El día transcurrió. Aurore intentó animar a Florentino pero él sólo quería cuidar de su tío, después del medio día el pequeñín estaba arriba junto con Alessandro que aún no había salido de su habitación. Se preguntaba cómo se encontraba pero eliminó esos pensamientos al instante, ¿estaba loca, o qué le ocurría?
No tenía por qué pensar en él. Estaba en la cocina con Olivia haciendo varios dulces y postres, Aurore preparaba una tarta de limón con merengue, era la favorita de Florentino. Al terminar lo dejaron todo reposando. Olivia ese día estaba muy cansada, le había preguntado por qué estaba en ese estado, y respondió que en la casa de invitados había tenido trabajo que hacer.
Olivia se sentó en una de las sillas con rostro de malestar.
–Olivia, ¿se encuentra bien? Debe haber trabajado demasiado hoy y su presión subió, no tiene que abusar de su fuerza.Vaya a descansar, yo terminaré lo que queda.
–No quiero darle más trabajo, mi muchacha preciosa, solo es un poco de cansacio. También tengo que preparar la cena.
–No acepto un no por respuesta, estoy segura que no le gustará verme enojada, yo me encargo de la cena. Mi mamá me decía; si trabajaras como enfermera te despidirían el mismo día, no soportas ver a un enfermo siendo terco.
–Entonces no puedo renegar, tendré que hacer caso a mi enfermera favorita, un poco gruñona pero muy amorosa.–Las dos rieron.
La acompañó, Olivia lo disimulada pero se veía que no se sentía para nada bien, a penas podía ponerse en pie. Se aseguró de llevarla hasta su dormitorio. Aurore, horas después terminó con los quehaceres, tenía todo listo y limpio, agarró la bolsa de basura y salió por la puerta trasera que daba al jardín. La lluvia se había detenido, pero el cielo estaba nublado y completamente oscuro.
Una ola de viento la golpeó, hacía mucho frío, caminaba rápido para volver a entrar dentro y refugiarse, no se puso nada para cubrirse del ambiente tan gélido. Habían hombres de seguridad esparcidos por todo el lugar como era habitual, sintió pena por ellos, debían de aguantar el tiempo que hacía a saber por cuántas horas.
Caminó unos minutos y llegó a los contenedores, estaban muy alejados de la casa, no había nadie en el lugar. Tiró la basura, y se asustó horriblemente al girarse y ver un hombre tras ella; tendría al rededor de cuarenta años, moreno y con traje negro. Estaba demasiado cerca para su gusto.
No le fue desapercibida la miraba que recibió por parte de él, deslizó sus ojos por ella, de arriba abajo. Se mordía los labios, y pasaba su lengua por ellos humedeciéndolos, la veía de una forma tan repugnante y libidinosa. Aurore miró a lo lejos, estaba completamente vacío, no pudo evadir el sentimiento de miedo.
Ese hombre tenía malas intenciones y eso lo podía percibir.
–Hola mi reina, ¿cómo estás? ¿Por qué tan solita? –Su mirada se detuvo en su pecho, lo que hizo que Aurore se asustara más.
–S-se equivoca, no estoy sola, de hecho me están esperando dentro. –Mintió, tenía que salir de ahí.
Se encaminó hacia la casa, pero él no le permitió el paso poniéndose delante, se acercó aún más.
–Pueden esperar, podemos... Pasar un buen rato primero. Sabes a lo que me refiero, ¿verdad? –Se acercaba, Aurore retrocedía.
–No quiero nada con usted, le pido que me deje en paz por favor.
Unas ganas de llorar enormes se apoderaron de Aurore, tenía un nudo en la garganta. Ese hombre se aproximaba sin hacer caso a sus palabras.
–¡Le digo que se aleje! ¿No escuchó? ¡Gritaré si no me deja en paz!
–Así que saliste muy salvaje, como a mí me gustan, yo te haré gritar pero de placer.
Aurore no pudo retroceder más, su espalda chocó con el muro de piedra que había al rededor de la fachada. Ese hombre estaba a unos centímetros de ella. Observó el lugar buscando algo con lo que defenderse, pero no había nada además de los contenedores y el jardín.
–Escúcheme... No quiero problemas con nadie, por favor, solo déjeme ir, ¿sí?
Las lágrimas amenazaban en salir, su cuerpo temblaba, estaba aterrada de lo que ese hombre podría ser capaz.
–Solo quiero pasar un rato muy rico, preciosa. Enseñarte unas cuentas cosas, seguro te encantarán.
La agarró del brazo acercándola a él, olía a tabaco, Aurore intentó zafarse del agarre pero la lastimaba demasiado, empezó a llorar desesperada. Después la atrapó por la cintura, poniendo la cara en su cuello para olerla, ella gritaba e intentaba separarse, lo que dificultaba que el pudiese besarla, se enfureció al no lograrlo.
