Pasando por el corredor observó que en el jardín un coche negro entraba al aparcamiento, de el salía un hombre de negro, supongo que sería el chófer, abría la puerta trasera, de la cual salió una mujer de mediana edad. Se veía sumamente elegante, por lo que podía ver a esa distancia.
Se encaminó hacia una de las grandes casas al rededor de la mansión, Aurore tenía bastante curiosidad sobre quién era pero se limitó a llegar a la habitación del pequeño. Recogió los juguetes, y lo arropó bien con el edredón, no quería que pasara frío, Aurore sabía lo que era estar enferma en tiempos de frío, pero a diferencia de Florentino ella no tenía a nadie para cuidarla.
Tenía el cuerpo tenso, decidió darse un baño en el aseo de Florentino antes de ponerse el pijama. Estuvo enjabonándose un largo tiempo, terminó de enjuagarse, se puso el pijama y secó su cabello, calzó las pantuflas, y en silencio volvió al dormitorio, vio a Florentino dormir como un bebé.
–Sueña con los angelitos, precioso. –Lo besó en la frente con suavidad para no despertarlo.
Se estaba metiendo en el edredón cuando escuchó gritos que procedían del despacho, parecía ser la voz de Alessandro. Se oían sollozos y alaridos. Sin pensarlo corrió al lugar, tocó dos veces pero no escuchaba respuesta, los gritos seguían. Al abrir, Alessandro estaba dormido en uno de los sofás de cuero, y parecía estar teniendo una fuerte pesadilla.
Aurore se acercó a él, movía la cabeza como si estuviera siendo torturado, tenía la frente y el cuello cubiertos por el sudor.
Roma, Italia.
5 años atrás.
Paolo había viajado con su mujer e hijo, recién nacido, apenas tenía unas semanas de vida. Alessandro se encontraba con su padre, Aurelio.
–Padre, ya entregaron todos los mandados a los rusos. –Se sentó en el sillón en frente suyo, depositando su arma en la mesa.
–Bien hecho, son demasiado fastidiosos pero saben hacer buenos negocios.
–¿Qué pasó con la banda de Donato? Después de que mataras a su hermano por intentar robarnos, ¿no volvió a amenazarte?
–El muy inservible me amenazó de nuevo hace unos días, dijo que mataría a todos los míos, incluido a mí. –Entrecerró la mirada–. Que se atreva a tocar a alguno de los míos, y se arrepentirá del día en el nació.
–Así se habla hijo, eres el orgullo de esta familia, un hombre de verdad no le teme a nada ni nadie. Pronto tomarás todos los cargos. Paolo siempre ha sido un inútil. –Vociferó el mafioso entre dientes.
–Sabes que a él no le interesa nada de esto.
–Como el primogénito, debería seguir el ejemplo de su padre y no un cobarde que prefiere ser un médico de cuarta.
Resopló, no soportaba escuchar cómo su padre hablaba así de Paolo, él lo apoyaba en su decisión de no seguir sus mismos pasos. Antes de que pudiera responder alguien llamaba a Aurelio. Alessando se sirvió un rock glass de whisky macallan, lo bebió de un sorbo, dejó el vaso sobre la mesa y vio cómo el rostro de su padre se oscurecía.
–¡Maldito desgraciado! ¡No te atrevas a tocarlos, hijo de perra! –Exigió encolarizado.
Su padre descendió el teléfono después de colgar.
–¿Qué sucede? ¿A quién le gritaste? –Preguntó alterado Alessandro.
–Es ese malnacido Alessandro, se quiere vengar, tiene a Paolo, Mónica y Florentino. Quiere cobrarme lo que hice. Si no estoy ahí en media hora, los matan.
–¿Qué estás diciéndo? –Se levantó rápidamente cogiéndo su pistola Sig-Sauer P-226.
Salieron rápidamente de la casa, alistaron en filas a todos sus hombres, y se encaminaron en furgonetas negras. En el viaje Aurelio se dispuso a hablar con su hijo.
–Alessandro escúchame bien, ese hombre no se anda con juegos, tiene una banda muy poderosa pero no más que la nuestra. Tienes que estar alerta en todo momento.
–Padre, algo no parece estar en su lugar. Presiento que es una trampa.
Alessandro vio como las calles de Roma pasaban a toda velocidad por su ventanilla, era de noche, las leves y tenues luces hacían posible la visión. Se sentía inquieto, el aire había cambiado, era totalmente diferente, olía a sangre fresca.
