Capítulo XVIII

Hoy es miércoles, los días hasta ahora se me han pasado lento. Ahora mismo estoy entrando al edificio, después de que Jim me dejó aquí.

Pensé que las cosas con Ambrose iban bien, compartimos buenos momentos, nos besamos apasionadamente en dos ocasiones y, contando las dos medias noches que durmió en mi habitación, podría decir que dormimos una noche juntos.

Pero no entiendo la actitud de Ambrose, no logro comprender del todo lo que él pueda sentir hacia mí, porque estaba tan entusiasmada, pero ahora me siento terrible, pensé que íbamos a empezar una relación, una de verdad, pero desde que se fue el domingo no ha regresado. Jim me dijo que tuvo que salir de la ciudad por asuntos de trabajo, pero eso no explica por qué no responde mis llamadas.

Al caer la noche me encuentro acostada en mi cama leyendo un libro y me levanto por un poco de agua, tengo bastante sed. Bajo las escaleras y cuando voy en el último escalón veo una sombra que me asusta y doy un sobresalto.

-¡Ay! ¿quién es?-- pregunto asustada y rápidamente enciendo la luz solo para ver a Ambrose de pie mirándome -¡Ambrose! Volviste-- digo emocionada, pero me quedo parada firmemente porque quiero que sepa que estoy enojada con él por abandonarme sin decirme.

Pero él sigue allí parado observandome, no se me acerca, no me habla, no hace nada, solo está allí parado.

-¿Estás bien?-- pregunto y empiezo a preocuparme. Él sigue sin contestar, así que me acerco -Ambrose, te estoy hablando-- digo mientras me paro frente a él.

-Estuve resolviendo un par de problemas-- dice por fin, pero su voz se escucha rara y su aliento me brinda del whisky que ha estado consumiendo.

-¿Estás borracho?-- pregunto, pero no me responde solo me mira, ahora que lo veo bien, su traje está un poco arrugado, su cabello despeinado y su mirada está perturbada -¡Dios! Ambrose, me estás asustando-- digo y lo sujeto de la cara.

-Estoy bien, Bella, estoy bien-- dice él, pero, a diferencia de lo que dice, su cuerpo no lo demuestra.

-No, no estás bien, estás ebrio y parece que quieres llorar-- digo, él me mira y sus ojos se cristalizan aún más, pero no salen lágrimas, creo que es por el efecto del alcohol que se ven así.

-No...no te preocupes-- dice y pretende caminar, pero su cuerpo cede y se cae hacia mí, quedando yo atrapada debajo de su cuerpo.

-Ambrose-- digo con voz pujaba, pero él no reacciona. Intento moverlo o moverme yo, pero me es difícil poder salir de debajo de su cuerpo, es muy pesado.

Santo Dios, ¿ahora qué hago? Su cuerpo no me deja respirar bien, si no hago algo ahora moriré asfixiada.

Treinta minutos después, me encuentro arrastrándolo, pero no consigo hacerlo bien, Ambrose pesa mucho para mí, no tengo fuerzas para moverlo. Pretendía dejarlo en el sofá, pero no puedo subirlo y tampoco lo quiero dejar solo.

......A la mañana siguiente......

Bernice entra al penthouse y ve a Isabella y a Ambrose tirados en el suelo, Ambrose está completamente tendido en el suelo, pero Isabella está apoyada en el sofá y tiene la cabeza de Ambrose apoyada en sus piernas con sus brazos rodeándola.

-¡Dios mío! ¿qué pasó aquí?-- dice Bernice en tono bajo para evitar asustarlos.

Se encuentra confundida sin saber qué hacer, o los despierta o empieza a hacer sus labores en silencio para que ellos duerman un poco más, ya que ella siempre llega temprano para tener todo listo a la hora que los señores salen de la casa, pero la cocina está bastante cerca de la sala donde ellos se encuentran.

Aún así, Bernice sonríe al ver la bonita escena y decide empezar a hacer sus labores sin hacer tanto ruido para no despertar a los señores.

......................

Voy abriendo mis ojos poco a poco y cuando me voy a mover, siento la mala posición en la que estoy y un peso en mis piernas. Recuerdo lo que pasó anoche y miro a Ambrose, todavía está dormido, su cara está relajada, sus cejas gruesas y pestañas resaltan cuando tiene los ojos cerrados, y sus labios se ven un poco rojos, ¿siempre han sido de ese color?

Entonces él se mueve y yo toco su cara, sus ojos se abren y sus pupilas pasan de dilatadas a normales, luego me mira.

-¿Qué pasó?-- pregunta él desorientado.

-¿No recuerdas lo que pasó anoche?-- pregunto cómo él lo hizo conmigo la vez de la fiesta.

-Sí, me dijiste que estaba a punto de llorar y luego iba a por un vaso con agua-- responde él.