Aurore logró darle una patada en la entrepierna, él cayó de rodillas maldiciéndola, despavorida quiso correr pero el miserable la agrarró del pie haciendo que cayera boca abajo.
–¡Maldita perra! Ahora si te enseñaré qué es un verdadero hombre.
La agarró del brazo levantándola de la hierba, pero esta vez fue el brazo vendado y la hería endemoniadamente, quiso abofetearla cuando alguien se lo impidió, agarrando su brazo. Aurore que tenía los ojos cerrados esperando el golpe, los abrió con miedo viendo a aquel hombre de nuevo, lo reconoció, fue el mismo que estuvo con Alessandro cuando intentaron matar a Jake.
En un abrir y cerrar de ojos el desgraciado que intentó abusar de ella estaba en el suelo noqueado. El hombre de traje sumamente elegante la volteó a ver; era rubio, ojos verdes, parecía tener la misma edad que Alessandro. Francesco se acercó, y Aurore se alejó aterrada, parecía un cachorro. Estaba pálida, su piel era casi traslúcida.
–Tranquila, no tenga miedo, me llamo Francesco. ¿Se escuentra bien?
Aurore asintió sin poder hablar, las lágrimas caían sobre sus mejillas sin parar.
–Déjeme hacer una llamada. Espere un minuto, por favor.
Habló con alguien por el teléfono, minutos después recogían al hombre del suelo y había desaparecido.
Francesco se acercó un poco a ella.
–Puede confiar en mí, solo quiero ayudarla. Soy mano derecha y mejor amigo de Alessandro. Venga conmigo, debe tranquilizarse.
Le señaló el camino con la mano para que caminara ella primero, llegaron a la mansión, él abrió la puerta para que pasara, la guió al salón. Aurore se abrazaba a sí misma, tenía mucho frío, la herida le dolía por el agarre tan bruto del hombre. Había parado de llorar pero temblaba, no sabía si era de frío o miedo. Francesco notó que se encontraba realmente afectada.
Él estaba en Florida dirigiendo un negocio y voló hacia allá lo más pronto posible después de la llamada de Alessandro, debía ayudarlo con el trabajo ya que él estaba indispuesto. Se sercioraba de que los empleados estuvieran cumpliendo su trabajo, dio una vuelta por todo el lugar y había escuchado gritos pidiendo ayuda, fue ahí cuando vio a Thomas, el supervisor de seguridad obligando a una mujer a responderle. Estaba claro lo que ocurría, había reconocido a la mujer, era la niñera de Florentino.
Tomó una manta y la cubrió con ella, Aurore se tranquilizaba con su amabilidad. Él se excusó, desapareciendo unos minutos. Aurore miraba al suelo, pensaba en todo; en cómo había llegado a esa situación, ella tenía una vida tranquila, trabajaba mucho pero al final del día su mamá la esperaba en casa. Empezó a llorar, ya no por lo ocurrido, extrañaba demasiado a su mamá, quería que la abrazase de la forma en la que lo hacía siempre, tan fuerte que olvidaba sus miedos y temores como cuando era pequeñita y tenía una pesadilla.
Ahora estaba viviendo la peor de su vida, y no la tenía a su lado.
–Aquí tiene, beba este chocolate caliente, le reconfortará del frío.
No había notado la presencia de Francesco, tomó la taza de chocolate caliente.
–Muchas gracias por todo señor Francesco, no sé qué hubiera sucedido si no aparecía. –Dijo con la voz un poco entrecortada.
–Es mi deber asegurarme de la protección de cada uno de ustedes. Pero por favor cuénteme, ¿qué ocurrió?
–Bueno... Yo salí a sacar la bolsa de basura cuando me encontré con ese hombre. Me hizo proposiciones indecentes, y yo me negué pidiéndole que me dejará en paz. Insistió e intenté huir pero me acechó, después... –A Aurore se le quebró la voz–. Después... Me agarró del brazo obligándome a corresponderle, grité y nadie me escuchó. Logré zafarme de su agarre golpeándolo pero me atrapó de nuevo, y fue ahí cuando usted apareció.
Aurore no quería especificar en los detalles, era difícil contar cómo ese cerdo olía su cuello, y la atrapaba por la cintura acercándolo a él y ella pataleaba e intentaba huir. Al recordarlo las ganas de llorar volvían.
Francesco lo notó, se iba a encargar de contarle todo este asunto a Alessandro en cuento se encontrase mejor. Había notado que su amigo tenía interés en ella, sobre todo por la forma en la cual la miraba, de seguro le gustará saber todo lo que pasó.
