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Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fuerza interna

Ian la miró, buscando cualquier rastro de mentira en sus pupilas. Pero solo encontró la misma devoción que recordaba de 1926. Por un segundo, el "Recolector" desapareció, dejando solo al hombre que murió amándola.

—Si no fuiste tú... —comenzó Ian, su voz temblando por primera vez—, si realmente hubo alguien más en ese muelle guiando tu mano... entonces Marcus me ha estado usando. Me convirtió en el carcelero de la única persona que debía proteger.

—Marcus sabía que yo no recordaría —dijo Anya, dándose cuenta de la magnitud del engaño—. Él sabía que si tú me odiabas, nunca investigarías la verdad. Nos puso al uno contra el otro para que el ciclo de dolor no terminara nunca.

Ian se separó bruscamente, como si el peso de esa revelación fuera un golpe físico. Caminó hacia la pared y golpeó la madera con el puño.

—Tengo que saber quién era esa sombra, Anya. Si el Registro fue manipulado, existe un rastro. Marcus guarda los expedientes originales en una cámara que él llama "El Santuario". Siempre me prohibió entrar allí, diciendo que mi alma era demasiado "impura" para tocar los pergaminos del pasado.

Anya lo miró con determinación. Ya no era la doctora asustada; era una mujer que reclamaba su historia.

—Entonces iremos por esos expedientes. Si Marcus nos engañó a ambos, no solo mi alma está en riesgo. La tuya también lo está, Ian. Él te robó cien años de paz obligándote a odiarme.

En ese momento, un cuervo se posó en el marco de la ventana, observándolos con ojos inteligentes y demasiado fijos. Ian lo miró y su rostro se ensombreció de nuevo.

—El tiempo de la tregua se ha acabado —sentenció Ian—. Marcus ya no solo nos rastrea; nos está vigilando. Ese cuervo es su mensajero. Sabe que hemos hablado demasiado.

Ian le pidió a Anya que se preparara para la huida.

El cuervo permaneció inmóvil en el marco de la ventana, con sus ojos negros fijos en Anya como dos cuentas de cristal oscuro. No era un pájaro común; no piaba ni se movía con el nerviosismo propio de su especie. Emitía una vibración sorda que hacía que el cristal de la ventana temblara levemente.

—Ian... —susurró Anya, sintiendo que el frío del muelle de 1926 regresaba a su cuerpo—, ese pájaro no me gusta.

—Aléjate de la ventana, Anya. Ahora —ordenó Ian, su voz recuperando ese tono de mando que usaba cuando el peligro era inminente.

Antes de que ella pudiera retroceder, el cuervo abrió sus alas, pero estas no eran de plumas. De su cuerpo empezó a brotar una sustancia negra y viscosa que se expandió como tinta en el agua, oscureciendo la luz de la tarde. El animal se deshizo en una nube de sombras que atravesó el cristal como si este no existiera, materializándose en el centro de la habitación.

La temperatura cayó bajo cero en un instante. La sombra no tenía una forma definida, pero Anya pudo ver, en el centro de esa negrura, unos ojos que conocía demasiado bien: los ojos de Marcus.

—¡El Registro no admite secretos, Ian! —una voz gutural, que parecía salir de las paredes mismas, llenó el refugio.

La sombra se lanzó hacia Anya con una velocidad aterradora. Su objetivo no era matarla físicamente, sino tocar su frente para borrar el rastro del recuerdo que ella acababa de recuperar. Marcus quería que ella volviera a ser la doctora confundida y culpable, la pieza perfecta en su juego de castigo.

—¡Atrás! —rugió Ian.

Se interpuso entre Anya y la entidad, extendiendo sus manos. De su marca en el corazón empezó a emanar un brillo violáceo, el mismo que Anya había visto en el hospital. Ian no usaba armas físicas; luchaba con la misma energía que lo mantenía atado a este mundo. Al chocar con la sombra, se produjo un estallido que lanzó a Anya contra la cama.

—¡Vete de aquí, Marcus! —gritó Ian, forcejeando con la masa oscura que intentaba envolverlo—. ¡Ella ya sabe la verdad! ¡Tu mentira se acabó!

La sombra soltó una carcajada que sonó como metal retorcido.

—La verdad no importa cuando el alma ya está condenada. Si tú no la entregas, la oscuridad la reclamará por sí sola.

Anya, recuperándose del impacto, vio que Ian estaba perdiendo terreno. La sombra parecía alimentarse de su energía, debilitándolo. Recordó lo que Ian le había dicho sobre la marca: "No luches contra ella, acéptala".

Sin pensarlo, Anya se puso de pie y corrió hacia Ian. No huyó, sino que colocó su mano derecha —la de la marca— directamente sobre la espalda de él, justo a la altura de su corazón.

—¡Anya, no! ¡Te quemarás! —advirtió Ian, pero ya era tarde.

En lugar del dolor insoportable de la noche anterior, Anya sintió una calidez inmensa. Al aceptar que su destino estaba ligado al de él, la energía de ambos se sincronizó. La marca de ella brilló con una luz blanca pura que se fundió con el violeta de Ian, creando una barrera que hizo que la sombra de Marcus retrocediera entre alaridos de dolor.

La entidad se desintegró en mil pedazos de oscuridad que se evaporaron antes de tocar el suelo. El silencio regresó a la habitación, pero el cristal de la ventana estaba roto y el aire olía a ozono y a jazmín quemado.

Ian cayó de rodillas, jadeando, pero Anya lo sostuvo. Sus manos seguían unidas, y esta vez, el contacto no dolía. La cicatriz de Anya emitía un calor suave, como una herida que finalmente ha empezado a sanar.

—Lo hicimos... —susurró ella, asombrada de su propia fuerza.

Ian levantó la vista hacia ella, con una mezcla de respeto y temor.

—No solo lo vencimos, Anya. Le demostraste que ya no tienes miedo. Pero esto acaba de acelerar todo. Marcus ya no enviará mensajeros. Vendrá él mismo, y traerá a todo el Registro con él.

Anya miró su mano. La marca seguía allí, pero ya no se sentía como una maldición.

—Entonces es hora de dejar de esconderse. Si quiere mi alma, tendrá que venir a buscarla al lugar donde empezó todo.

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Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
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