XVIII. Peligro.

El viaje fue sumamente largo, fueron al rededor de diez horas. El malestar de Aurore fue desapareciendo, gracias a que pudo dormir un poco en el viaje. Al bajar del avión una fuerte corriente de viento los azotaba, el tiempo era gélido y frío, ni hablar del cielo oscuro y nublado. Aurore se cubrió con la gabardina, pero aun así unos escalofríos recorrían toda su espina dorsal haciéndola temblar. Se montaron en una limusina negra, esta vez era otro chófer y parecía que se conocía con Alessandro, ya que se pasaron todo el camino hablando en italiano.

Florentino tenía demasiado frío a pesar de estar bien abrigado, así que lo abrazó intentando que entrara en calor. El recorrido duró veinte minutos hasta llegar a lo que parecía ser un aparcamiento subterráneo, todos los autos que estaban estacionados eran extremadamente lujosos. Bajaron y esperaron mientras Alessandro le daba algunas señas al conductor, después de eso se encaminaron siguiéndolo. Detrás los protegían varios escoltas y dos empleados que se veían como mozos de equipaje, habían aparecido de la nada.

Aurore escuchaba cómo Florentino tiritaba, estaba a punto de preguntarle si se sentía bien cuando Alessandro paró y se dio la vuelta, quitándose el saco del traje quedándose simplemente con camisa blanca, se preguntaba cómo no se moría del frío, pero el parecía estar acostumbrado a esas temperaturas tan bajas. Se acercó al pequeño y lo vistió con el, seguido de una risa entre ellos, se veía tan chistoso con la prenda, era enorme para su pequeño cuerpo.

Aurore no podía disviar su mirada de él, algo la impulsaba a no querer apartarla, sintió su corazón moverse frenéticamente al verlo sonreír, se veía tan seductor haciéndolo. Él sin previo aviso conectó su mirada con la suya, y si ella no estaba loca lo vio sonreír de lado, su mirada era tan penetrante, que ya no sabía si temblaba por el frío o por él. Apartó la vista después de un largo momento que para ella parecía ser una eternidad, siguieron caminando hasta llegar a un hotel, en la entrada tenía grabadas las palabras: "HÔTEL D'OR". Si Aurore no lo admiraba con sus propios ojos, no podría imaginar que un lugar así existiera.

Se adentraron al enorme y lujoso hall, un hombre de mediana edad bastante refinado los esperaba, en su rostro se dibujó una enorme sonrisa al verlos.

–Pero, ¿a quién tenemos aquí? Alessandro Ferrari, ¿cuánto tiempo ha pasado? Ya casi seis años, cada vez estás más galán. –Exclamó, tenía acento italiano.

Se dieron un cálido abrazo dándose palmadas en la espalda.

–¿Cómo has estado, padrino?

¿Padrino? Aurore los veía con atención.

–Bien, y ahora mejor que nunca al tenerte aquí, es un honor para nosotros recibirte. Te doy las gracias por no abandonar a este viejo y venir a visitarme, en vez de irte a tu gran casa aquí en Mónaco.

–No podía decirle que no a mi padrino.

–Era lo menos después de tanto tiempo pidiéndote que vengas a verme. Este hombre… –Dijo agarrando con calidez su brazo, deslizó su mirada a Florentino que se entretenía mirándolo atento–. ¿Es Florentino? Pero bueno, cómo has creido jovencito, a este paso serás igual de grande y fuerte que tu tío, ¿eh?

El pequeño lo saludó con su dulce voz y rio ante su comentario. El hombre al posar su vista en Aurore le dedicó la misma amplia sonrisa.

–Y esta bella dama, Alessandro. ¿Quién es?

–Es la niñera de Florentino. –Contestó sin apartar la vista de ella.

–Pues le doy mi más grata bienvenida, ustedes son mis invitados estrella. –Aurore sonrió por su comentario tan amable.