–Señor Francesco, iré a mi dormitorio. Le agradezco por todo.
–No es nada, cualquier otra cosa estaré por los alrededores o incluso en el despacho de Alessandro, me comunica si necesita algo, ¿de acuerdo?
–De acuerdo. –Aurore sonrió forzosamente, y se apresuró para llegar a su habitación.
Rápidamente se metió al baño, puso el cerrojo, empezó a desvestirse y se metió en la ducha, necesitaba quitarse ese asqueroso aliento de su cuello. No podía evitar llorar desconsoladamente. Cayó al suelo en una esquina de la ducha depositando su rostro entre las manos, mientras el agua recorría su cuerpo.
Después de media hora intentó calmar su llanto, salió de la ducha, y se cubrió con una toalla. Seguía teniendo frío, así que se apresuró a vestirse. Se secó el cabello, y lo dejó suelto. Estuvo un largo tiempo sentada sobre su cama, tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar.
Necesitaba hablar con el hospital para saber cómo era la situación de su mamá, seguramente estará confundida con lo que pasó y no verla junto a ella. Jake se hubiera encargado de crear una mentira más, como era habitual. Su cabeza iba a explotar si seguía así, decidió salir y buscar a Florentino.
Eran las siete de la tarde, el pequeño no estaba en su habitación, estuvo buscándolo diez minutos. La mansión era tremendamente grande, había descubierto estancias nuevas, se le ocurrió ver si estaba con su tío, pero sería raro, ¿seguía con él después de tantas horas? Al llegar tocó la puerta varias veces, pero nadie respondía.
Dudó en entrar, pero abrió lentamente. Suspiró al verlo plácidamente dormido, yacía abrazado a su tío, los dos estaban profundamente dormidos. Aurore se acercó hasta ellos. Podía ver que Alessandro se había dado un baño de agua fría, se dio cuenta por su cabello húmedo. Llevaba puesta una sudadera gris, así como su pantalón.
Había calefacción, pero seguía haciendo frío. Los cubrió con el edredón. Aurore no pudo evitar asegurarse de la fiebre de Alessandro, depositó suavemente el dorso de su mano sobre su frente, la fiebre había bajado, y por una extraña razón sintió alivio. Observó a Florentino, y acarició su mejilla, ese pequeño había robado su corazón, era el único motivo por el cual tenía sentido seguir en ese lugar.
Estaba dispuesta a salir, cuando escuchó una vocecilla llamarla.
–Aurore...
–Cielo, ¿te desperté? –Se dirigió hasta él.
–No, me desperté solo. –Aurore sonrió viéndolo hablar con los ojos entrecerrados.
–Te dejo con tu tío, ¿vale? Estaré en mi habitación.
–Por favor, quédate conmigo. –La agarró de la pierna con su diminuta mano.
–Mi vida, no puedo dormir aquí... –Susurró para no despertar a Alessandro.
–Por favor. Aurore, porfa...
–De acuerdo, cariño. Pero solo hasta que te duermas, ¿vale?
Él asintió cerrando los ojos. Aurore se acostó junto a él, acariciando su pequeño y dulce rostro. No pudo evitar levantar la vista y verlo, Alessandro se encontraba en frente de ella, solo estaba Florentino entre ellos. Se veía tan atractivo; tenía una barba perfectamente recortada, unas pestañas largas y negras al igual que su cabello. Su semblante era tan pacífico, sus rasgos definidos destacaban. Al final su mirada paró en sus labios, masculinos y sensuales... El recuerdo de aquel beso se hacía presente por milésima vez.
Desde que ocurrió no pudo olvidarlo, aunque hacía lo imposible por eliminarlo de su mente. No sabía exactamente qué era, pero siempre que la veía con esa mirada o la tocaba sentía que una corriente eléctrica pasaba por todo su cuerpo. Dejó de admirarlo, no quería que la atrapase observándolo.
Cerró los ojos solo un instante, el día había sido muy agitado; no durmió la noche pasada, todo el trabajo en la cocina ayudando a Olivia, su herida causaba en ella fatiga, después ese hombre... Se sentía agotada y afligida. Su madre, los sentimientos de tristeza, la sensación de estar lejos de ella. No sabía qué pensar, sentir o hacer para dejar de estar así, solo quería una cosa y era volver a ser la muchacha alegre que a pesar de que la vida no la tratase bien era feliz, volver a reír a carcajadas junto a su mamá... Solo eso.
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Updated 89 Episodes
Comments
Lalis Urban
tiempos muy difíciles para ella!
2023-11-16
1
Lorena Larios
los tres en la misma cama como familia
2023-09-24
0
Flaquita Toledo
es una chica fuerte apesar de tantas cosas que le han pasado
2023-08-15
0