June escapa del prostíbulo al que fue vendido por tener rasgos femeninos, decidido a recuperar su libertad. En su camino conoce a Ángel, un hombre rico con el corazón hecho pedazos. Dos almas heridas, dos mundos distintos y un mismo anhelo: encontrar el amor. Juntos deberán enfrentarse a las sombras de su pasado y descubrir si, incluso después de tanto dolor, es posible volver a amar sin miedo.
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2
Sonaba una canción desde el estéreo del vehículo y sus manos estaban aferradas al volante. Él parecía no creer lo que había pasado. De vez en cuando, sentía que me miraba de reojo y sí, realmente se veía sorprendido de tenerme viajando a su lado. ¿Por qué decidió ayudarme? ¡Pensé que me dejaría allí!
—¿Sabes dónde estamos? —Pregunté después de unos minutos en la carretera.
Habíamos dejado aquella parte de civilización y nos habíamos adentrado en una carretera muy amplia desde la que se veían muchos edificios y luces a la distancia. ¿Así debía lucir la ciudad de noche?
—Estamos en... tú... ¿te encuentras bien?
—Ahora estoy bien. No te preocupes por lo de hace rato, solo me golpee en la pierna, fue un leve dolor, pero gracias, estoy bien. Yo realmente no sé dónde estamos.
—Pensé que vivías en ese lugar. Parecía un alboroto enorme.
¿Se había percatado del incendio?
—Pues sí. Vivía allí. Ahora estoy contigo y no pienso regresar. ¡Gracias por dejarme subir!
—¿Tan mal lugar era?
—¿Por qué crees que estaba huyendo de ese hombre?
No respondió, ligeramente sonreí al imaginar que meditaba en todo esto. ¿Le doy asco? Su mirada es muy profunda y no lo culpo, mi aspecto y aroma son desagradables.
—¿Podrías dejarme en algún sitio por ahí? Ahora estamos lejos de donde me encontraste.
Se giró a mirarme unos segundos. Mi pregunta pareció intrigarle.
—¿Y tu familia?
—No tengo familia.
—¿Por eso huías?
Negué con una sonrisa, aún no me sentía vulnerable.
—Es una larga historia que no vale la pena escuchar —deje escapar un suspiro—. Entonces, ¿podrías bajarme en la próxima gasolinera, o el próximo poblado? ¡Por favor! Te lo agradecería muchísimo.
Su rostro parecía brillar en la oscuridad. Sus ojos eran los más brillantes.
—Sí. Está bien.
Después de eso no hubo más que platicar. Mi pierna ya no me dolía, el asiento era de piel y me sentía muy cómodo aquí. ¿A dónde iría? ¿Qué pasaría conmigo? ¿Qué sería de mí? Tantas cosas que no lograba aclarar. ¡Había logrado escapar del prostíbulo!
Después de un rato vi a lo lejos el letrero de una gasolinera y nos acercamos rápidamente.
—¿Seguro que quieres que te deje aquí?
Estaba la gasolinera, una tienda de carretera y un puesto de comida rápida que estaba cerrado. Parecía una buena zona para ser las tres de la mañana. ¿Estaría fuera de peligro en ese lugar?
—Sí. Yo, bueno, lo único que necesitaba era huir de donde me encontraste y creo que lo he logrado.
Hizo un gesto curioso. Arqueó sus cejas.
—¿Tan mal lugar era?
Parecía interesarle mucho mi situación.
—Era un pésimo lugar, aunque siendo sincero, ese pésimo lugar era todo lo que tenía.
—Entiendo.
¿Realmente entendía?
—¿Entiendes? —Negué con la cabeza—. En realidad, no creo que tú puedas entender. ¡Soy un prostituto! Bueno, también suelen llamarme “su mujer”. Seguro que nunca pasaste por lo que yo he tenido que lidiar.
Lo deje con la boca abierta. A veces sentía que mi carácter era muy duro, pero es que, mis circunstancias me habían convertido así. ¡No tenía elección!
—Yo, no quise...
—Descuida, no pasa nada. En verdad. ¡Muchas gracias por tu ayuda! Eso es lo único que puedo darte ahora, solo las gracias. No tengo dinero para pagarte el viaje y no pareces ser como los hombres con los que suelo acostarme. ¡Creo que siempre estaré en deuda contigo!
Su mirada tiene compasión.
—Yo espero que estés bien, no es necesario que te sientas en deuda.
