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El Regreso De La Princesa

El Regreso De La Princesa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Matrimonio arreglado / Mitos y leyendas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: vane sánchez

"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris

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Capítulo 11: Secretos en la Luz de la Luna

Las semanas en Aurelia pasaron como un suspiro, tejidas con días de sol y descubrimientos que Lyra atesoraría para siempre. Cada amanecer traía una nueva aventura: recorridos por los mercados de Aureopolis, donde los colores y olores la envolvían en un torbellino de especias y sedas; tardes en la biblioteca imperial, donde Eryndor descubría tratados de estrategia militar mientras ella devoraba libros de historia antigua; y siempre, al atardecer, el mar.

Pero lo más valioso de todo fue ver a Eryndor y Adrián convertirse en amigos.

Al principio, Lyra había observado con cautela. Su hermano era protector, desconfiado por naturaleza, y Adrián... Adrián era un enigma. Pero día tras día, la desconfianza se fue derritiendo como la nieve bajo el sol.

Había comenzado con pequeñas cosas: una partida de ajedrez en la que Eryndor, para su sorpresa, perdió estrepitosamente contra Adrián. La revancha fue más reñida, y la tercera, un empate. Luego fueron las carreras de caballos por los acantilados, donde Eryndor descubrió que su lobo interior le daba una ventaja injusta, pero Adrián, con su inteligencia, siempre encontraba una ruta más corta. Después, las largas conversaciones nocturnas en las que hablaban de todo y de nada, como solo los verdaderos amigos pueden hacer.

Lyra los observaba desde su ventana algunas noches, viendo sus siluetas recortadas contra el mar plateado, y sentía una calidez que no había experimentado en ninguna de sus dos vidas.

"¿Estás celosa?", le preguntó su loba una noche.

"No. Feliz. Eryndor merece tener amigos. Merece ser niño."

"Y tú, ¿no mereces lo mismo?"

Lyra no respondió. No sabía cómo.

 

La Conversación en los Acantilados

Faltaban tres días para el regreso a Valdris cuando Eryndor y Adrián desaparecieron después del desayuno. Lyra los encontró horas después en su lugar favorito: el mirador de los acantilados, donde las ballenas habían bailado para ellos.

Estaban sentados en la hierba, mirando el horizonte, y por la forma en que sus hombros se tocaban, Lyra supo que hablaban de algo importante.

Se acercó sin hacer ruido, pero Adrián, con esa extraña percepción que siempre mostraba, se giró antes de que pudiera ocultarse.

—Lyra —dijo, con una sonrisa—. Ven. Estábamos hablando de ti.

—¿De mí? —preguntó ella, sentándose a su lado—. ¿Cosas buenas o malas?

—Siempre buenas —respondió Eryndor, pasando un brazo por sus hombros—. Adrián me preguntaba cómo es vivir con una hermana tan sabia.

Lyra puso los ojos en blanco, pero sonrió.

—No soy tan sabia. Solo tengo buena memoria.

Hubo un momento de silencio, roto solo por el rumor de las olas. Luego, Adrián habló.

—Dentro de unos meses, Eryndor y yo partiremos a la academia.

Lyra sintió que el estómago se le encogía. Lo sabía. Lo había sabido desde el principio. La academia militar donde los príncipes de ambos reinos se formaban en estrategia, combate y liderazgo. Eryndor debía ir. Era su deber como heredero.

Pero saberlo no hacía que doliera menos.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó, con la voz más firme de lo que se sentía.

—5 años —respondió Eryndor suavemente—. Con visitas en vacaciones. Vendré siempre que pueda, pequeña. Te lo prometo.

Lyra asintió, mordiéndose el labio para no llorar.

—Y yo —añadió Adrián— te traeré de vuelta a Aurelia en las vacaciones de verano. Veremos las ballenas de nuevo. Y te enseñaré a montar olas, si quieres.

—¿Montar olas?

—Con tablas. Los pescadores lo hacen a veces. Es difícil, pero divertido.

Lyra sonrió a pesar de todo.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo.

Los tres se quedaron en silencio, mirando el mar. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de naranja y púrpura.

—Será extraño —dijo Eryndor finalmente—. Estar lejos de ti. Nunca lo hemos estado.

—Yo cuidaré de papá —respondió Lyra—. Y de Isolda. Y del reino. Tú solo concéntrate en ser el mejor de la academia.

Eryndor rió.

—Eso es mucho pedir.

—No. Es lo que espero.

Adrián los miró, y por un instante, su expresión cambió. Había algo en sus ojos, una sombra que Lyra no supo interpretar.

—Son afortunados —dijo en voz baja—. Tenerse el uno al otro.

Lyra lo miró fijamente.

—Tú también nos tienes a nosotros. Ahora.

Adrián sostuvo su mirada un momento. Luego, desvió la vista hacia el horizonte.

—Sí —dijo—. Supongo que sí.