–Se lo agradezco de corazón, señor…

–Flavio Montanari.

–Muchas gracias, Sr Montanari. Parece un palacio.

–Un palacio para una princesa.

Alessandro sintió algo extraño en el pecho al verla sonreír, ahora que lo pensaba era la primera vez que la veía hacerlo, notó su pulso acelerarse al notar los hoyuelos que se formaban en sus mejillas.

–Perdonen mi indiscreción, pero si no me lo hubieran dicho, pensaría que usted es la enamorada de Alessandro, hacen una magnífica pareja.

Aurore lo vio apenada sin saber qué decir, miró en dirección a Alessandro y se sorprendió descubriendo que la estaba observando con una intensidad que jamás había visto en sus ojos. Sus pupilas se encontraban dilatadas y brillaban, se veía tan intimidante que no pudo mantener su mirada desviándola de nuevo al señor Montanari, pero este sonreía picaramente, era obvio que lo había notado también.

–Que ocurrencias tienes, padrino. –Dijo todavía mirándola fijamente. Aurore no lo veía, pero sentía su mirada vehemente sobre ella.

–No creas, Alessandro. A veces mis ocurrencias toman forma. –Era evidente que algo pasaba entre ellos, con tan solo mirarse las demás personas parecían desaparecer–. A veces las miradas dicen más que mil palabras.

–Alessandro quitó al fin su vista de Aurore entendiendo a qué se refería su padrino–. Digo, es una frase muy común aquí en Francia. En Italia dicen que las miradas dicen a gritos lo que el corazón calla.

–Olvidaba lo poético que eras. –Dijo Alessandro carraspeando.

Ahora estaba serio, más bien parecía enojado. Aurore cada vez lo entendía menos, definitivamente era bipolar.

–¿Qué esperabas? Soy un italiano, no pierdo mi romanticismo. Lo olvidaba, no pueden faltar a la celebración del 60° aniversario. Serán unos de los invitados más importantes.

–No creo poder asistir, padrino. Tengo que firmar un contrato con un socio y bastante trabajo por hacer antes de irme.

–Sabes que no te lo perdonaría, vienes hasta aquí y no asistes a la celebración. Este hotel lo construí gracias a tu padre.

Aurore notó cómo la mandíbula de Alessandro se tensaba notablemente, y su semblante cambió al escuchar lo último que dijo. Su padrino carraspeó nervioso.

–Perdona Alessandro, hablé sin pensar. Olvida lo que dije. De hecho, quisiera platicar contigo sobre un tema cuando puedas.

Alessandro estaba pensativo, de hecho parecía ni haber escuchado lo que dijo.

–No sé si yo debería estar presente en la fiesta. –Comentó Aurore intentando romper el hielo, el ambiente se notaba tenso.

–No tiene nada de malo, si mi padrino la invita puede asistir. –Le dijo Alessandro saliendo de sus pensamientos viéndola de nuevo, pero esta vez fue el quien desvió la mirada. Aurore asintió.

–Bueno no les quito más tiempo, vayan a descansar. Debió de ser un viaje muy duro.

Le entregaron a Aurore su tarjeta de la suite y subió en el ascensor junto con Florentino, ya que dormían juntos. Ascendiendo, vio cómo Alessandro hablaba con su padrino, parecía bastante molesto.

–Alessandro, perdóname. Sé que no debí sacarlo y mucho menos delante de ellos.

–Lo hecho, hecho está. –Dijo intentando calmarse, no quería desquitarse con su padrino y mucho menos por ese hombre.

–Quisiera hablar contigo. Sé que odias que saque el tema pero debo informarte. Eres como un hijo para mí, no quiero que te tome como sorpresa.

Alessando lo vio frunciendo el ceño.

–¿Qué quieres decir? ¿Tomarme por sorpresa, el qué?

–Ven conmigo a mi despacho, así tendremos privacidad.

