—Pero no le convence la idea, por lo que estoy segura que rechazará la oferta, según lo que dice su última carta, así me parece que será, y la verdad no creo que quiera separarse de nosotras. Sé que es tu valet mi niña, pero no quiere desobedecer a tu padre, y menos hacerlo quedar mal con su amigo. –la nana se sentó frente a ella.
—Sí, lo entiendo, es solo que… Fue una verdadera sorpresa, no sabía que existía esa posibilidad.
Odette era demasiado orgullosa como para manifestar lo que realmente estaba sintiendo, y también, estaba demasiado confundida y cansada como para comprender con exactitud todas sus reacciones. Lo único que tenía muy claro, es que la idea de que pudiera perder la compañía de André, le disgustaba completamente.
Su nana no dijo nada, pero, sabía perfectamente que Odette no aceptaría prescindir de los servicios de André tan fácilmente, sobre todo, porque su unión iba más allá de la relación de una patrona y su valet, la mujer sabía que eran amigos y que no sería fácil estar separados.
En fin… –Odette trató en vano de lucir relajada. —Estoy muy cansada, me voy a dormir de una vez, y sería bueno que tú hicieras lo mismo nana. –Y besó la mejilla de la mujer.
Odette caminó lentamente hacia su habitación. Su día en el palacio no había sido muy grato, de hecho, había sido todo lo contrario, y sumado a la reciente noticia de André, lo convertía sin lugar a dudas, en uno de los peores de su vida.
—Buenas noches Lady Odette. – Odette giró sobre sus talones.
—Buenas noches Rosalie ¿qué haces aún despierta?
—La estaba esperando. –La saludó con un beso en la mejilla. – Se le ve muy cansada, ¿desea que le lleve algo a su habitación?
—No gracias, ya me voy a descansar.
Rosalie fijó su mirada en el sobre blanco.
—Se le extraña mucho ¿verdad?
Odette se percató de que miraba la carta que llevaba en las manos solo pudo responder:
—Sí.
—Espero que no se quede, aún tiene que seguir cuidándola. – Sonrió dulcemente. Y Odette comprendió que todos ya conocían la dichosa noticia.
—Tal vez se trate de una buena oportunidad para él, es su decisión después de todo. Bueno, me voy a descansar.
—Hasta mañana Lady Odette. –Rosalie no pudo evitar percatarse de que las novedades que habían llegado con las cartas de André, no le agradaban en absoluto a su protectora, por mucho que tratara de aparentar que todo estaba bien, cuando de hecho, la expresión de la rubia decía todo lo contrario.
<<¿Hasta cuándo piensa vivir de esa manera? Si supiera que André ya está muriendo por esta separación>>. –Habló en voz alta, pero nadie pudo escucharla.
En la intimidad de su dormitorio al fin pudo abrir su carta.
< Antes que nada, quiero que sepas que si no he podido escribir tan seguido como prometí, es porque mis obligaciones aquí van en aumento y me estoy esforzando mucho, para cumplir con lo que me encomendó tu padre. Debo contarte que el Sr. Solier ha solicitado que me quede a trabajar con él, pero, no estoy muy seguro de aceptar su oferta, y dejar toda mi vida allá. Lo bueno es que está más animado y ha comenzado a contratar más personal, y estoy enseñándole a un joven cómo manejar el negocio de los caballos, para que tal vez, sea él quien se quede a cargo cuando me vaya. La verdad es que también estoy aprendiendo muchas cosas y conociendo muchas personas, aunque igual es muy difícil estar lejos de todos los seres que quiero. ¿Cómo te va a ti? Espero que todo esté bien y no estés trabajando demasiado, ni corriendo peligros, ya ves que ahora no estoy ahí para salvarte. Solo bromeo, no te molestes, juro que puedo escucharte riñéndome por insinuar que eres irresponsable. Por favor cuídate mucho, y trata de animar a mi abuela, sé que ha estado triste a causa de mi ausencia. Escríbeme también, siempre eres muy breve. Te extraño. André>>. Odette se llevó la carta al pecho, la arrugó y la arrojó al suelo. Hundió su rostro en la suave superficie de su almohada y comenzó a llorar. Dolía demasiado la idea de tenerlo lejos, sin su presencia había comenzado a odiar su rutina, y odiaba aún más no poder decirle que lo necesitaba de vuelta con urgencia. < Habían pasado varios días, y la comandante estaba sentada bajo la sombra de un árbol del jardín de su casa mientras leía un libro. Era una tarde bastante calurosa y afortunadamente, no tuvo que ir al palacio. —¡Qué día tan hermoso! ¿No le parece? – Dijo Rosalie mientras se acercaba. —Sí. –Respondió sin mucho ánimo y sin apartar la vista de su libro. —Lamento interrumpirla, pero el Coronel Girodelle acaba de llegar, y desea verla. —¿Girodelle? –Rosalie asintió. —Por favor, hazlo pasar a la sala de estar. —Muy bien. —Rosalie se fue casi corriendo. ***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
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