 

La Noche Antes de Partir

Lyra no podía dormir. La luna brillaba con fuerza, derramando su luz plateada sobre el mar, pero ni siquiera esa belleza lograba calmarla. Algo la inquietaba, algo que había visto en los ojos de Adrián esa tarde.

Una sombra.

Un secreto.

Se levantó silenciosamente y salió al pasillo. Las habitaciones de Adrián estaban al lado de las suyas, separadas solo por una puerta que, según había notado, él nunca cerraba del todo.

Llamó suavemente.

—Adelante.

Adrián estaba sentado junto a la ventana, mirando la luna. Su rostro, bañado por esa luz plateada, parecía casi translúcido. Demasiado pálido. Demasiado quieto.

—¿No duermes? —preguntó Lyra, acercándose.

—Tú tampoco.

Se sentó a su lado, en el amplio alféizar. Durante un rato, ninguno habló.

Luego, Lyra rompió el silencio.

—Hay algo que no me has contado.

Adrián la miró. Sus ojos grises, siempre tan controlados, mostraban ahora una vulnerabilidad que Lyra nunca había visto.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo también guardo secretos. Y sé reconocerlos en los demás.

Adrián desvió la mirada.

—Tienes razón —dijo lentamente—. Hay algo. Algo que debería haberte contado desde el principio, pero no sabía cómo.

Lyra esperó, sin apartar la mirada.

—Tú regresaste al pasado siendo un Lobo de Luna —continuó Adrián, su voz apenas un susurro—. Eso es un don, una bendición de Selene. Pero yo... yo no regresé igual. No regresé con un don. Regresé convertido en otra cosa.

Lyra sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Adrián respiró hondo. Cuando habló, sus palabras cayeron como piedras en un estanque.

—En mi vida pasada, cuando todo terminó... cuando mi padre murió y nuestro reino cayó... yo huí. Pero no llegué lejos. Los hombres de Varen Crain me encontraron. Me acorralaron en un bosque, igual que a ti. Y uno de ellos... uno de ellos era diferente. No era humano.

Lyra contuvo el aliento.

—Me mordió —continuó Adrián, con la voz temblorosa—. Justo antes de que yo muriera. Sentí sus colmillos en mi cuello, sentí cómo mi sangre se derramaba... y luego, todo se volvió negro. Pero en lugar de morir, algo ocurrió. Algo cambió. Desperté convertido en... en esto.

—¿Un vampiro? —susurró Lyra.

Adrián asintió, sin apartar la mirada.

—Sí. Y lo más extraño es que no pasó tiempo entre la mordedura y el despertar. Fue instantáneo. Un segundo estaba muriendo, y al siguiente estaba... así. Y entonces, Selene me habló.

Lyra abrió los ojos de par en par.

—¿Selene? ¿La diosa luna?

—La misma. Me dijo que había visto mi vida, mis sufrimientos, mis pérdidas. Me dijo que no merecía morir así, convertido en monstruo por la maldad de otro. Y me ofreció una oportunidad: volver al pasado, a mi cuerpo de niño, con todos mis recuerdos intactos. Pero me advirtió que volvería como lo que era en el momento de mi muerte. Como vampiro.

—Y aceptaste.

—Acepté. ¿Qué otra cosa podía hacer? Morir allí, solo y convertido en algo que no elegí, o volver y tener una oportunidad de cambiar las cosas. No había duda.

Lyra lo miró largamente. Buscó en su rostro señales de monstruosidad, de maldad. No encontró nada. Solo a un niño asustado que había recibido una carga que no pidió.

—Adrián...

—Por eso no te lo dije antes —la interrumpió él, con voz temblorosa—. Porque pensé que si lo sabías, me mirarías como miran los demás. Con miedo. Con asco. Como si fuera un monstruo. Como si yo hubiera elegido esto.

Lyra se acercó lentamente y puso su pequeña mano sobre la de él.

—No eres un monstruo.

Adrián la miró, incrédulo.

—Bebo sangre, Lyra. Mi cuerpo la necesita para sobrevivir. ¿Cómo no voy a serlo?

—Los lobos también beben sangre —respondió ella con firmeza—. Mi hermano, cuando se transforma, podría matar y devorar si quisiera. Pero no lo hace. Porque no es un monstruo. Es Eryndor. Y tú... tú eres Adrián. Alguien a quien le pasó algo terrible en el momento de su muerte, y que ahora tiene que vivir con ello. Eso no te convierte en monstruo. Te convierte en alguien que lucha cada día.

Adrián la miró largamente. Y entonces, por primera vez desde que lo conocía, Lyra lo vio llorar.

No fueron sollozos ruidosos. Fueron lágrimas silenciosas que resbalaron por sus mejillas mientras apretaba la mano de Lyra como si ella fuera lo único que lo sostenía.

—Llevo dos años guardando este secreto —susurró—. Dos años sin poder decírselo a nadie. Ni siquiera a mi padre. Especialmente a mi padre. Porque no sé cómo explicarle que su hijo es... esto.

—¿Nadie lo sabe?