Lo siguió por un largo pasillo bastante apartado de toda la multitud y se adentró después de él en un gran despacho con vistas a la ciudad. Se sentó en el confortable sillón de cuero, y agarró el vaso de Whisky que le brindó su padrino.

–Sé perfectamente que odias escuchar de tu… –Paró de hablar antes de decir la palabra–. De ese hombre, pues después de lo que hizo es comprensible pero…

Lo interrumpió Alessandro depositando el vaso sobre la mesa produciendo un fuerte ruido.

–¿Por qué te empeñas en recordarme a esa basura? No quiero enojarme contigo, pero parece que quieres provocarme.

–Alessandro escúchame, necesitas saber esto.

–¿Saber qué? Nada ni nadie que tenga que ver con ese desgraciado me importa, me juré a mí mismo que si lo volvía a ver lo mataba con mis propias manos. Así que si no quieres que eso suceda, deja de hablar sobre ello.

–Es importante, solo deseo que no te pase nada, y asegurar tu protección.

–¿Qué me va a pasar? ¿Piensas que le tengo miedo a alguien? No le temo a la muerte, llegará mi momento y lo esperaré tranquilo.

–Alessandro no hables así, no me gusta escucharte hablar de ese modo. Eres un hombre joven con una vida por delante. Sé perfectamente que no le temes a la gente, pero debes cuidar de tus espaldas, una borrasca se avecina y necesitas estar preparado.

–Padrino, me siento agotado como para escucharte ahora mismo. Si no es tan urgente puede esperar.

–De acuerdo, tienes razón. Descansa, pero mi obligación es prevenirte, cuando te desocupes hablaré contigo, ¿estamos?

–¿No desistirás, cierto? Está bien, hablaremos pero en otro momento.

Alessandro se bebió de un trago el whisky y salió del despacho.

La suite de Aurore era realmente preciosa, parecía de cuento de hadas, la cama era tan enorme que perfectamente podían dormir más de cuatro personas juntas.

Aurore desenpacó las maletas mientras Florentino dibujaba algo en su cuaderno, fuera no llovía pero el cielo estaba completamente nublado. Era bastante tarde, al terminar fue en dirección al aseo para depositar los productos de baño, en el ya se encontraban numerosos jabones y artículos del hotel. Ordenó un poco, volvió a la habitación y se alarmó al no ver al pequeño en la estancia.

–¿Florentino? –Preguntó en casi un grito, buscó en el pasillo y en todo el lugar, pero no estaba.

Resopló con el corazón latiéndole más deprisa de lo normal, mil cosas pasaron por su cabeza. No se perdonaría nunca que por su culpa algo le pasara, varias lágrimas se acumularon en sus ojos nublándole la vista. Corrió a la puerta saliendo de la suite y sintió que volvió a respirar al verlo junto a Alessandro, la suite de él quedaba justo al frente de la suya.

–Florentino... –Fue hasta él y lo abrazó. –No me hagas esto, me asustaste mucho.

–Vine a darle un dibujo a mi tío, Aurore. Y estabas en el baño, no quería molestarte.

–Nunca me molestas, da igual lo que esté haciendo, debes decirme, ¿de acuerdo? –El pequeño asintió. Aurore alzó la vista hacia Alessandro esperando a que la reprendiera, pero se sorprendió al notarlo tranquilo observándola en silencio.

–Perdóneme, señor Alessandro. Le prometo que no volverá a ocurrir.

–De igual forma nos protegen.

Aurore lo vio confusa y percató que no estaban solos, dos guardias se encontraban tras ella. Sintió alivio al verlos, con todo lo sucedido empezaba a intranquilizarse por cualquier cosa y ella no era así.

–Mañana me ausentaré la mayor parte del día, puede pedir que le traigan comida a la suite o si quieren pueden comer en el restaurante. No se preocupe por el dinero, estará todo a mi nombre. –A ella le sorprendió la calma con la cual hablaba.

