Las puertas de casa siempre estarán abiertas para ustedes —avisó la señora Montgomery.

—Muchas gracias, mamá.

La mujer abrazó a su hija sin aviso alguno. Julie sintió el pecho oprimido y solo pudo optar por corresponderle, aun sin poder acostumbrarse a ello. Acomodó la barbilla sobre el hombro ajeno y miró de reojo la manera en la que su padre llamó a Oriel, llevándoselo lejos de ahí.

—Odette.

La aludida se alejó de su madre, notando la presencia de cierto castaño que todavía llevaba los rastros de timidez en el rostro. La señora Montgomery besó la mejilla de su hija y dejó una sonrisa antes de girarse y marcharse de ahí.

—¿Estás mejor, Sky? —indagó la azabache, con los ojos enormes luciendo brillantes.

—Todo este tiempo he estado bien, Odette —murmuró, tomando la mano ajena y dejando una botella de cristal en la misma—. Mañana por la mañana me iré al campamento herbolario con el cura —suspiró—. Tal parece que los campesinos encontraron el brote de una flor que no conocemos.

—¿Vas a irte?

Sky asintió y Julie sintió una marea golpeando su estómago. Por una parte, le supo de maravilla la ausencia de ese sujeto amenazante, pero al ver atrás al anciano que se la comía con la mirada, tuvo el impulso de rogarle por su estancia. Pues ya era claro que si Elis no la cuidaba, al menos este sujeto sí lo haría.

—¿Cuánto tiempo?

—Unos días. Estudiar una flor no es tarea sencilla —admitió, dejando un apretón en la mano que sujetaba el frasco—. Estas pastillas medicinales ayudan a relajar el estrés en el sistema cerebral; para cuando vuelva, probablemente algunos de tus recuerdos ya habrán vuelto.

Odette sostuvo el frasco con fuerza, sintiendo que el corazón se le escapaba con la mera mención de su recuperación. Tragó saliva y miró de vuelta al chico que llevaba la confusión en los ojos.

—¿Qué pasa?

—Nada, nada —negó—. Voy a extrañarte, Sky.

La voz empalagosa de Odette le aterrizó como daga en el pecho. Sky no pudo reaccionar y Julie quedó nuevamente desconcertada cuando el rojo vivo se expandió por todo el rostro del castaño, tal cual había ocurrido en el pasillo.

—Tengo que irme ahora, toma las pastillas cada ocho horas —demandó—. Cuando regrese, podemos hacerte una nueva revisión.

Sky no dijo más. Se alejó de la azabache y salió de ahí a paso largo, evadiendo a cualquier persona que se le cruzara en el camino.

Con las palabras en la garganta, Julie observó una vez más lo que llevaba en la mano, sintiéndose un poco escéptica por la situación. Buscó a Oriel con la mirada, esperando tener aquella charla necesaria; sin embargo, tuvo que apresurarse a esconder el frasco en el pliegue de la falda y fingir indiferencia mientras un viejo se acercaba a ella con una sonrisa que le provocó escalofríos.

—Señorita Montgomery —se detuvo—. Si no lo viera con mis propios ojos, no creería que la prometida del heredero real se atreviera a generar un revuelo.

—Me sentiría agredida por sus palabras si tan solo pudiera recordar qué tema pinta usted en mi vida, señor.

El rostro del viejo se quedó rígido, con uno de los párpados temblorosos. Julie aferró sus puños ante el terror que le provocaba la cercanía de ese hombre, y maldijo mil veces a la memoria corporal que continuaba condenándola a esa horrible sensación.

—¡Tú, insolente! —masculló, sacudiendo los hombros para fingir autocontrol—. Como sea, ya que ha acogido a mi hija, vengo con la intención de agradecerle y pedirle que ayude a mi hija a acoplarse con la nobleza.

—Escuché que acaba de reconocer a su hija, ¿no es así? —preguntó, con una de las comisuras alta—. No se preocupe, sé que es difícil para usted. Y para que lo sepa, no me gusta discriminar a los inferiores —inhaló con calma, parpadeando sus enormes ojos violeta—. Le prometo que cuando tome mi papel como emperatriz, me aseguraré de presentarle a Margaret un buen noble para que contraiga matrimonio.

—Es muy amable, Odette Montgomery —musitó con la voz áspera escapando de su garganta—. De mi parte, espero que pueda llegar a tomar el puesto de emperatriz.

Las palabras callaron y la mueca de Odette se tambaleó. El cuerpo se le congeló y un terror inexplicable la atormentó, dejándola en blanco con la mente bailando alrededor de la amenaza. Quería responderle, dejarlo en su lugar; sin embargo, no pudo hacerlo porque el cuerpo de Odette estaba programado de fábrica para que no pudiera enfrentarse a él.

—¿Todo bien?

Oriel se detuvo al lado de la azabache, notando la humedad en su frente. Odette, sin perder el tiempo, se aferró a la mano del rubio, sosteniéndola con fuerza, como si de ese modo pudiera encontrar la paz que necesitaba en ese instante.

—Solo estaba dando mis mejores deseos de recuperación a nuestra futura emperatriz —explicó el viejo, dejando una reverencia llena de sorna—. Nos veremos luego.

El viejo se alejó con el semblante de imponencia en la espalda. Julie finalmente logró sacar el aire que había estado reteniendo, soltándose de la mano ajena con una necesidad que ardió.

—¿Qué te dijo? —se interesó Elis, comenzando una caminata que pretendía evitar las sospechas.

—Me amenazó —jadeó—. Ese anciano decrépito me advirtió y este estúpido cuerpo deja de funcionar cuando está cerca… No lo soporto —se detuvo, mirándolo—. Si pudiera, le habría dado un puñetazo ahí mismo.

—No puedes hacer estupideces, Julie —advirtió—. El reino está en peligro de una guerra por la diferencia de mentalidades de nuestros padres.

—Pues más te vale estar cerca cuando ese tipo esté por aquí —advirtió, llevando las manos a su falda, recordando el medicamento—. Oh, y Sky se va a ir del reino unos días. Me dio unas pastillas para relajar el cerebro o algo así.

—¿No estará aquí?

—No, sordo.

—Pues entonces tenemos que apresurarnos a actuar —declaró—. Sin él por aquí tendremos más libertad —agregó, deteniéndose y estirando la palma hacia ella—. Dame las pastillas, no podemos darnos el lujo de cometer una estupidez.

Julie no se negó. Sacó las pastillas y las dejó en la palma de Oriel, notando la manera en la que sus ojos esmeralda se concentraron en el objeto. Pensó en defender la honestidad de Sky, pero guardó silencio y continuó caminando, deseando llegar a su habitación para rodearse con la preocupación hogareña de Lili y Ruby.

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