--Ambrose Brown--
He pasado un maldito día ajetreado, todo por culpa de Jim que no logró terminar su trabajo y yo necesitaba estar desocupado para buscar a Isabella y llevarla de compras, así que agilicé todo y pude llevarla. Necesito hacer tiempo para ella, no sé de dónde salió este sentimiento, pero estoy empezando a sentir la necesidad de estar con ella y eso es un problema, y también es algo extraño, apenas llevamos unos días de conocernos.
Después de comprar todo y volver al penthouse intenté armar su escritorio pero no tuve éxito con eso.
-Pásame el desarmador-- digo.
-¿Qué es eso?-- pregunta ella y mira a todos lados. Dios, ni siquiera sabe lo que es eso, mejor dejo esto para alguien más experimentado que yo.
-¿Tienes hambre?-- pregunto.
-Sí, podemos comer algo-- responde ella y se da vuelta, yo me quedo mirándola.
Hoy ha estado paseándose con ese vestido y me está volviendo loco, lo único que he podido hacer es besarla pero no ha sido un beso que me sacie. Ahora que veo sus piernas en ese vestido no puedo contenerme más, así que la sujeto de la cintura y tomo sus labios en un beso. Un beso del que ella se separa.
-Ambrose, ¿qué...?-- no la dejo terminar su frase, solo la vuelvo a tomar y ahora el beso es más intenso.
Logro invadir su boca con mi lengua y mi mano aprieta fuerte su cintura, lo que provoca que ella haga un sonido que yo asocio con un gemido tierno, cosa que me hace sentir caliente, pero antes de sucumbir a mis instintos más primitivos, reacciono y me alejo de ella.
-¿Qué fue eso?-- pregunta ella sonrojada y un tanto sorprendida.
-Lo siento, pensé que venía Bernice-- digo rápido esperando que ella lo crea.
-Ah, está bien, pero Bernice ya se fue ¿o no?-- pregunta ella mirando a la cocina.
-Sí, creo que sí-- respondo algo incómodo, ella parece creerlo y luego camina hacia la cocina. Yo me quedo atrás unos segundos, mierda no puedo creer que hice eso y además la estoy engañando, no sé por qué, pero no me agrada decirle mentiras como lo vengo haciendo.
......días después......
No puedo con la maldita tentación, Isabella ha estado asistiendo a clases y yo estoy pendiente de todo, absolutamente todo lo que pueda necesitar y también de ir a recogerla. Pero ya no puedo más, necesito controlarme, prometí que no la tocaría y mucho menos hacer algo que ella no quiera.
-¿Qué haces?-- pregunto mientras entro a su habitación (que tenía la puerta abierta) -¿Te ayudo?--pregunto cuando la veo en el balcón arreglando sus flores.
-No gracias, yo puedo-- responde con su atención completamente puesta en lo que hace.
-Yo quería pasar un momento contigo, ahora mismo no tengo nada que hacer-- miento, tengo un maldito problema en el trabajo que tengo que resolver, pero estar cerca de ella me da paz.
-Está bien, puedes sentarte aquí-- dice ella, por fin levantando su vista hacia mí, y sonriendo.
Le hago caso y me siento en la pequeña silla de su balcón, pero al parecer soy muy grande y no puedo sentarme cómodo, tal vez a ella sí le sirve la silla, pero no a mí. Igual me quedo en la pequeña silla y me quedo observando lo que hace.
Al parecer está limpiando las macetas o las está acomodando en nuevos lugares, tiene toda una selva aquí, se ve tan concentrada y me gusta mirarla.
-¿De verdad no necesitas ayuda?-- pregunto de nuevo al ver que le cuesta levantar una de las macetas.
-Yo puedo-- dice con voz pujada, su cara se pone roja por la fuerza que emplea. Yo no me puedo quedar quieto al verla así, así que me levanto e intento ayudarla.
-Déjame ayudarte-- digo mientras intento alcanzar la maceta, pero ella me esquiva y mis ojos casi se salen de sus cuencas al ver que la maceta se le va de las manos por el barandal.
-¡Ahh!-- grita ella agudo y trata de sostener la maceta. Yo me apresuro a sujetarla a ella, porque lo peor pasa por mi mente, una caída desde un último piso sería una tragedia espantosa -¡La maceta!-- grita ella y yo tomo la maceta de sus manos, para que tengan una idea de cómo lo logré, con una mano sujeté a Isabella (que tenía la mitad del cuerpo sobre el barandal) y mi otra mano la extendí y sujeté la maceta.