–Tío, ¿podemos salir a pasear? –Preguntó Florentino entusiasmado.

–Siempre y cuando no salgan del hotel. –Dijo revolviendo el cabello del pequeño–. Vayan a dormir, ya es tarde.

Él seguía mirándola de esa forma, como cuando hablaban con el señor Montanari. La ponía nerviosa, así que simplemente le deseó las buenas noches y entraron de nuevo.

 

...--------------...

Al día siguiente, desayunaron en la habitación, Florentino pidió dar un paseo porque se aburría, lo abrigó bien y ella hizo lo mismo vistiendo un suéter negro acompañado de una falda gris de cuadros hasta las rodillas, tacones negros al igual que la gabardina, bufanda roja y por último se recogió el cabello en una trenza depositándola a un solo lado. Prefirió no maquillarse, dejando su rostro al natural. Se sentía mejor de salud, pero tenía dolor de cabeza.

–¡Vamos, Aurore! –Exclamó Florentino mientras ella agarraba su bolso.

–Sí, mi vida. Ya voy, solo un minuto.

–Por favor, quiero salir ya, estoy muy aburrido.

–Ya estoy. –Dijo tomándolo de la mano.

Salieron bajando hasta el hall, fuera había un extenso jardín repleto de gente, caminaron por un largo tiempo, el lugar era enorme;  habían tiendas, piscinas, restaurantes y bares, enormes estancias que parecían ser para celebraciones y eventos con sala de conferencias, gimnasios, extensas áreas verdes con paisajes naturales en los cuales se encontraban personas haciendo picnis o simplemente paseando, zonas de juego para los niños.

Florentino no pudo resistirse y le pidió permiso a Aurore para jugar. Ella se lo permitió sonriendo ante su insistencia, y el pequeño salió corriendo. Empezaba a atardecer, se sentó en uno de los bancos que se encontraban al rededor del parque, el pequeño parecía pasárselo en grande junto a otros niños, a Aurore le hacía tan feliz verlo así, por un momento cerró los ojos disfrutando del viento fresco cuando una voz bastante grave que desconocía la hizo saltar del susto en el sitio.

