Una conversación crucial e inesperada

Odette se levantó y, con mucha pereza se dirigió a la casa. Girodelle era un hombre muy apuesto y hábil en su trabajo, sentía una gran admiración por Odette, la cual incluso, se podría confundir con algo más. Por su parte, la comandante había preferido fingir que ignoraba todo asunto referente a sus admiradores, pues, no le interesaba ninguna propuesta que ellos pudieran hacerle.

La visita del también Conde le extrañaba mucho y temió, que se debiera a que debía regresar a sus labores en el Palacio de Versalles. Hizo una mueca de cansancio por esa idea, y caminó lentamente hasta llegar donde la esperaban.

—Buen día, Coronel. ¿Qué lo trae por aquí? –Saludó distante pero cortés.

—Es una visita informal, Lady Odette. –Con una sonrisa dirigió la mirada a su atuendo de civil. —Aún espero el día en que pueda tutearme.

—Ambos trabajamos en el regimiento, creo que así es más apropiado. –Se sentó en una silla y le indicó a su interlocutor que hiciera lo mismo. Girodelle sonrió y disimuladamente la observó de pies a cabeza.

—No es mi intención parecer atrevido, pero no puedo evitar decir que hoy luce especialmente hermosa, y la verdad es que es casi una fortuna verla sin el uniforme. Víctor Girodelle era un hombre elegante, y los años que llevaba trabajando con Lady Odette le habían servido para conocerla un poco más y ser paciente, sobre todo, cuando sus intentos por acercarse a ella no habían sido exitosos.

Sin embargo, Odette solo podía sentirse incómoda ante el evidente interés del joven coronel, y pese a que no era el único hombre que trataba de conquistarla con sus galanterías, su presencia, en particular, la ponía muy tensa. Aunque en su momento le hubiera encantado que Fersen la tratara de esa manera, él seguía luchando muy lejos, y su preocupación ahora solo se extendía, a que regresara a salvo de la guerra.

—Gracias y dígame ahora, ¿qué puedo hacer por usted? —vuela fría respuesta que recibió por parte de la comandante.

—No deseo incomodarla con mi presencia y mucho menos con mis comentarios, pero, debo confesarle que me siento preocupado por usted, y me atrevo a decir, con todo respeto, que en estos últimos meses, ha estado muy distraída en el trabajo. —al escucharlo, Odette levantó levemente una ceja como signo de incredulidad.

—No hay de qué preocuparse, solo me he sentido un poco cansada últimamente. – Sin proponérselo, Girodelle había logrado que Odette pensara en el gran amigo que aún permanecía lejos, y que la mantenía desvelada muchas noches.

—Si me permite preguntar algo. –Odette asintió con la cabeza. —Me parece extraño no ver a su valet acompañarla al trabajo. De hecho, no logré verlo por aquí, ¿él está bien?

—Sí, solo ha tenido que hacer un viaje indefinido, para resolver unos asuntos de mi padre.

—Ya veo, tal vez es eso.

—¿Eso? ¿A qué se refiere Coronel?

—Que quizá la he notado un poco distraída porque le hace falta André. –El inmutable semblante de Odette cambió, y el hombre pudo notarlo con mucha facilidad. —Todos sabemos que son grandes amigos. —La comandante comenzó a sentirse muy incómoda por la conversación.

—Sí, somos grandes amigos y tal vez me he sentido más cansada de lo normal, porque he tenido que trabajar más sin su ayuda.

Claro. –Girodelle hizo una pausa y en un arrebato de sinceridad, se confesó. –Lady Odette, sé que sabe que solo soy uno más de sus admiradores, pero le aseguro, que si usted lo permitiera, yo podría ser esa persona incondicional.

—No entiendo a qué vienen estos comentarios, Coronel.

—No creo que su padre apruebe que un sirviente sea algo más que un amigo, y si me diera su autorización, yo podría ser todo lo que usted necesite.

—Yo nunca…

—No malinterprete mis palabras por favor. –la Interrumpió alarmado. —Es solo que para mí es muy evidente, que en el fondo del corazón de su valet, hay una aspiración mucho más grande.

Las palabras del Conde estremecieron a la comandante. Fue tan duro escuchar todo eso viniendo de una persona tan ajena a su relación con André, pero lo más grave era que, tal vez, podía estar en lo correcto.

<<¿Será posible que su amistad, que su apoyo y cariño puedan ser más que eso? ¿Será posible que yo sea la razón que le impide tener una relación normal, que yo lo esté haciendo sufrir porque… porque me ama?>>. —Pensó Odette

Sintió que algo le oprimía el corazón. Comprendió entonces, que su lealtad iba más allá y ahora entendía también, que las pocas veces que perdió el control y hasta le robó un beso, era porque seguramente estaba cansado de ocultar lo que sentía. Cansado de fingir como ella misma.

Finalmente Odette logró reponerse y habló.

—No tengo ningún comentario que hacer, solo puedo agradecer sus palabras y gentileza.

—Comprendo. –Girodelle sonrió tristemente al escuchar el elegante rechazo. —No quiero cansarla más. Será mejor que me vaya. Pero, para poder irme totalmente tranquilo, quiero recalcarle que no importa lo que necesite, basta con que lo pida y, por favor, le ruego que me considere como el más fiel de sus servidores.

—Es muy amable, gracias. –Odette respondió de forma escueta.

El Conde estaba por retirarse, pero, dio la vuelta, se acercó a Odette y, en un gesto de caballerosidad, besó una de sus manos y le susurró:

—Hasta pronto.

Girodelle la miró fijamente por unos segundos, los cuales para ella fueron interminables, pues se dio cuenta de que el Coronel la había visitado solo para declarársele, así que se propuso que, a partir de ese momento, su trato con él sería solo el estrictamente necesario.

Lo que el Conde no sabía era que su declaración de amor, fue un arma de doble filo, que solo había hecho reflexionar a la mujer que quería a otro hombre que no era él.

Lady Odette sintió un malestar inesperado. Con mucho cuidado comenzó a caminar con destino a su habitación, las piernas le temblaban. Ya estaba por el pasillo cerca de las escaleras, cuando pudo sentir que alguien corría a su encuentro.

—¡Lady Odette, carta de André! –La voz de Rosalie era muy agitada. —Odette por su parte, mantenía la mirada hacia el suelo, ya que un fuerte dolor de cabeza y un dolor en el pecho, la estaban molestando seriamente.

Rosalie se extrañó un poco de su postura, y de que no la mirara, pero, la emoción que sentía era tan grande que fue imposible no dar la gran noticia.

—¡André vuelve, mañana por la mañanas!

El cerebro de Odette recibió el mensaje, pero su visión se fue a negro, sus piernas cedieron y no pudieron evitar la pesada caída. Después de todo, hasta el más fuerte de los seres tiene un límite.

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