-¡Mierda!-- digo exaltado al ver que la tierra y la planta (que estaban dentro de la maceta) caen por el balcón.
Isabella (que ya ha soltado la maceta) coloca ambas manos en el barandal y mira hacia abajo, yo también lo hago, la tierra está esparcida por el aire y la planta yace en el suelo.
-Lo siento--dice ella mirando hacia abajo aún, yo suspiro.
-Me multarán por eso-- digo aún viendo hacia abajo, la maceta en mi mano empieza a pesar, así que la apoyo en el barandal.
-¿De verdad?-- pregunta ella mientras voltea a verme (no lo dije antes pero lleva puesto un top extremadamente corto y una falda que acentúa su cintura pero es suelta en sus caderas y muslos), al hacerlo roza mi miembro de manera involuntaria y yo no lo soporto.
-Me voy-- digo mientras me separo de ella y dejo la maceta vacía en el suelo, pero antes de salir me volteo y la miro -¿Estás bien?-- pregunto un tanto preocupado.
-Sí, gracias por...-- responde ella pero la dejo hablando sola. Solo necesitaba saber si estaba bien, por el pequeño caos no le había preguntado y luego mi maldita necesidad de querer tenerla, tengo que controlar mi líbido o tendré que alejarme de ella por completo.
--Isabella Jones--
Es viernes, hoy es el último día de clases y tengo un montón de tarea que hacer...es emocionante.
-Oye, Isabella, ¿qué harás mañana por la noche?-- pregunta Maddison.
-No lo sé, creo que estaré haciendo las tareas-- respondo mirando mi cuaderno.
-Te lo dije-- susurra Martin. Martin es uno de los muchos compañeros que tengo y gusta de Maddison, por esa razón siempre está con nosotras, pero Maddison solo lo ve como un amigo.
-Calla-- le dice Maddison a Martin -Isabella, habrá una fiesta mañana en la noche en la casa de Sam y quiero que me acompañes, ¿puedes?-- me dice Maddison a mí, yo la miro un tanto sorprendida, nunca he asistido a una fiesta, bueno, una fiesta de jóvenes de mi edad que abusen del alcohol y hacen locuras.
Las únicas fiestas que conozco son las que mi padre ofrecía y eran aburridas, solo eran un montón de hombres hablando de cosas que no me interesaban y algunas acompañantes que solo hablaban si se los permitían.
-¿Y...?-- pregunta Maddison sacándome de mis pensamientos.
-Sí, sí iré-- respondo -Bueno, tengo que preguntarle a...mi esposo-- digo algo avergonzada, pero no avergonzada porque le tenga que preguntar a Ambrose, sino avergonzada porque tengo un esposo a mis 20 años, no es que sea algo malo (yo no lo veo así) pero después de la primera reacción de Maddison siento que todos piensan que es algo extraño o que está mal.
-Bueno, yo las pasaré buscando-- dice Martin -Primero a ti, Maddie-- dice mirando a Maddison, ella le sonríe y luego él se va.
Es algo un tanto increíble, Martin es frío, serio y no le gusta mucho hablar más de lo necesario, pero con Maddison es completamente diferente, pasa de gato negro a perrito faldero.
-Ya me tengo que ir-- dice Maddison mientras me abraza.
-Esta bien, nos veremos mañana-- agito mi mano en forma de despedida.
Una media hora después se escuchan las llantas rechinando en el asfalto, Ambrose llega, baja del auto, me abre la puerta y vuelve a su lugar. Siempre llega apresurado, pero, aún así, se porta como un caballero y me abre la puerta del auto y se espera para cerrarla, eso me hace sentir bien, pero luego actúa frío y distante y me hace sentir mal.
Me da miedo, miedo de enamorarme de él y que él no sienta lo mismo, sé que dije muchas veces que no iba a sucumbir a la atracción que por él sentía (y siento) pero eso era porque pensaba que él era un mafioso, ahora sé que no lo es y es aterrador pensar en lo que dije.
No, no puedo dejarme guíar por mis sentimientos, esto es solo un trato, él no podría sentir algo por mí y yo tengo que olvidarme de este sentimiento.
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