–Ese desgraciado hará lo imposible por terminar con nosotros, pero antes acabaré yo con él. –Aurelio cargó su arma y volvió a mirarlo–. Alessandro recuerda, eres el orgullo de esta familia, no me defraudes.
No me defraudes...
Esas palabras retumbaron en su cabeza como si le martillasen con un taladro..
Actualidad.
-No... Paolo. ¡Lascia perdere!
《No... Paolo. ¡Suéltalo!》
Balbuceaba palabras en italiano. Aurore se sentó a su lado, no entendía lo que decía pero parecía llamar a un hombre.
–Señor Alessandro despierte, está teniendo una pesadilla. –Lo agitó levemente.
No tenía idea de qué era lo que soñaba, pero realmente parecía estar sufriendo.
–¡No! ¡Lascia perdere! –Grito levantándose de repente y abrazando a Aurore.
Algo que la tomó totalmente desprevenida. La abrazaba con fuerza, como si fuera lo único que tuviera y se la querían arrebatar. Ella lo veía tan vulnerable que lo abrazó de la misma forma.
–Ya pasó... no se preocupe, solo fue una pesadilla. –Acariciaba su espalda para calmarlo.
Estuvieron varios minutos así, hasta que Alessandro se apartó de ella. Se pasó la mano por su cabello revolviéndolo, mientras resoplaba. Vio su reloj con el ceño fruncido.
–¿Quiere agua? ¿Le traigo algo de beber? –Preguntó mirándolo con preocupación, algo le decía que no solo era una pesadilla.
–¿Qué hace despierta a esta hora? Son pasadas las doce. ¿Cómo llegó aquí? –No la miraba, recogía los papeles esparcidos por toda la mesilla. Se había hechado un rato para descansar, y se quedó dormido.
–Bueno... Florentino me pidió dormir con él, después de acostarlo decidí darme un baño antes de irme a la cama, cuando lo iba a hacer escuché su voz y vine a cerciorarme de que todo iba bien.
Él sin responder con todos los documentos ordenados se dirigió a su escritorio para guardarlos, se movía con dificultad, notaba que tenía un poco de fiebre, entró al cuarto de baño para refrescarse. Aurore al notar su malestar no dudó en servirle un baso de agua del jarrón que había sobre la mesa, esperaba a que saliese.
–Aquí tiene, bébalo para relajarse. –Le aconsejó dirigiéndose a él con el vaso en la manos.
Alessandro se secaba el rostro mojado con una toalla cuando la vio de reojo, de lo afectado que estaba por lo sucedido ni siquiera la había visto, vestía un body corto de manga larga de botones, los tenía abrochados pero sus pechos voluminosos se notaban, era tan ceñido que podía ver sus curvas a la perfección. Maldición, y sus caderas...
Se había quedado más tiempo del que debería observándola, notaba que ella se empezaba a incomodar. Tomó el vaso de sus manos y se alejó lo más posible de ella sentándose en el sillón de su escritorio.
–Entonces me voy a dormir con Florentino, si necesita alg...
–No necesito nada de usted, váyase a dormir. –Tenía que alejarla, sino iba a cometer una imprudencia.
Por alguno razón le molestaba su indiferente. ¿Es que se estaba volviendo loca? Ella debería odiarlo.
–Como usted diga... –Salió sin pensarlo dos veces.
Dejó todo como estaba y se dirigió a su habitación, temblaba del frío, con el jersey negro no se notaba pero tenía todo el cuerpo cubierto por el sudor. Siempre que los recuerdos lo visitaban, el pasado pasaba factura. Por mucha fiebre que tuviese, el interior le ardía más... Se encaminó a la ducha, tenía que bajar la fiebre.
...--------------...
Ya era de madrugada, no eran ni las seis de la mañana. Aurore no logró dormir bien después de lo ocurrido con Alessandro, así que decidió levantarse. Florentino seguía profundamente dormido, salió y fue a su habitación, se dio una ducha rápida, fue al vestidor y eligió un jersey beige de punto con el cual conjuntó con unos vaqueros azules de cintura alta.
Se vio al espejo y tenía unas ojeras espantosas, podían notarse de lejos, se puso un maquillaje natural pero suficiente para disimular la noche de insomnio que pasó. Por último dejó sus ondulaciones naturales en una cola de caballo.
