—Lady Odette, quiero disculparme por haberla importunado, no era mi intención incomodarla, yo solo quería recomendarle poner mayor atención en…
—¿Insinúas que ignoro algo que es muy importante que sepa? –Odette la interrumpió abruptamente.
—No es tanto así. Mi bondadosa protectora, ¿Alguna vez se ha enamorado?
Odette no contestó y, solo pudo pensar en Fersen. Hace poco había recibido una carta de él y saber que estaba a salvo la alegraba. Además, el fantasma de su amor se iba a disipando, sobre todo, porque aún con la distancia, la relación entre él y la reina no se había roto.
—¿Nunca se ha enamorado? –Insistió Rosalie con curiosidad.
—¿Por qué tanta curiosidad? ¿no serás tú quien está enamorada y necesitas que te de algún consejo? Te advierto que soy la persona menos indicada para darlos. – Su incomodidad fue muy evidente.
—No es eso y la verdad, con todo lo que ha pasado no hay espacio para el amor en mi vida, al menos por ahora.
—Comprendo.
Rosalie decidió no decir más, era más que obvio que algo mantenía muy enojada a Lady Odette, así que mejor no la perturbaria más. Pronto llegaron a su destino, y agradeció al cielo por eso, ya que el silencio que se había generado entre ambas después de aquella corta e inesperada conversación, fue realmente muy incómodo.
—Gracias André. –Rosalie agradeció la mano que André le tendía, para ayudarla a bajar del carruaje. André hizo lo mismo con Odette, pero, esta decidió bajar sin su colaboración.
—Puedo sola, gracias. –Dijo más seria de lo normal.
En la mansión había mucha gente, y todos voltearon al ver a los recién llegados. Rosalie se ganaba muchas miradas, su gracia y simpatía no pasaban desapercibidas. Estaba muy elegante y no era un secreto para nadie, que fuera una bella mujer. Odette también tenía muchos ojos encima, pues su tremenda elegancia llamaba la atención. Sin embargo, ella mantenía la vista perdida. Rosalie salió a bailar con un joven que después, la invitó con su grupo de amigos a conversar mientras bebían vino. André se acercó a Odette con dos copas de vino.
—Brindo para que pronto se termine esta fiesta, es que me siento agotado o tal vez es que ya me estoy volviendo viejo.
—Entonces estamos volviéndonos viejos los dos, también me siento cansada, pero, al menos alguien se divierte. –Alzó su copa y señaló hacia el lugar donde Rosalie y otros jóvenes, se encontraban hablando amenamente.
—Es verdad, está mucho mejor después de descubrir que Madame de Polignac es su madre.
—Te llevas muy bien con ella.
—Sí, es una buena amiga y lamento mucho, por todo lo que ha tenido que pasar.
—Asi es. – Odette quería asaltar a su valet con mil preguntas y así lo hizo. —¿Qué es exactamente lo que sientes por Rosalie?
—No te entiendo.
—¿La amas? Puedes decírmelo, somos amigos, y me preocupa que sigas siendo un hombre solo, deberías casarte y Rosalie es una gran candidata, la mejor. –Odette dijo todo lo contrario a lo que realmente pensaba.
—No comencemos con este tema, ya tengo bastante con que mi abuela no deje de empujarme a hacer algo, que no podrá pasar. – Al valet le dolía que Odette estuviera buscándole una pareja—. La quiero mucho pero, solo somos buenos amigos.
—¿Y Mathilde?
—¿Mathilde? Ella también es mi amiga.
—Ella es muy bonita.
—¿Es tan urgente para ti que me vaya de tu casa? Si mal no recuerdo, en nuestra última conversación sobre esto, las cosas no terminaron nada bien.
—He reflexionado y no puedo ser tan egoísta, hace mucho que tienes edad para casarte y…
—¡Ya basta! –André la interrumpió y afortunadamente, su casi grito, fue absorbido por la bulla del lugar.
—Quiero saber.
No hay nada que decir y, me voy a tomar un poco de aire, iré a ver a los caballos.
—Haz lo que quieras.
Nada más sucedió en la fiesta, y ciertamente la única que la pasó bien fue Rosalie.
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