En el continente de Saderia, un lugar mágico, hermoso y medieval todas las razas de seres convivían en paz. Pero la raza de los dragones por su prepotencia , decidieron ellos ser la raza dominante y comenzó una guerra con los humanos, elfos, trolls y Orcos gigantes. Cuando los dragones estuvieron a punto de ser derrotados la reina de los dragones hizo un ritual y creó en el círculo del fin al primer y único sangre de Dragon conocido como El Oscuro. Este ser salvó a los últimos 4 dragones y los repartió por todo el continente. 100 años después un joven llamado Reinders es la primera reencarnación de El Oscuro el cual se encuentran de casualidad uno de los cuatro dragones en una chica ,comenzó así su aventura , su enfrentamiento con su destino.
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CAPÍTULO 12: LA BATALLA DE ASTREA.
El amanecer se tiñó de rojo sobre las murallas de Astrea, como si el cielo mismo sangrara ante la guerra que estaba por comenzar. La ciudad —una joya blanca entre montañas— se alzaba orgullosa, pero el aire estaba cargado de un silencio que dolía. En la distancia, el rugido de tambores marcaba el paso del ejército trol.
Las sombras se movían con lentitud monstruosa, miles de figuras enormes, piel gris y ojos rojos, encabezadas por el coloso conocido como Chin Gigante, el cual estaba cara a cara con su máximo objetivo que ahora era destruir a los humanos. A su lado marchaba una figura encorvada, cubierta con pieles negras y huesos de bestia: el Chamán Trol, su consejero y arma secreta, capaz de invocar la esencia de los antiguos dioses de la montaña. Estos se encontraron una resistencia primero con Creta y Lugo con Reinders, Drop las otras chicas y el ejército de los Caballeros y fueron repelidos en un primer asalto pero tarde o temprano llegaría el segundo.
En lo alto de las murallas, Drop observaba el horizonte. Su armadura dorada relucía incluso bajo la bruma de guerra. Tenía el semblante severo de un líder que no teme morir, pero que odia perder hombres.
A su lado, Reinders respiraba profundamente.
Sus manos ardían en fuego azul tomando forma, el resultado del duro entrenamiento. El aire chispeaba alrededor de él, como si el maná respondiera a su voluntad.
—No olvides lo que te dije —gruñó Drop sin apartar la vista del campo—. El fuego no es poder, es alma. Y tu alma no arde si no crees en lo que proteges.
Reinders sonrió, medio nervioso.
—Lo tengo, capitán… aunque me preocupa que mi alma se incendie demasiado.
Drop lo miró de reojo con una ceja arqueada.
—Si te prendes fuego otra vez el cabello, no pienso apagarlo.
Detrás de ellos, Mar, Elsa, Estu y Creta ajustaban sus armas y armaduras. Creta, ya en su forma parcial de Emperatriz Dragón, exhalaba vapor negro por la boca; sus escamas brillaban con la luz del amanecer.
—Drop, los exploradores informan que Chin se acerca desde el norte —dijo Elsa, su voz firme.
—Perfecto —respondió Drop—. El gigante no aprenderá hasta que Astrea se le venga encima.
Reinders se giró hacia sus compañeras, notando la tensión en sus rostros.
Mar se mantenía tranquila, su lanza helada irradiando un aura de serenidad. Estu revisaba su arsenal metálico; cada una de sus armas flotaba alrededor como satélites listos para la guerra.
Reinders pensó: Hemos llegado lejos. Muy lejos. Si El Oscuro existía para esto… entonces, que el fuego azul me guíe.
Los trols gigantes avanzaban.
La tierra tembló cuando el ejército trol cargó. Cada paso hacía retumbar el suelo como si una montaña se desplomara. Chin, al frente, blandía una maza hecha de piedra y hueso, del tamaño de una torre.
Desde la muralla, Drop levantó su espada dorada y rugió:
—¡Por Astrea! ¡Por la humanidad!
Una lluvia de flechas mágicas y proyectiles de fuego cayó sobre las filas trol, pero los colosos siguieron avanzando. En el cielo, las nubes se partieron con un rayo de energía verde: el Chamán Trol había comenzado su invocación.