Bajó las escaleras y se encaminó a la cocina, Olivia se encontraba ya en la estancia junto con su sobrina que también trabajaba ahí, era muy simpática, tuvo la oportunidad de conocerla cuando llegó. Le había dicho que se llamaba Anna. Estaban cocinando sopa y verduras cocidas.
No la oyeron entrar.
–Tía, no encuentro las pastillas que me pediste. ¿Se habrán acabado?
–Anna busca bien, las necesitamos con urgencia.
–Buenos días, ¿están tan temprano trabajando? –Intervino Aurore.
–Buenos días Aurore, no es costumbre, solo que Alessandro no se encuentra bien y necesita que le atiendan. ¿Qué hace tan temprano despierta?
–No pude dormir bien, así que decidí levantarme de la cama y ayudar un poco en la cocina.
Olivia sonrió. Aurore le parecía tan humilde y sencilla.
–Mi dulce muchacha, no se preocupe por eso, es como una invitada para nosotros.
–No diga eso, por favor. Yo no soy más que una empleada aquí, si necesitan cualquier cosa estaré a su disposición. Escuché que buscaban unas pastillas, ¿son para el señor Alessandro?
–Sí, me comunicó en la madrugada que necesitaba pastillas para la fiebre y le estoy preparando una sopa de verduras para alimentarse, y tomar la medicina.
–Lo cuida como a un hijo. Hace su trabajo de maravilla, huele demasiado rico.
–Para mi es como un hijo, llevo trabajando para esta familia desde que él empezó a dar sus primeros pasos.
–Pero, no es muy expresivo con usted...
No podía evitar indagar en cuanto a él, ese hombre le había quitado el sueño, era tan extraño, podía ser un patán total pero notó una faceta de él que jamás creería ver o ¿era por qué no se encontraba bien? Esa atención que le puso anoche al cuidar de su herida la había perturbado por completo, debía odiarlo por lo que le hacía pero sintió ganas de protegerlo al verle en esa situación. Aurore despejó esos pensamientos, no le hacía bien pensar en él porque la confundía.
–El único con el que es afectuoso es Florentino, su padre se encargó de convertirlo en el hombre que es ahora.
Aurore estaba a punto de preguntar por sus padres cuando Anna la interrumpió.
–¡Nada! Voy a volverme loca entre tantas pastillas. –Se quejó la muchacha, con exasperación.
–¿Qué pastilas buscas, Anna? Te ayudo. –Anna tenía casi su misma edad. Se habían caído muy buen.
–Aurore, pienso que se terminaron, mi tía es muy terca y me hace seguir buscando.
–¿Son de fiebre? Creo que tengo en mi habitación, me enfermo muy seguido en estos meses así que no dudé en agarrar varias de todo tipo.
–¡Ay! ¿De verdad? Gracias a dios que estás aquí, me has salvado, si no tendría que salir para comprarlas.
Aurore sonrió.
–No es nada, dame un minuto. Ahora vuelvo con ellas.
Así fue, subió a por la medicina y bajó de nuevo con un poco de prisa. Olivia ya tenía lista la comida, la puso en una gran bandeja, y Anna ya no se encontraba.
–Olivia, aquí tiene.
–Muchas gracias, no sé qué haríamos sin su presencia aquí.
–Si necesitan cualquier otra cosa no duden en hacérmelo saber, Florentino todavía no se despierta.
–Debe desayunar algo, Aurore. Tiene que cuidar su alimentación.
–Se lo agradezco, pero es muy temprano para desayunar, tengo el estómago cerrado.
–Bueno pero no tarde mucho, ¿de acuerdo?
–Se lo prometo. Me recuerda a mi mamá cuando me habla así. –Aurore rio.
–Me alaga que me diga eso, más me gustaría ser madre de una joven tan preciosa.
Las dos hablaban y reían cuando entró uno de los hombres de vigilancia.
–¿Olivia puede salir? Es una urgencia en la casa de invitados.
–Aurore debo subirle la bandeja a Alessandro pero tengo que ir a ayudar en otro lugar, ¿puede subírsela usted?
–Sí... No se preocupe.
Salieron con tal rapidez que Aurore quedó con interés, a parte de la mansión habían grandes casas al rededor, supongo de invitados.
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Updated 89 Episodes
Comments
Solecito feliz
no,no
2023-11-03
0
Solecito feliz
no,no,no me diga que Aurore es hijo del hombre que mató el padre de Alexandro? espero que no y que gane el ❤️
2023-11-03
1
Lorena Larios
Alessandro que viste cuando secuestraron a su hermano
2023-09-24
0