—Tenlo por seguro que si tú no hubieses pasado por ahí en ese momento, no sé qué sería de mí. ¡Quizá seguiría en lo que queda del prostíbulo! —Desabroche el cinturón de seguridad, abrí la puerta y baje de su camioneta—. Ten un buen viaje muchacho. ¡Espero que te vaya bien! Creo que tienes un buen corazón porque no me negaste tu ayuda. ¡Gracias! Nunca lo olvidaré.
Le dediqué una sonrisa, asintió y finalmente, cerré la puerta. De pronto, el viento de la madrugada soplaba con demasiada intensidad. ¿Y ahora? Comencé a caminar pensado en las posibilidades de mi futuro mientras me retorcía de frío. ¿Dónde pasaría la noche? ¿Qué sería de mí? Es obvio que cuando una persona quiere huir de un pasado oscuro jamás piensa en cómo le irá en el futuro. Me concentré demasiado en escapar del prostíbulo que me olvide de pensar hacía donde exactamente podría huir. ¡Jodido estaba!
—¡Espera! —Exclamó.
Me detuve.
Despacio, me gire a mirarle. Se había bajado de la camioneta para caminar en mi dirección. Pude notar que su estatura era considerable y que su edad rondaba entre los veinticinco o treinta años.
—¿Ocurre algo?
No hubo una respuesta al instante, se acercó más a mí.
—¡Yo puedo ayudarte!
Sus palabras me sorprendieron. ¿Lo decía en serio?
—Descuida. Ya me has ayudado bastante, no te preocupes. ¡De verdad!
—Parece que no tienes a dónde ir. Es verdad, quizá escapaste de aquel lugar, pero... ¿Y qué será de ti? Yo creo que puedo ayudarte más de lo que ya te he ayudado.
Su pregunta coincidía con mis pensamientos. ¿A dónde ir? ¿Qué hacer? ¿Debía escucharlo? Sentí como si me hubiese leído el pensamiento.
—No quiero ser una carga. Además, tú pareces ser un buen muchacho y yo... ¿Qué te puedo decir? Nuestros mundos parecen distintos. Solo es cuestión de comparar nuestra ropa.
Se acerco más. Su vestimenta no era de un hombre ordinario y su camioneta no era sencilla. Hombre joven con un semblante seguro, labios rojizos, cejas abundantes, perfume de naranja y un porte extremadamente educado. ¿El prostituto y el buen hombre? En verdad que no era una buena combinación.
—Prometo no hacerte daño, puedes estar tranquilo. ¡No te lastimare! Yo no pienso en ti de esa forma. Con toda sinceridad te digo esto, creo que no hay diferencia entre tú y yo. Al final los dos somos humanos, personas con sentimientos y sueños. ¿No crees?
Me impresionó mucho su respuesta.
—¡Gracias! Pero...
—¡Por favor! Quiero ayudarte. ¿Está mal que quiera hacerlo?
Tragué saliva, apreté los labios. Hice un gesto pensativo, mi cabello se había alborotado por el viento y mis ojos se comenzaban a llenar de cansancio.
—¡Soy June! —Extendí mi mano hacía él.
—¡Un gusto June! Mi nombre es Ángel.
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**Pasado**
Recuerdo que ese día yo le gritaba a mi madre, le imploraba por ayuda, pero ella nunca salió. Él era un hombre canijo, despiadado y muy malo en todo sentido. ¿Qué será de mi madre ahora mismo? Papá le daba unas golpizas tremendas y a nosotros sus hijos, siempre nos trataba como basura. El alcohol era su perdición y el vicio que tal vez nunca podrá vencer.
Todas las noches yo iba a la cama de mi hermano menor, me recostaba junto a él y ponía mis manos sobre sus oídos para que mi pequeño pudiera dormir. ¡Sí! Yo me desvelaba escuchando las peleas de mis padres, escuchaba golpes y palabras muy duras. No quería que mi hermano sufriera más de lo que se pudiera soportar a esa edad.
Nunca entre a la escuela. Papá nunca quiso invertir dinero en la educación de sus hijos. En total tuvo cuatro. Tres hombres y yo era su único error. Mis hermanos mayores habían huido en busca de una mejor vida y solo éramos mi hermanito y yo. Aprendí a leer porque una vecina mía, una niña llamada Julia me enseñó cosas que regularmente se aprenden en la escuela. Julia era mi única amiga/vecina/compañía y conocía mi sufrimiento. Papá era la razón por la que nuestra vida era un tormento. ¡Y sí! Un día lo perdió todo a causa de su vicio.
Tenía que pagar un préstamo que había pedido a un hombre conocido en el pueblo donde vivíamos. ¿De dónde sacaría dinero? ¿Como le perdonarían la deuda si no teníamos ni un centavo?
¡Deshaciéndose de su único error! Vendiendo a su hijo el femenino.