—Reinders, contigo va el Chamán —ordenó Drop—. Yo me encargo de Chin.
—¡Sí, Viejo no hay problema!
El joven asintió y descendió de la muralla envuelto en fuego azul. Mar, Elsa y Estu lo siguieron sin dudar. Mientras tanto, Drop saltó desde lo alto, dejando tras de sí un estallido. Cayó frente a Chin, levantando una ola de polvo.
El gigante soltó una carcajada que hizo vibrar el aire.
—¡Humano! ¡Otra vez buscas morir!
—No —respondió Drop, empuñando su espada—. Busco poner fin a tu ambición.
La batalla de los Élites rugió por segunda vez.
El choque de ambos fue tan brutal que el suelo se agrietó por kilómetros. El primer golpe de la maza de Chin fue detenido por la espada de Drop, que brilló como un sol. Las ondas de energía destruyeron árboles, muros y hasta las nubes.
Los soldados de ambos bandos se detuvieron, incapaces de mirar directamente la batalla de titanes.
Chin rugió y balanceó su arma una y otra vez, cada impacto arrasando el terreno. Drop lo esquivaba con movimientos calculados, casi elegantes, pero su rostro mostraba la presión. Recibió un golpe severo pero en su forma de Dios de la Guerra lo soportó estoicamente.
—¡Aún sigues en pie, humano!
—¡Y seguiré hasta que tu sombra desaparezca de esta tierra!
Sus choques formaban relámpagos dorados y rojos. Drop finalmente logró abrir una grieta en el brazo del gigante, pero la criatura solo rió, furiosa y orgullosa.
Reinders liquidaba al Ejército Trol con gran maestría, premura y rapidez, pero el Chamán Trol esa la cabeza que había que cortar.
A pocos kilómetros, Reinders y su grupo encontraron al Chamán en medio del campo. El suelo era un círculo de runas vivas, que respiraban como venas de la tierra.
El hechicero levantó su báculo, una rama cubierta de un Cráneo , y murmuró en una lengua antigua. Un portal oscuro se abrió detrás de él, liberando bestias rocosas hechas de maná puro.
—¡Retrocedan! —gritó Reinders—. ¡Este tipo no es cualquier brujo!
Elsa invocó pilares de magma que estallaron bajo las criaturas. Mar lanzó lanzas de hielo que se clavaron en sus corazones de roca. Estu, con precisión quirúrgica, desmembró a una de ellas con una cadena metálica.
Aun así, el Chamán sonreía.
—El fuego azul… el alma del dragón humano. Eres tú… el reencarnado.
El aire se volvió pesado. Las runas bajo los pies de Reinders comenzaron a brillar con el mismo tono azul que su fuego.
Sintió el maná vibrar dentro de él. Coleman respondió desde su funda, casi impaciente.
—Entonces ven por mí —dijo Reinders, desenvainando.
El fuego azul envolvió la espada. El Chamán lanzó su hechizo más poderoso, y un pilar de energía oscura se alzó como una montaña. Reinders cargó contra él, su fuego chocando con la sombra, el cielo partiéndose entre azul y negro.
Por un momento, el mundo desapareció.
Solo había una oportunidad para Reinders y era que Coleman despertara.
Dentro de la oscuridad del hechizo, Reinders vio algo: un espejo, y dentro de él, una figura de ojos dorados, con un aura antigua muy parecido a él.
—Así que… ¿tú eres yo? mi pasado hace 100 años —susurró.
La voz del reflejo resonó profunda, ancestral.
—No. Yo soy lo que serás cuando aceptes tu fuego… y tu destino. Soy tu futuro, que viene del pasado.
El maná se encendió. Reinders sintió que todo su cuerpo ardía, pero sin dolor: era como si el fuego lo purificara. Su armadura se quemó por completo y se desintegró —su piel , la de todo su cuerpo se volvió negra y un tallado de runas llevado en fuego dorado también surgieron por sobre tanto tanto su cuerpocomo en todo el campo. Coleman le aparecieron, incrustadas de runas azules brillantes. En su espalda, un aura de fuego que desprendía dos alas etéreas fueron desplegadas.
Su cabello se erizó en un término medio ,con reflejos celestes, y sus ojos se tornaron del color del cielo ardiente.

