Un par de horas después de que los tres volvieran a casa, el general llamó a André a su despacho.
—Espero no haberte importunado André.
—Para nada general.
—Estoy muy preocupado, me acaba de llegar una carta de un gran amigo, acaba de perder a su único hijo en un terrible accidente.
—Lo lamento mucho, patrón.
—Necesito que vayas a su mansión por un tiempo, y que lo apoyes en todo lo necesario. Era su hijo quien se encargaba de casi todos sus asuntos, y ahora con este duro golpe, no es capaz de hacer nada. Por favor, necesito que te quedes con él hasta que encuentre a alguien que pueda contratar.
—Lo que usted diga señor, ¿cuándo debo partir?
—Esta misma tarde, un coche vendrá a recogerte. Prepara tus cosas lo más rápido que puedas, yo me encargo de darle la noticia a Odette en cuanto llegue, no quiero que se moleste por disponer de ti de esta manera, pero, la verdad es que no confío en otro criado de la casa para este asunto.
—No se preocupe, entonces me retiro. Con su permiso.
André, no tuvo más remedio que aceptar lo que se le ordenaban. De pronto, cayó en cuenta de que sería la primera vez en separarse de Odette, desde que había llegado a vivir a esa casa. La noticia desagradó por completo a la comandante, que acalorada por sus dudas y temores, discutió con su padre más de lo necesario.
—¿Por qué tienes que ser tú? Eres mi valet, y ni siquiera me lo consultó, simplemente me dio la noticia.
—No hubo más remedio.
—¿Por cuánto tiempo te vas? –Hablaba muy fastidiada.
—Hasta que el Sr. Solier pueda contratar a alguien, así que no sé bien cuánto tiempo me quedaré. En fin, solo vine a despedirme, pero, no discutas con el general, dijo que su amigo está muy mal.
Odette lo miró fijamente por unos segundos, para luego rodearlo por la cintura. Apoyó su cabeza en el ancho pecho y, André sintió un sobresalto ante el gesto de su amiga.
—No va a ser fácil, estos días en palacio han sido muy duros, y ahora tampoco estarás conmigo. —le susurró Odette.
—Lamento tener que irme. –André la apretó levemente.
—Lo sé, pero está bien, solo escríbeme. –Odette rompió su abrazo.
—Lo haré.
—Ten cuidado.
—Nos vemos pronto. –Se inclinó y depositó un corto beso en la frente blanca de la mujer que tanto amaba, y a la que tanto le dolía dejar, aunque solo fuera por un día. Salió de su habitación para dirigirse a la salida, donde ya se encontraba un carruaje esperándolo. Unos pasos se acercaban, volteó y era Rosalie.
—Me acaba de decir tu abuela que debes irte.
—Sí, por favor cuida mucho a Odette.
—Así lo haré, no te preocupes, yo cuidaré tu más grande tesoro, querido amigo. —André sintió que se paralizó por unos segundos, y cuando estuvo a punto de decir algo, un dedo de Rosalie se ubicó en sus labios.
—A mí no me lo puedes ocultar, me di cuenta hace mucho que ella es la mujer más especial de tu vida, pero, no te preocupes, yo guardaré tu secreto.
André se marchó con una mezcla de tranquilidad y nostalgia. Que Rosalie se haya dado cuenta de sus verdaderos sentimientos significaba que ocultarlos ya no era tan fácil como antes, pero eso no le importaba tanto como el hecho de regresar pronto a proteger a lo único que le daba sentido a su vida.
El tiempo es casi mágico, pues, a veces transcurre con mucha rapidez cuando más lo necesitamos, en oposición a lo que sucede, cuando realmente deseamos que vaya más rápido, si esperamos algo por ejemplo, o peor aún, si estamos esperando que alguien regrese.
Era de noche y Lady Odette acababa de llegar del Palacio de Versalles. Su nana caminaba de un lado a otro en la cocina, haciendo una lista de lo que hacía falta.
—Nana. –Odette se reacomodó en la silla, sentía una molestia en la espalda—. ¿Qué has sabido de André? —La mujer dio un respingo al escuchar su pregunta.
Mi niña, lo siento, olvidé entregarte la última carta que llegó esta mañana. – Comenzó a rebuscar en los bolsillos de su mandil. —¡Aquí está! Envió también una para mí y otra para Rosalie. –Se acercó a la rubia, le entregó el pequeño sobre y continuó con sus tareas mientras hablaba. —Dice que el Sr. Solier es muy amable, que está muy complacido en cómo mi niño cumple con su trabajo, y que le ha propuesto quedarse con él. Sé que tu padre le ha recomendado que lo piense, aunque le recalcó que no le gustaría quedarse sin su apoyo. Mi nieto me ha dado a entender que no desea aceptar la propuesta, y la verdad yo tampoco quiero que se quede, me hace mucha falta. Odette no dijo nada.
