He visto a los ojos del diablo, su nombre es Alessandro Russo y ha vuelto dispuesto a arrastrarme al infierno. El no se ira sin saldar las cuentas pendientes, y el y yo tenemos una que me ha atormentado por años. El legado de mi familia esta en juego, todo por lo que he sacrificado cada parte de mi vida. El esta dispuesto a salvarnos, pero quiere algo a cambio. Yo.
Al contrario de lo que pensaba el no quiere que muera para pagar por mi pecado, el quiere que viva, por el, para el, convertirme en su esposa, su posesion, el quiere castigarme, y talvez quiero lo mismo, talvez creo que me lo merezco.
No se supone que deba caer de nuevo en este espiral de deseo sin control, que deba mostrarle mis mas oscuros confines a mi captor. Mi esposo es mi mayor enemigo me repito todos los dias, pero no termino de creerlo. No cuando me mira como lo hace, no cuando me toca como si no pudiera tener suficiente, estoy atrapada en su red y no creo que me deje ir nunca.
Talvez no quiero que lo haga
NovelToon tiene autorización de Yabl para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 2: El tesoro de la Ndrangheta
Mi padre y Alessandro se dan la mano en una postura tensa, nos levantamos listos para alejarnos de este lugar y ver a mi padre explotar en otro lado, pero cuando intento irme un brazo en mi cintura me lo impide, soy atraída hacia atrás hasta que mi espalda toca su pecho, una montaña de musculo que me roza la piel y eriza cada vello de mi cuerpo.
—Mi esposa no se ira, ahora me pertenece, tomaremos un vuelo a Chicago en unas horas. Estaremos un tiempo fuera ocupándonos de algunos asuntos importantes, asi que si quieren despedirse háganlo ahora.
Mi familia me mira cada uno con una expresion diferente, mi madre parece a punto de perderlo, la expresion de angustia en su rostro me cala por dentro, se muerde los labios, obligándose a no desbordarse delante de estas personas, esta a punto de perder a la unica hija que le queda.
Intento dar un paso hacia ella, pero el agarre en mi cintura me detiene, me obligo a inhalar el aire contaminado por su perfume, y exhalar en una respiracion nerviosa.
—Me puedes soltar —le digo y el aprieta mas, siento su respiracion caliente en mi oido.
—Si lo pides amablemente, esposa.
Me tiemblan las manos, mi corazon late con fuerza en mi pecho y odio pensar que el lo esta escuchando.
—Me dejarías despedirme de mi familia, esposo… Por favor —termino en un susurro, cerrando y abriendo los ojos, intentando controlar la expresion en mi rostro.
No soy debil, no puedo serlo.
—Claro —responde y entonces me suelta, se aleja.
Me acerco a mi madre y ella me abraza sin dudarlo, esconde el rostro en la curva de mi cuello, es mas pequeña que yo, tan fragil como una pequeña flor, y la sostengo como siempre lo hice.
—Lo siento —susurra en mi cuello —Lo siento tanto, mia tesoro.
He perdido la cuenta de cuantas veces he escuchado esas palabras salir de sus labios, y como todas las veces no digo nada, no se que responder, simplemente la abrazo, acaricio su cabello y luego me alejo, sonriéndole, limpiando las lagrimas de su rostro.
—Te amo, mia tesoro, por favor, prometeme que te cuidaras —suelta entre sollozos entrecortados.
—Lo hare, madre, lo prometo.
Mi padre la toma del brazo, conteniendo de inmediato la represa que se desborda en su interior
—Basta Vittoret —la mueve detras de el como si quisiera esconderla, esconder sus debilidades al mundo, sus ojos se clavan en los mios —Eres mi mayor orgullo, mia tesoro, tu si sabes lo que debes hacer, tu si tienes la fuerza para lograrlo.
Sus palabras me atraviesan como un cuchillo que abre de nuevo todas mis heridas, escarba, destroza.
—Adios, Violet —se da la vuelta y se aleja, no hay abrazos, no besos, ni siquiera una palmada en el hombro, nunca lo hubo.
Belian me mira, tiene el rostro serio, la mandibula apretada y por largos segundos no dice nada, el azul en su ojo derecho esta mas oscuro de lo normal, el verde en el izquierdo es como pasto muerto.
—Letta...
Mi nombre sale de sus labios, corto sus palabras antes de que siga.
—Ve a casa, Belian, dile a Dora que recoja el diamante, cuidalo por mi.
Sus ojos se abren solo una pequeña fraccion y despues solo asiente, lo abrazo respirando el aroma a menta en su piel, me alejo dedicándole una media sonrisa y esta vez no la corresponde, su mirada pasa por los hombre detras de mi y luego da la vuelta y se aleja, la puerta se cierra detras de el y estoy aquí, atrapada con dos hombres que quieren destrozarme.
No me muevo de mi lugar mientras Alessandro se acerca, me rodea hasta detenerse delante de mi.
—Bueno, primero lo primero, tus armas, entregalas.
Llevo la mano a mi espalda en donde tengo mi arma escondida y la dejo caer en su mano, despues dentro de mi pequeño saco, tomo la daga y se la doy, desarmada ante mi captor.
El sonrie, se mueve hasta la mesa larga al otro lado y suelta mis armas, luego se voltea, estira la mano de nuevo.
