Abro los ojos. Los rayos del sol me apuntan en la cara y uso mi brazo para cubrirme de ellos. Bostezo. Me giro lentamente en la cama y veo que él está dormido a mi lado. Sus ojos están cerrados, su respiración es tranquila y no tiene playera. ¡Su pecho está desnudo y brilla con los rayos solares!
¿Qué hice para merecer esto? ¿Qué un hombre guapo esté en mi cama para dormir? ¡Al fin pude cumplirle su deseo! Sonrío ampliamente y me siento feliz.
Subo mi mano a su rostro y acaricio su nariz. ¡Es hermoso!
Me siento en la cama, tengo la intención de ir al sanitario y cuando estoy por bajar, me toma de la muñeca y sus ojos están enfocados en mí.
—¡Buenos días! —Me ánimo a decirle.
—¡Buenos días! —Se sienta en la cama. Veo su pecho completamente desnudo y su pectoral es hermoso. Con vellos oscuros que emergen de sus poros y sus pezones entre dorados y rojizos. Bosteza durante algunos segundos—. ¿Cómo estás?
—¡Bien! Todo en orden.
—Me da gusto saber eso.
—Le dije a tu madre que fuera a un hotel. Le di dinero porque no tenía con qué pagar —sus palabras me dejan pensando.
—¿Ella vino?
—Sí. ¿No recuerdas que paso anoche?
Dejo escapar un suspiro.
—La verdad no.
Asiente.
—Tu hermano murió en prisión.
Sus palabras me cayeron como balde de agua fría y sentí que mi corazón se detenía por algunos segundos. ¿De verdad había muerto? ¿Quién se había atrevido a hacer algo así?
—¿Cómo murió? —Me animo a preguntar.
Quiero calmar mis emociones y pensamientos.
—Sus compañeros de celda se encargaron de él. Investigue y parece ser que se vengaron de tu hermano porque no era un buen tipo. Le cortaron la garganta.
¿Vengarse de él? ¿Quitarle la vida? ¡Vaya que esto sí fue muy inesperado! Mi corazón latía con intensidad y de forma natural, mis lágrimas comenzaron a llover sobre mis piernas. La vida se había encargado de darle su merecido a Germán y el hecho de saber que ya no podría hacerme más daño, me hizo sentir extraño. Después de todo, era mi, hermano.
—Me cuesta un poco, creer que es verdad que él está muerto. ¡Jamás pensé que moriría asesinado!
Siento que se mueve sobre el colchón, sus piernas desnudas caen y su brazo me pasa por la espalda hasta mi hombro y me abraza.
—Siempre cosechamos lo que sembramos.
—Sí. Eso es verdad —digo mientras seco las lágrimas de mis mejillas—. Germán dijo que me mataría.
—¿Te amenazó?
—Sí. El día que perdí a mi familia, cuando ambos me corrieron de la casa, él me dijo que si me quedaba allí, se encargaría de matarme.
—¿Por eso huiste?
—No tenía otra opción. Sabía que Germán sería capaz de matarme. Antes se había encargado de usarme para... —me quede callado. Mi vida estaba siendo definida a causa de las malas acciones de mi hermano y no fue hasta ese mimo momento, que logre darme cuenta de que ahora estaba en mí el poder ser feliz. ¡Tantas noches llorando! ¡Tanto duelo en mi alma! La vida estaba mostrándome que aún tenía vida para usarla buscando la forma de ser feliz de verdad—. ¡Cómo sea! Ya no importa, él está muerto.
—¿Quieres ir a ver a tu mamá? —Se animó a preguntarme.
—No. Iré a ver a alguien más.
🔥🔥🔥
—No pensé que aceptarías mi propuesta de salir a cenar —Regino parece complacido con mi compañía.
Sonrío, el bebe un poco de vino. Estamos en un restaurante lujoso.
—Es que se presentó la oportunidad perfecta para poder aceptar tu invitación —le hice saber.
El mesero llego con nuestros platillos.
—Bueno, te parece si cenamos y al final platicamos sobre lo que me pediste —propone él.
Filete asado a las finas hierbas, vegetales marinados en salsa de nuez y pasta de ajo. ¡Delicioso! Tenía mucho tiempo que no salía a cenar a restaurantes de etiqueta, a papa le gustaba mucho llevarnos a ese tipo de lugares. ¡Los recuerdos buenos parecían florecer en mi mente! ¿Si papá estuviera con vida, como se sentiría de mí? ¿Estaría orgulloso o decepcionado?