El tiempo es casi mágico, pues, a veces transcurre con mucha rapidez cuando más lo necesitamos, en oposición a lo que sucede, cuando realmente deseamos que vaya más rápido, si esperamos algo por ejemplo, o peor aún, si estamos esperando que alguien regrese.
Era de noche y Lady Odette acababa de llegar del Palacio de Versalles. Su nana caminaba de un lado a otro en la cocina, haciendo una lista de lo que hacía falta.
—Nana. –Odette se reacomodó en la silla, sentía una molestia en la espalda—. ¿Qué has sabido de André? —La mujer dio un respingo al escuchar su pregunta.
Mi niña, lo siento, olvidé entregarte la última carta que llegó esta mañana. – Comenzó a rebuscar en los bolsillos de su mandil. —¡Aquí está! Envió también una para mí y otra para Rosalie. –Se acercó a la rubia, le entregó el pequeño sobre y continuó con sus tareas mientras hablaba. —Dice que el Sr. Solier es muy amable, que está muy complacido en cómo mi niño cumple con su trabajo, y que le ha propuesto quedarse con él. Sé que tu padre le ha recomendado que lo piense, aunque le recalcó que no le gustaría quedarse sin su apoyo. Mi nieto me ha dado a entender que no desea aceptar la propuesta, y la verdad yo tampoco quiero que se quede, me hace mucha falta. Odette no dijo nada.
El tiempo es casi mágico, pues, a veces transcurre con mucha rapidez cuando más lo necesitamos, en oposición a lo que sucede, cuando realmente deseamos que vaya más rápido, si esperamos algo por ejemplo, o peor aún, si estamos esperando que alguien regrese.
Era de noche y Lady Odette acababa de llegar del Palacio de Versalles. Su nana caminaba de un lado a otro en la cocina, haciendo una lista de lo que hacía falta.
—Nana. –Odette se reacomodó en la silla, sentía una molestia en la espalda—. ¿Qué has sabido de André? —La mujer dio un respingo al escuchar su pregunta.
Mi niña, lo siento, olvidé entregarte la última carta que llegó esta mañana. – Comenzó a rebuscar en los bolsillos de su mandil. —¡Aquí está! Envió también una para mí y otra para Rosalie. –Se acercó a la rubia, le entregó el pequeño sobre y continuó con sus tareas mientras hablaba. —Dice que el Sr. Solier es muy amable, que está muy complacido en cómo mi niño cumple con su trabajo, y que le ha propuesto quedarse con él. Sé que tu padre le ha recomendado que lo piense, aunque le recalcó que no le gustaría quedarse sin su apoyo. Mi nieto me ha dado a entender que no desea aceptar la propuesta, y la verdad yo tampoco quiero que se quede, me hace mucha falta. Odette no dijo nada.
El tiempo es casi mágico, pues, a veces transcurre con mucha rapidez cuando más lo necesitamos, en oposición a lo que sucede, cuando realmente deseamos que vaya más rápido, si esperamos algo por ejemplo, o peor aún, si estamos esperando que alguien regrese.
Era de noche y Lady Odette acababa de llegar del Palacio de Versalles. Su nana caminaba de un lado a otro en la cocina, haciendo una lista de lo que hacía falta.
—Nana. –Odette se reacomodó en la silla, sentía una molestia en la espalda—. ¿Qué has sabido de André? —La mujer dio un respingo al escuchar su pregunta.
Mi niña, lo siento, olvidé entregarte la última carta que llegó esta mañana. – Comenzó a rebuscar en los bolsillos de su mandil. —¡Aquí está! Envió también una para mí y otra para Rosalie. –Se acercó a la rubia, le entregó el pequeño sobre y continuó con sus tareas mientras hablaba. —Dice que el Sr. Solier es muy amable, que está muy complacido en cómo mi niño cumple con su trabajo, y que le ha propuesto quedarse con él. Sé que tu padre le ha recomendado que lo piense, aunque le recalcó que no le gustaría quedarse sin su apoyo. Mi nieto me ha dado a entender que no desea aceptar la propuesta, y la verdad yo tampoco quiero que se quede, me hace mucha falta. Odette no dijo nada.
André llevaba más de dos meses en casa del amigo de su padre, y no le agradaba para nada la idea de que se quedara. Durante el tiempo que llevaba lejos, le había escrito como había prometido, aunque no tan seguido ni solo a ella, sino también a su nana y a Rosalie, situación que la incomodaba, solo en el caso de la última mujer. Aunque había mucha confusión en su interior, la ausencia de su amigo le había permitido reflexionar y darse cuenta de muchas cosas, entre ellas, que detestaba con todo su ser estar lejos, del que había estado toda la vida a su lado.
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