Coleman cambió también. Su hoja se alargó, fina como una línea de energía viva, irradiando calor puro y control absoluto su segunda habilidad especial era el manejo del maná para poder inducir una transformación que llevará a Reinders al rango de Elitesin tener que optar por ser dios de la guerra. Era la Espada del Dragón Azul, manifestación del alma de Reinders.
—Forma Rúnica: El Oscuro. —susurró él, abriendo los ojos.
El hechizo del Chamán colapsó ante su presencia. Con un solo corte, Reinders partió la energía oscura en dos, como si dividiera la noche misma. El Chamán intentó retroceder, pero el fuego azul ya lo envolvía.
—Tu destino y el del mundo son el mismo está bajo mi mano.
Un golpe final.
Silencio.
El Chamán se desintegró, dejando caer una runa brillante al suelo. Era la Runa de Astrea, palpitante como un corazón. El Chamán ya la había cogido para así emprender la retirada pero no contaba con lo último que sucedió. Reinders la tomó, y en el instante en que la tocó, esta se fundió con su pecho. Un aura gigantesca lo envolvió; el cielo se encendió en azul. Reinders tenía su quinta runa pero quedaba doce todavía.
Así llegó el rugido final.
En el otro frente, Drop y Chin seguían luchando. El gigante ya sangraba, y su maza estaba agrietada.
—¡No… puede ser! como puede haber un humano que pueda separar mi fuerza , es impensable —gruñó Chin, cayendo de rodillas.
Drop, cubierto en sangre y sudor, levantó su espada.
—Pudo ser, y fue. Esta es tu derrota.
Un golpe limpio atravesó el aire. Chin cayó con un estruendo que sacudió los cimientos de Astrea. El ejército trol, al ver caer a su líder, comenzó a dispersarse. Las chicas aprovecharon el momento: Mar congeló los campos para bloquear la retirada, Elsa selló el suelo con magma y Estu lanzó un torbellino de acero que acabó con los rezagados.
Creta, con sus alas desplegadas, lanzó un rugido que hizo temblar las montañas.
La guerra había terminado. El fuego purificó todo.
En el campo en ruinas, Reinders caminó entre el humo. Drop lo miró, sorprendido.
—Vaya… así que lo lograste, chico.
—Diría que fue gracias a su entrenamiento, pero todavía no puedo mover los brazos —bromeó Reinders, riendo débilmente.
El capitán soltó una carcajada.
—Si puedes hacer chistes después de derrotar a un chamán trol, estás listo para cualquier cosa.
Creta se acercó, aún con heridas visibles, pero con una sonrisa orgullosa.
—Así que… ese poder… ¿era el de El Oscuro?
Reinders asintió.
—No sé si lo era por completo. Pero… sentí que alguien dentro de mí sonreía.
El cielo empezó a despejarse. Astrea, aunque dañada, seguía en pie. La gente comenzó a salir de las ruinas, aplaudiendo, llorando, agradeciendo a los héroes que habían salvado su reino.
Reinders levantó a Coleman, la espada resplandeciente en fuego azul, y el brillo iluminó los rostros de sus compañeros.
Drop colocó su mano en su hombro.
—Recuerda esto, muchacho: el fuego puede destruir… o proteger. Tú elegiste proteger.
—Y eso me basta —respondió Reinders.
Pero en el futuro ahí se erige un susurro.
Esa noche, en lo alto de la muralla, Reinders miró el horizonte. El fuego azul seguía ardiendo débilmente en su mano.
Las chicas descansaban cerca, exhaustas, y Drop conversaba con los generales.
El viento trajo un murmullo… una voz antigua, casi un eco.
"Has despertado, heredero del fuego. Pero la rueda del Círculo aún no ha girado del todo… Pero antes él regresará y entonces habrá calamidad "
Reinders levantó la mirada, sintiendo una sombra moverse entre las estrellas.
—…Lo que sea que venga, lo enfrentaremos. —murmuró.
El fuego azul volvió a encenderse suavemente, como respondiendo a sus palabras.
Y así, bajo el cielo de Astrea, la guerra terminó… pero el destino del Sangre de Dragón apenas comenzaba, la leyenda de El Oscuro apenas iniciaba.