—El cuchillo escondido en tu bota, dámelo.
Mis manos se aprietan y suspiro antes de inclinarme y tomarlo, camino hacia el y se lo entrego, ahora si completamente desarmada.
El sonrie, su mano se posa en mi mejilla, no es un toque afectuoso, no una caricia, me mira como si fuera una pequeña niña y el lo supiera todo sobre mi.
—No necesitas tener esas armas esposa, yo voy a cuidarte, tienes un ejercito de personas que cuidaran con su vida a la princesa de la mafia, la nueva esposa del capo.
¿Y quien me cuida de ti?
Lo pienso, pero no lo digo, es estupido, incluso si estuviera en peligro, no haria nada, me he entregado voluntariamente para salvar a la organización a la que le he entregado mi vida, por la que lo he entregado todo, y el lo sabe, me conoce lo suficiente como para saber que haria lo que fuera por la organización, que seria capaz de lo que sea, esa es la imagen que tiene de mi y esa es una de las razones por las que me odia.
El rie, con una emocion oscura y retorcida en su rostro, aleja su mano de mi mejilla y se aleja tarareando.
—Ay Violet, Violet, les ha entregado tu vida a la organización y ahora ellos te han entregado a ti sin dudarlo. El tesoro de la Ndrangheta —suspira— Y te han entregado asi sin mas, al parecer no eres tan valiosa como siempre quisieron hacer ver ¿Quien entregaría un tesoro tan fácilmente?
—Yo no lo haria —tararea Leonardo con burla.
Alessandro me mira, sus ojos almendrados brillan, inclina el rostro hacia un lado con fingida empatia.
—¿No te arrepientes? Se lo has entregado todo, has destruido vidas en nombre de la organización, incluso la tuya propia.
—No me arrepiento.
Mi respuesta lo hace fruncir el ceño y sigo.
—Soy una Bianchi, ellos no me entregaron, yo lo hice.
El niega con su cabeza, vuelve a tomar asiento en su lugar de antes, abre las piernas y palmea su muslo.
—Ven aquí, esposa —ordena, mirándome fijamente, como si me estuviera probando.
Su mirada me atraviesa, mis musculos se contraen, me pesan las piernas, cada paso que doy cerca de el estoy mas cerca de entregar mi control, el control por el que tanto he luchado, se desmorona mientras mas observo sus ojos, mientras su poder me atrae, me aplasta hasta dejarme sin aire, caigo sobre su muslo y enreda el brazo en mi cintura, mi piel se caliente con su agarre, me muerdo los labios evitando soltar el suspiro que quiere salir.
No deberia gustarme, deberia repeler el contacto del enemigo, pero no lo hago, mi cuerpo no obedece a mi cerebro, mi pierna rebota inquieta, me lleno de anticipacion a cada segundo, no se cual va a ser su siguiente movimiento.
Me toma del menton volteando mi rostro hasta que nos miramos a los ojos nuevamente, y me quedo ahi, atrapada en el caramelo de sus ojos.
—Ya no eres una Bianchi, eres Violet Russo, mi esposa, recuerda muy bien en donde esta tu lealtad ahora —su agarre se vuelve mas fuerte, me aprieta sin lastimarme, sosteniéndome hasta que mis labios se entreabren, y entonces su mirada se desvía, me mira los labios por largos segundos y no puedo evitar hacer lo mismo, detallar la forma de sus labios, su labio inferior ligeramente mas lleno que el superior, una proporcion perfecta —Ahora tu lealtad esta con nosotros, con quienes ayudaste a destruir en el pasado —suelta con veneno en sus palabras.
—Yo… —estoy a punto de negarlo, pero me detengo, no puedo convencerlo de lo contrario, ni siquiera he podido convencerme a mi misma, es una batalla perdida, una que ya no quiero seguir luchando.
—La Ndrangheta se esta desmoronando, tu preciado legado dejara de existir, solo yo puedo salvarlo, esta en tus manos, Violet —se inclina mas hacia adelante hasta que nuestras narices se rozan, respira en mis labios —¿Creiste que no volvería? Que podrias seguir viviendo tan tranquila despues de lo que hiciste.
—Volviste a vengarte —exhalo en un suspiro, no es una pregunta, es una afirmacion, lo se— Hazlo. Estoy lista para pagar por mi pecado —mi mano toma la suya y la deslizo hasta mi cuello— Matame si eso es lo que deseas.
Sus dedos se aprietan en mi cuello, no lo suficiente para cortarme la respiracion, solo esta ahi, sosteniéndome.
—No es tu muerte la que quiero, princesa. Es tu vida —gruñe inclinándome hacia atrás y me persigue, demasiado cerca, sus ojos estan oscurecidos, por un momento no puedo ver mas que el odio en su mirada, años de rencor, el dolor que yo provoque —Cada respiracion, sera para mi, por mi, cada latido llevara mi nombre, ese es tu castigo, vivir complaciendo a quien siempre consideraste inferior.
El rencor en su voz es palpable. No importa lo que diga, las verdades que escondo, el nunca va a creerme.
Una vez abri los labios y condene a personas a las que amaba, es mi culpa aunque intente convencerme cada noche de que no lo es, no puedo borrar lo que hice, no puedo cambiar el pasado, y si pudiera… Talvez no lo cambiaria.
Ese es mi mayor pecado.