Haberle querido fue un error, pero seguía deseándole…
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Capítulo 2
Como Dan no contestaba, Nathan siguió sermoneándolo con suavidad.
–El médico quiere que te lo tomes con calma seis semanas más. Con Helena aquí para ayudarte a trabajar desde casa, podrás descansar y no desatender tus responsabilidades. Es la solución ideal, Dan. Inténtalo.
Los hermanos tenían una pista de aterrizaje, un pequeño avión y un helicóptero. De todos modos, ninguno de ellos pasaba más de dos o tres días a la semana en la sede de la empresa. Pero era la idea de que le cortaran las alas lo que hacía que a Dan le pareciera que se ahogaba. O tal vez, lo que le oprimía el pecho fuera tener que ver de nuevo a Helena.
–No me gusta tener en casa a desconocidos –masculló.
Fabio sonrió.
–No digas que Helena es una desconocida. La conocemos de toda la vida. Durante mes y medio, voy a prescindir, de mala gana, de mi secretaria, increíblemente eficiente.
Dan se levantó y comenzó a pasear por la habitación. El cerco se iba estrechando. Hacía dos años, Helena y él habían mantenido la relación en secreto. Y ella lo había abandonado sin ninguna explicación.
Helena llevaba seis años trabajando para Maxwell River Outdoors, pero Dan no se sentía cómodo teniendo que volver a verla, cuando ella había cortado la relación. Por no mencionar que su orgullo le había impedido preguntarle los motivos.
Nadie sabía nada sobre su relación con Helena. Ella no quería que hubiera habladurías y él estuvo de acuerdo. Ahora no podía decir a sus hermanos la verdad.
Helena era la última persona que quería tener en su casa. Ella le había dejado muy claro que habían terminado. Vivir juntos y solos en los bosques de Maine le resultaría extremadamente incómodo. Aunque hubiera problemas no resueltos entre ellos, no le cabía duda que la química seguía existiendo.
–¿Y mi secretaria? –preguntó. Había heredado a la amable empleada tras la muerte de su padre. La mujer llevaba trabajando en la empresa desde que Bush padre era presidente. Estaba apegada a sus costumbres y la tecnología la desconcertaba. Pero, al menos, no era Helena.
Fabio hizo una mueca.
–En primer lugar, es un desastre. Podemos hacerle una buena oferta para que se jubile. Helena te ayudará a encontrar una sustituta.
Dan inhaló con fuerza ante la idea de que Helena lo ayudara en lo que fuera. Apretó los dientes.
–¿Qué te dijo Helena cuando le pediste que viniera? –Helena y él habían conseguido evitarse casi todo el tiempo desde la ruptura. Sin embargo, ella había acudido al funeral de su padre.
A pesar de todo, a Dan le consoló su presencia.
Nathan se levantó y se desperezó.
–Nos dijo que haría lo que fuera necesario para que Maxwell River Outdoors siguiera funcionando. Es encantadora. Es mucho pedirle que te soporte.
–Es verdad –Fabio consultó su reloj–. Me tengo que ir. Tengo una cita con un contratista dentro de veinte minutos.
Los hermanos llevaban tiempo sospechando que eran víctimas de espionaje industrial. Dos de los diseños de Fabio habían sido copiados y lanzados al mercado. Eran de inferior calidad y no exactamente iguales que aquellos en los que trabajaba, pero se parecían lo suficiente para despertar sospechas...