Adara es hija del temido y respetado duque de Edimburgo.
En una visita al palacio queda perdidamente enamorada del príncipe heredero de Inglaterra, el joven Basil. Luego del asesinato de su padre ocurren varios sucesos que la llevan a separarse del hombre que ama. Pasados cuatro años, ellos se vuelven a encontrar, pero ella no lo recuerda ¿Podrá Basil ganar su corazón por segunda vez?
Una novela ambientada comienzos de la edad moderna, que lo tiene todo amor, odio, traición, y deseo.
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Capítulo X - Tócame
[Imaginar también es vivir]
Adara estaba intranquila pues no sabía lo que el príncipe diría al verla de nuevo, no quería quedar como una idiota, o como una doncella más de las que rogaban un poco de su atención. El no saber comunicar sus sentimientos fue error de ambos, pero Adara sentía que fue demasiado tajante con lo que expresó y quería enmendar sus palabras.
Todos en casa estaban dormidos pues ya era muy tarde, normalmente la familia ducal y la servidumbre se acostaba a dormir antes de la media noche, pero ella seguía dando vueltas en su habitación con miles de ideas en su cabeza, si Basil no contestaba su carta habría perdido la oportunidad con el primer hombre que despertó su interés en la vida y si contestaba tampoco sabía exactamente que debía hacer.
Dos sirvientas encargadas de la cocina de la casa ducal dialogaban tranquilamente en medio de la noche cuando ya todos se habían ido a dormir. Adara sintió sed antes de acostarse así que fue a la cocina por un vaso de agua, antes de entrar escuchó a las dos mujeres riendo y hablando en voz baja así que decidió escuchar un poco detrás de la puerta que estaba entreabierta.
- Fue el momento más bello de mi vida\, él suele ser muy tierno conmigo\, pero esa noche sentí que era el hombre más apasionado del mundo\, parecía que mi cuerpo se llegaría a partir por la ferocidad de sus estocadas\, no hice mal al casarme con un soldado\, sus musculosos brazos me hicieron sentir en el cielo\, y percibir... la verdadera felicidad. – Le decía una de las sirvientas entre risitas a su amiga en la cocina
- Solo de escucharte siento mis orejas calientes Ja\, ja ¿No te dolió? escuché una vez decir que la primera vez duele mucho. – La otra sirvienta se reía nerviosa al escuchar a su amiga hablando de eso.
- Claro que dolió al principio\, pero luego solo sentí el mayor placer de mi vida\, él sabe moverse muy bien\, además sus manos saben dónde exactamente tienen que tocar para hacerme sentir como si flotara en un inmenso cielo de lujuria y placer intenso. Fue taaan romántico y pasional a la vez. Y déjame decirte que me siento afortunada pues la mayoría de mujeres no sienten placer en su primera vez\, ya que casi todos los hombres\, salvo excepciones por supuesto\, solo piensan en sí mismos.
- Sabes no deberíamos hablar de esto aquí\, si nos escucha Lucilda o cualquier otra persona nos daría un sermón que incluiría como penitencia cien rezos y algunos latigazos Ja\, ja\, ja.
- Ya me imagino a la pobre mujer mencionando que estoy enferma por sentir cosas tan obscenas y peor aún hablarlas con una mujer virgen\, pura y casta como tú Ja\, ja\, ja. Ya sabes nadie platica de estos temas por temor de que las nobles señoritas se corrompan antes del matrimonio.
- ¿Y no es así? Bueno siempre he escuchado a gente siempre decir que una mujer que siente deseo por intimar con su pareja está enferma\, pero yo si quiero casarme con alguien a quien pueda amar y zarandear en la cama a la vez. Así me tachen de impura.
- Así es querida\, pero si un hombre dijera lo mismo\, le aplaudieran e incluso sus padres les darían dinero para que aprendan más y disfruten de sus deseos carnales en un burdel. Pero te digo mujer no hay nada mejor que tener fantasías\, sentir pasión por tu pareja y que él sienta lo mismo\, ojalá algún día la sociedad deje de satanizar estos temas "delicados".
Escuchar aquello hizo que Adara se sumiera en profundas memorias, que recordara la sensación que tuvo al besar al príncipe, ese cosquilleo en su entrepierna, la calentura de su rostro, y su piel erizada, se olvidó que fue a tomar agua y volvió a pasos largos a su recámara. Todo lo que sintió en el momento fue consecuencia del placer, no era algo anormal como ella pensó, tal vez si estaba enferma, pero enferma de amor. Despues de dar una docena de vueltas por su habitación, se paró frente al espejo, tocó su cara, respiró profundo y al recordar lo que experimentó con Basil esa tarde, se sintió excitada, lo que escuchó en la cocina despertó sus bajos instintos.
Se comenzó a desvestir, cuando tenía el torso desnudo pasó su mano por él, luego se acostó en su cama y se desvistió por completo. Comenzó a tocarse levemente la piel del vientre, mientras veía con ojos perdidos el techo de su habitación fantaseando libidinosamente por primera vez.
Imaginando las grandes manos de Basil recorrió su cuerpo, tocando sus pechos, masajeando sus pezones, justo ese momento sintió que su piel quemaba. Sus manos siguieron bajando haciendo que la sensación de satisfacción creciera cada vez más, juntó sus manos en medio de sus piernas, luego, con la una se acarició los muslos, y con la otra tocó sus partes. Recordó las palabras de la mujer, tal vez era así como se sentía, el toque y su consecuente efecto, le gustó.
Continuó tocándose mientras imaginaba a Basil encima de ella con su mirada penetrante, sintió que su matriz se contraía, aceleró un poco el ritmo, hasta que percibió que se acercaba al éxtasis, su mano se movió mucho más rápido en círculos haciendo presión en su botón hasta que llegó a un punto en el que no pudo más y su interior liberó jugos de placer, ella se echó hacia un lado de la cama con la cabeza hacia atrás, jadeando fuerte y no podía creer lo que acabó de hacer.
Se sintió satisfecha y un poco confundida, no tenía ni idea de que era lo que había hecho, recorrió la habitación con la mirada, tenía sus ojos entrecerrados por el agotamiento. El deleite que obtuvo en efecto era algo nuevo, e imaginar que en algún momento todos esos pensamientos inmorales podrían hacerse realidad con el hombre que estaba en su corazón le hacía sentir feliz y completa. La chica se levantó tomó un baño rápido, cambió las sábanas de su cama, que fueron testigos de lo que hizo y se volvió a acostar.
Luego de un momento de pensar y pensar, abrazó sus piernas acurrucó su cara debajo de las sábanas y se quedó dormida, esperando que en alguna ocasión el príncipe la escuchara de nuevo para hablarle con sinceridad de lo que en su enredada imaginación, eso incluía la situación del asesinato de su padre, del dolor de su familia, de sus problemas e incluso los deseos más íntimos que quería llevar a cabo con él en algún momento.
¿Un capítulo inesperado o necesario para confirmar lo profundo que estaba Basil en la imaginación de la doncella?