—¿Qué te pareció la cena? —Pregunta él.
—¡Me encanto! La comida estuvo muy buena.
Asiente complacido por mi alegría.
—¡Qué bueno que lo disfrutaste! —Hace una pausa para beber el último vino que queda en su copa—. Ahora sí, háblame de lo que querías hablarme.
Inhalo un poco de aire, aún hay sabor de vino en mi boca y mirándolo directamente a los ojos, no me da miedo poder expresarme. ¡Fue este hombre quien me inicio en el sexo y con él, terminaría de enterrar mi cruel oscuridad!
—He traído el último pago de la deuda de mi familia. Cien mil pesos en efectivo —y sin miedo, le ofrezco un bolso de cuero color negro.
Sus ojos no se apartan de mi mirada y siento que esto es lo correcto.
—¿Cien mil pesos?
—Es el último pago que debo.
Parece un poco titubeante, pero al final, acepta el bolso. Ni siquiera lo abre, sus dedos acarician el cuero y sonríe ampliamente. ¿Qué piensa?
—No aceptaré este dinero como último pago.
—¿No lo aceptará? —Sus palabras me sacan un poco de onda.
—No. Estuve pensando y decidí que quiero otra cosa de ti como último pago de la deuda de tu familia —parece que hay un poco de lujuria en su mirada.
—¿Que es lo que quiere? —Me animo a preguntar.
—Una noche de sexo contigo.
Al instante, sus palabras hicieron que mi mente me llevara a recordar aquellas escenas del pasado que yo mismo había estado luchando por borrar de mi alma.
Regino me miraba con deseo, sus manos acariciaban mi pecho y en mi cintura, se aferró con toda fuerza. ¡Entro en mi cuerpo! Su sexo se deslizaba con facilidad y eso le causaba placer. ¡Yo no entendía nada! Mi cuerpo estaba ebrio y no había coherencia en mi alma. Acerco su boca a mi boca, me tomo del cuello, me beso y su peso me aplasto.
—¿Por qué pensaste que una noche de sexo sería mejor que cien mil pesos? —Me atrevo a preguntarle.
—Porque dinero ya tengo, cien mil pesos no son nada para mí —su voz me parece molesta, pero encuentro cierta lógica en sus palabras—. Sexo no he tenido y siento el deseo de volver a experimentarlo contigo.
Me rio, me causa mucha gracia.
—Dicen que el sexo es el consuelo para los que carecen de amor. Que lastima que con todo el dinero del mundo no seas capaz de poder tener cosas simples como el afecto, el amor y el pacer del sexo provenientes de una persona que realmente te ame —me animo a decirle—. Ahora entiendo que tú y mi hermano estaban en la misma situación. El dinero es poder, pero, ¿de qué sirve tanto poder si al final no recibes el amor que tanto anhelas?
Sus ojos se pintan de una seriedad profunda.
—¿Tu hermano es igual que yo?
—Era igual que tú, ayer asesinaron a mi hermano en prisión.
—¡Lo lamento mucho! —Dice con mirada triste.
—No lo lamentes. Lo que de verdad deberías lamentar es el hecho de haberte aprovechado de un niño indefenso como yo. ¡Por culpa tuya lo perdí todo!
—¿Por culpa mía? Yo no fui él que te ofreció como pago, fue tu hermano.
—Y abusaste de tu poder para aprovecharte de mí. ¿Por qué no te acostaste con mi hermano si él era el deudor? ¿Por qué aceptaste mi cuerpo como pago? Yo no tenía nada que ver en sus asuntos y fui el más perjudicado de todo esto.
Parece que no tiene palabras, no responde al ínstente. Se lleva la copa a su boca para beber las últimas gotas del fondo. ¿Qué clase de rico es él, que tiene que mendigar en una copa vacía de vino para beber la más miserable sobra de alcohol?
—Yo tenía un deseo y en ti vi la oportunidad de saciarlo —dice él.
Es el momento en que este encuentro debe tener fin. Es el típico momento del encuentro donde yo ya no me siento cómodo, donde quiero que el individuo se vista rápidamente y se marche. ¡Que no pregunte más!
—Pues mi deseo de esta noche es no volver a verte a nunca. No me acostaré contigo, no debo nada, no me busques más.
Y con la dignidad que yo mismo había estado juntando todo este tiempo, me puse de pie y me marche allí.
—Solo espero que la vida te juzgue lo mismo que me hiciste a mí. ¡Ahora merezco ser feliz! —Digo para mí mismo.
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