-Bueno, luego te desmayaste y casi aplastas mi cuerpo con el tuyo, por fortuna logré salir y quería acomodarte en el sofá, pero no pude, entonces tampoco te quise dejar solo-- digo yo un tanto molesta, triste y apenada.

-Gracias-- dice él, pero no se levanta.

-Ambrose, debemos levantarnos ya-- digo, él me ignora, se acurruca y pone su cara contra mi abdomen para luego cerrar los ojos de nuevo -No puede ser, tengo universidad y tú debes ir a trabajar-- digo intentando moverme, pero él no lo permite y se queda así. Suspiro y trato de calmar mi enojo para que no salga.

Después de mucho rogarle, él se levanta, pero solo con la condición de que lo deje dormir en mi cama y que me quede con él. Así que aquí estamos, él se duchó y se acostó de nuevo solo con unos pantalones cómodos y yo estoy apoyada en la cama leyendo un libro y bebiendo un poco de jugo que Bernice amablemente me trajo.

Debería estar enojada con él, debí haberle reclamado por abandonarme, debí regañarlo por embriagarse y por hacernos perder este día, pero me siento bien de estar así con él, me gusta que se sienta tan cómodo conmigo como para quedarse dormido abrazandome (o más bien abrazando mis caderas).

Pero hay algo que no me deja disfrutarlo del todo, yo tenía un plan, tenía una vida planeada que quería vivir aquí en Estados Unidos, una vida lejos de mis padres y en la que estaba solo yo cuidando de animales desamparados y haciendo lo que me gusta.

Creo que me olvidé de eso por el amor que estoy sintiendo por Ambrose, pero siento que no estamos avanzando y no quiero renunciar a mi sueño por algo que no va a suceder entre él y yo.

......................

-Tengo que ir por unas...cosas-- dice Maddison mientras se va, yo la miro extraño, pero no le presto mucha atención, igual ha estado actuando muy extraño estos días.

-Hola, princesa-- escucho que dicen y volteo.

-Ah, hola, Sam-- respondo amable -¿Te importaría llamarme por mi nombre?-- digo con la misma sonrisa.

-Claro, no pensé que te molestaría. Lo que pasa es que no recuerdo tu nombre-- responde él con una sonrisa en forma de coqueteo, nunca suelo darme cuenta cuando alguien coquetea conmigo, pero por lo que he presenciado de Martin con Maddison, he aprendido algo.

-Isabella y...ya me tengo que ir-- digo y pretendo irme, pero Sam me detiene.

-Espera, solo quería decirte que ofreceré una fiesta en mi casa y estás invitada-- dice y luego me suelta la mano -Espero verte allí, princesa-- agrega resaltando la palabra "princesa" y luego se va, yo solo lo miro un tanto irritada y luego sigo con lo que estaba haciendo.

-Isabella, ya regresé, vayamos a la siguiente clase-- dice Maddison al llegar a mí, luce un poco agitada, debe ser que corrió hacia acá.

-Bien, vamos-- digo y nos dirigimos a nuestra siguiente clase.

Al terminar todo, me encuentro esperando a Ambrose, pero cuando escucho un claxon sé que no es él quién viene.

-Disculpa la tardanza, Isabella, hoy ha sido un día de locos-- dice Jim, yo solo sonrío amablemente y entro al auto.

Al llegar al edificio de Ambrose, me bajo del auto y saludo al recepcionista, como siempre hago cuando Jim me trae, y subo hasta el último piso para luego entrar en el penthouse.

Todo está oscuro, las cortinas están cerradas (lo que me parece extraño porque Bernice las deja abiertas) y no hay ni un poco de luz que entre al lugar.

-¿Qué pasa?-- digo y enciendo la luz solo para ver a Ambrose parado con un ramo de flores.

-Hola, Bella, bienvenida a casa-- dice y entonces noto que hay más arreglos de flores por toda la sala.

-Ambrose-- digo sorprendida y conmovida.

Hay flores de todo tipo y colores, tulipanes, orquídeas, hortensias, girasoles, lirios y por supuesto, rosas de todos los colores.

-Gracias, esto es muy bonito-- digo al recibir el ramo que él me ofrece.

-Que bueno que te gustó-- dice él mientras sirve un poco de champaña -Estaba pensando en cómo disculparme por haberte dejado sola, me tardé mucho ¿no?-- agrega y me entrega una copa.

-¿Una disculpa?-- pregunto un poco desanimada, pensé que lo hacía porque quería hacerlo, no por sentirse obligado a disculparse por algo que pasó hace más de una semana.

-Sí, por dejarte sola. Eso estuvo mal y, aunque era por trabajo, no debí haberlo, yo soy responsable de ti-- responde él y yo sonrío incómoda.

-Sí, claro-- digo mientras dejo la copa de lado -Creo que iré a mi habitación-- agrego y empiezo a caminar.

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