—Nadie. Aprendí a controlarlo. A beber solo lo necesario, de animales, nunca de humanos. A ocultar mis debilidades. A fingir que soy normal. Pero cada noche, cuando miro la luna, me pregunto si Selene se equivocó conmigo. Si no merecía esta oportunidad.

Lyra negó con la cabeza.

—Selene no se equivoca. Te eligió por algo. Igual que me eligió a mí.

—¿Y si lo que eligió fue un monstruo?

—No lo eres. Escúchame bien, Adrián Corvax: no lo eres. Eres mi amigo. Eres el aliado de mi hermano. Eres el sobrino de Isolda. Eres el hijo de tu padre. Y sí, también eres un vampiro. Pero eso es solo una parte de ti. No te define.

Adrián la miró con una mezcla de gratitud y asombro.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Porque yo también tengo algo dentro de mí que podría ser peligroso. Mi loba. Si yo perdiera el control, si dejara que mi naturaleza salvaje dominara, podría hacer daño. Pero no lo hago. Porque elijo no hacerlo. Y tú eliges lo mismo cada día, bebiendo de animales en lugar de humanos, controlando tu sed, ocultándote para proteger a los demás. Eso no es de monstruos. Eso es de héroes.

Adrián la miró largamente. Y lentamente, una sonrisa temblorosa apareció en sus labios.

—Eres increíble, Lyra Valdris.

—Ya lo sé. Pero me gusta que te acuerdes.

Rieron juntos, y en esa risa, el secreto perdió parte de su peso.

 

El Juramento

Cuando las primeras luces del alba comenzaron a teñir el horizonte, Lyra se levantó.

—Tengo que irme —dijo—. Si no duermo algo, Nana Elle me matará.

Adrián asintió, pero antes de que ella se fuera, la detuvo.

—Lyra... ¿puedo pedirte algo?

—Lo que sea.

—Que no se lo digas a Eryndor. Todavía. Algún día, cuando sea el momento, se lo contaré yo mismo. Pero ahora... ahora no sé si podría soportar que me mirara como tú me miraste al principio.

Lyra lo miró fijamente.

—¿Cómo te miré?

—Con curiosidad. Sin miedo. Pero también con... con cautela. Como si evaluaras si podía ser un peligro.

Lyra asintió.

—Era solo precaución. No juicio.

—Lo sé. Pero Eryndor es más impulsivo. Su lobo... su lobo podría reaccionar mal. Podría verme como una amenaza.

Lyra comprendió.

—No le diré nada. Te lo prometo.

Adrián sonrió, agradecido.

—Gracias. Eres... eres la mejor amiga que he tenido.

Lyra se acercó y lo abrazó. Fue un abrazo breve, pero cálido.

—Nosotros, los que volvemos, tenemos que protegernos —dijo—. Porque nadie más entiende lo que es.

—Lo sé.

Cuando Lyra salió de la habitación, el sol comenzaba a elevarse sobre el mar.

Y en su corazón, una certeza crecía.

Adrián no era un monstruo. Era un aliado. Era un amigo. Era alguien que, como ella, había recibido una segunda oportunidad en circunstancias terribles.

Y juntos, cambiarían el mundo.

 

El Regreso

Dos días después, la comitiva de Valdris partió de Aurelia. Hubo abrazos, promesas y lágrimas mal disimuladas. Adrián prometió escribir. Eryndor prometió entrenar duro para cuando se reencontraran en la academia. Lyra prometió cuidar de todo.

Y mientras el carruaje se alejaba, Lyra miró por la ventanilla y vio a Adrián en lo alto de los acantilados, solo, mirándolos partir.

Parecía tan pequeño. Tan vulnerable.

Pero Lyra sabía la verdad.

Era más fuerte de lo que nadie imaginaba. Había sobrevivido a la muerte, había soportado una carga que ningún niño debería soportar, y aún así seguía luchando.

Cuando llegara el momento, estaría a su lado.

Pase lo que pase.

"Selene", pensó Lyra, mirando la luna que aún brillaba tenuemente en el cielo matutino. "Gracias por enviármelo. Gracias por confiarme su secreto. Gracias por permitirme ser su amiga."

Y en algún lugar, en lo más profundo de su ser, sintió una respuesta cálida, como una caricia en el alma.

"Cuida de él, Lyra. Los dos son mis elegidos. Los dos tienen un propósito. Juntos, serán imparables."

Lyra sonrió y apoyó la cabeza en el hombro de su hermano, que dormitaba a su lado.

El viaje de regreso acababa de comenzar.

Pero ella ya estaba lista para lo que viniera.

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Karen Xochipa León
Es una historia que te atrapa en el momento que quieres leer algo diferente algo nuevo /Smile//Smile//CoolGuy/ algo más, espero con ansias los demás capitulos.
Karen Xochipa León
ahhh ☺️👏🥰🥰 me gustó la ame mucho espero con ansias los demás capitulos es una historia diferente que allá leído te atrapa desde el primer capítulo ☺️👏👏
Mónica Aulet
Muy buen comienzo!!!!
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