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Comments

Gladys Yapura

Gladys Yapura

que personaje será el padrino

2023-11-10

0

Lorena Larios

Lorena Larios

yo creo que debería hacerle caso a su padrino

2023-09-24

0

Flaquita Toledo

Flaquita Toledo

hasta ya estoy nerviosa

2023-08-15

0

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Capítulos
1 I. Temor.
2 II. Destino.
3 III. ¿Provocación?
4 IV. Reglas.
5 V. Presa.
6 VI. Diferente.
7 VII. Recuerdos.
8 VIII. Perdóname.
9 IX. Espanto.
10 X. Imborrable.
11 XI. ¿Segura?
12 XII. Opuestos.
13 XIII. Nunca.
14 XIV. Fiera.
15 XV. Amenaza.
16 XVI. Indiferencia.
17 XVII. Viaje.
18 XVIII. Peligro.
19 XIX. Prueba.
20 XX. Obsesión.
21 XXI. Confesiones.
22 XXII. Perdón.
23 XXIII. ¿Muerta?
24 XXIV. Desobediencia.
25 XXV. Misterios.
26 XXVI. Descontrol.
27 XXVII. Cambio.
28 XXVIII. Magia.
29 XXIX. Protección.
30 XXX. Adiós.
31 XXXI. Infierno.
32 XXXII. Escoria.
33 XXXIII. Peligrosa.
34 XXXIV. Aurore.
35 XXXV. Noticia.
36 XXXVI. Plan.
37 XXXVII. Roto.
38 XXXVIII. Por ti.
39 XXXIX. Confianza.
40 XL. Desolación.
41 XLI. Presentimiento.
42 XLII. Falsedad.
43 XLIII. Decepción.
44 XLIV. Castigo.
45 XLV. ¿Real?
46 XLVI. Inexistente.
47 XLVII. Acechados.
48 XLVIII. Loco.
49 XLIX. Amor.
50 L. Ayuda.
51 LI. Disculpa.
52 LII. Confesión.
53 LIII. Sentimientos.
54 LIV. Monstruo.
55 LV. Fuego.
56 LVI. Lujuria.
57 LVII. Pesadilla.
58 LVIII. Eternamente.
59 LIX. Sorpresa.
60 LX. Calidez.
61 LXI. Insaciable.
62 LXIII. Desvanecimiento.
63 XLIV. Secuestrador.
64 XLV. Durmiente.
65 LXVIII. Vida.
66 LXIX. Asesino.
67 LXX. Negocios.
68 LXXI. Creer.
69 LXXII. Amnesia.
70 LXXIII. Ubicación.
71 LXXIV. Flor.
72 NOTA INFORMATIVA.
73 LXXV. Advertencia.
74 LXXVI. Vivo.
75 LXXVII. Escapar.
76 LXXVIII. Verdades.
77 ACLARACIÓN.
78 LXXIX. Carnada.
79 LXXX. Cena.
80 LXXXI. Pasado.
81 LXXXIV. Necesidad.
82 LXXXV. Mensaje.
83 LXXXVI. Terror.
84 LXXXVII. Engendro.
85 LXXXVIII. Rojo.
86 LXXXIX. Momia.
87 XC. Odio.
88 XCI. Locura. (Final: 1°Parte)
89 NOTA INFORMATIVA 2.0
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Updated 89 Episodes

1
I. Temor.
2
II. Destino.
3
III. ¿Provocación?
4
IV. Reglas.
5
V. Presa.
6
VI. Diferente.
7
VII. Recuerdos.
8
VIII. Perdóname.
9
IX. Espanto.
10
X. Imborrable.
11
XI. ¿Segura?
12
XII. Opuestos.
13
XIII. Nunca.
14
XIV. Fiera.
15
XV. Amenaza.
16
XVI. Indiferencia.
17
XVII. Viaje.
18
XVIII. Peligro.
19
XIX. Prueba.
20
XX. Obsesión.
21
XXI. Confesiones.
22
XXII. Perdón.
23
XXIII. ¿Muerta?
24
XXIV. Desobediencia.
25
XXV. Misterios.
26
XXVI. Descontrol.
27
XXVII. Cambio.
28
XXVIII. Magia.
29
XXIX. Protección.
30
XXX. Adiós.
31
XXXI. Infierno.
32
XXXII. Escoria.
33
XXXIII. Peligrosa.
34
XXXIV. Aurore.
35
XXXV. Noticia.
36
XXXVI. Plan.
37
XXXVII. Roto.
38
XXXVIII. Por ti.
39
XXXIX. Confianza.
40
XL. Desolación.
41
XLI. Presentimiento.
42
XLII. Falsedad.
43
XLIII. Decepción.
44
XLIV. Castigo.
45
XLV. ¿Real?
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XLVI. Inexistente.
47
XLVII. Acechados.
48
XLVIII. Loco.
49
XLIX. Amor.
50
L. Ayuda.
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LI. Disculpa.
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LII. Confesión.
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LIII. Sentimientos.
54
LIV. Monstruo.
55
LV. Fuego.
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LVI. Lujuria.
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LVII. Pesadilla.
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LXXI. Creer.
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LXXIII. Ubicación.
71
LXXIV. Flor.
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LXXV. Advertencia.
74
LXXVI. Vivo.
75
LXXVII. Escapar.
76
LXXVIII. Verdades.
77
ACLARACIÓN.
78
LXXIX. Carnada.
79
LXXX. Cena.
80
LXXXI. Pasado.
81
LXXXIV. Necesidad.
82
LXXXV. Mensaje.
83
LXXXVI. Terror.
84
LXXXVII. Engendro.
85
LXXXVIII. Rojo.
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