—Si sigues comiendo de esa manera, un día te ahogarás. – dijo la comandante. André estaba tan concentrado en su plato, que apenas prestó atención a las palabras de su patrona—. Ya eres un adulto, actúa como tal.
—Es que está delicioso… felicidades, Aline. –Él le habló con la boca llena a la cocinera, lo que hizo difícil entender lo que decía.
—De nada. –Respondió ella suspirando.
Los años habían pasado y André, ya era un hombre hecho y derecho, su porte y apariencia no pasaban desapercibidos, aún menos en la cocina de la casa.
—¡Una delicia, Aline!... –Dijo limpiándose la boca con una servilleta y, volviendo a ser educado como siempre, con los miembros de la cocina del hogar—. ¿Podrías servirme un poco más?
—¡Por supuesto! – Dijo Aline emocionada.
—¡NO! –Retumbó la voz de Odette con fuerza.
—No grites, no estamos en el regimiento, te escucho perfectamente.
—Qué bien, porque no lo repetiré, ya has comido demasiado, te aprovechas de que mi niñera no está aquí porque ella si controla tus impulsos.
—Por eso mismo, déjame disfrutar ahora que puedo.
—No creo que le haga daño, señorita, en realidad es un plato muy ligero. –Dijo sonrojada Aline sin apartar los ojos de André.
—Disculpa, Aline, pero nadie ha pedido tu opinión. –Dijo Odette en tono severo.
—Odette, estuve trabajando duro todo el día, y de verdad tengo mucha hambre.
—Es que… tenemos que salir y no es bueno que comas tanto.
—Deja de tratarme como un niño. –Sonrió él relajado.
—Compórtate como un adulto entonces. –le respondió ella con molestia. Luego, Odette tomó una servilleta y limpió unos restos de comida en la comisura de la boca de André, y este aprovechó para observarla como saboreándola, ya que sabía que algo le molestaba y solo tenía ganas de pelear.
—Contigo no se puede. –Ella lanzó una risita.
—Vamos, necesito que me acompañes en algunos asuntos. –le dijo ella.
—Está bien. – Se levantó y Aline puso cara de estar ante lo más hermoso del mundo–. Gracias otra vez, Aline.
—De nada, André.
—¡Vámonos ya! –gritó Odette desde la puerta.
—¡Sí, señor! –Respondió André haciendo el solemne saludo militar, lo que provocó risitas disimuladas de la sirvienta enamoradiza.
Ambos salieron apresuradamente en dirección a las caballerizas por sus animales. Odette seguía con gesto de fastidio y André, se aventuró a romper el hielo.
—No debiste ser tan grosera con Aline, fui yo quien quería comer más, ella solo estaba haciendo su trabajo.
—Ahora resulta que eres su defensor.
—No es eso, simplemente me pareció injusta tu reacción en este caso.
—¿Y tu actitud qué? Sólo ignoraste mis comentarios para complacerla.
—Yo no la quería complacer a ella, tenía, o mejor dicho, gracias a ti, aún tengo mucha hambre. Además, nunca ignoraría lo que tengas que decirme. –André preparaba a los caballos mientras tenían esa conversación. Estaba de espaldas, lo que Odette aprovechó para observar claramente lo bien que se veía así. Su altura era muy llamativa. Siempre que él la acompañaba en las fiestas de gala, muchas jóvenes nobles se le acercaban y, parecía no importarles su posición social. De repente, André volteó y se encontró con la mirada de Odette, que ya no parecía disgustada.
—¿Qué? – Preguntó ella tratando de parecer natural.
—¿Estás bien? —le preguntó André.
—Perfectamente. —le respondió Odette.
—Sigues siendo muy engreída y caprichosa.
Las palabras de André salieron con tanta ternura, que estremecieron a Odette. Inmediatamente comenzó a pensar en su amor imposible, aquel que nunca le había regalado una palabra de amor, ni un gesto, absolutamente nada. Su mirada perdió brillo y se volvió desconcertada.
—André… –Dijo en un susurro que no fue oído.
—Ya estamos listos. – Dijo acariciando amistosamente a los animales. André se reprochó por cometer una vez más el mismo error. A veces su profundo amor escapaba sin poder controlarlo y se mezclaba en sus palabras, pero, eso solo hacía que la mujer de su vida recordara a Fersen, a su amor no correspondido, como el suyo.
Los dos salieron rápidamente. A mitad del camino, Odette redujo la velocidad de su caballo y obligó a André a hacer lo mismo. Él sufría por ella, le dolía su dolor, el sufrimiento que sentía por no ser correspondida por Fersen. Su mayor dolor era no poder ser el dueño de su amor y saber que ella sufría por otro. Sin duda, la situación se estaba volviendo cada vez más insoportable.
—A este ritmo, llegaremos mañana.
—A veces siento que ya no tiene sentido, me he perdido en el camino, no sé a dónde ir… –Dijo ella sin poder contenerse.
—Adonde sea que quieras ir, piensa que debes ser feliz. Si no lo eres ahora mismo, entonces definitivamente no es el camino correcto.
—Dime André, ¿Crees que se desatará una guerra?
—Honestamente, yo creo que sí.
—Y tendré que pelear, tal vez sobreviva, o tal vez no. Pero, en todo caso, ¿Qué sucederá después? —preguntó Odette con voz entristecida.
—¿Qué quieres hacer entonces?
¿Y tú qué quieres hacer André?
—André suspiró profundamente y dijo:
—Quiero encontrar la felicidad en la tranquilidad de saber que hice lo correcto, que al final estuve donde quería estar. Y si sobrevivo a esa lucha, tal vez disfrutar de la dicha de tener una familia.
Odette se sorprendió con esa respuesta, por lo que sin poder evitarlo le dijo:
—Pero, tú ya tienes una familia, mi familia.
—No Odette, yo trabajo para tu familia, no soy parte de ella.
—Entonces, ¿Planeas irte?
—Será inevitable que algún día suceda. –Dijo él con un nudo en la garganta–. Creo que debemos apresurarnos… - Él terminó esa conversación cuyo rumbo no le estaba gustando. Tenía que reconocer que fue casi cruel hablar sobre irse, cuando su amiga estaba tan sensible, pero, lo atormentaba el hecho de que ella dijera ese tipo de cosas, impulsada por su amor no correspondido, y más aún cuando sabía perfectamente que el Conde sueco, solo tenía ojos para María Antonieta.
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—Aún hay tiempo, si te saqué de la casa fue para evitar que murieras de hambre. —le respondió ella.
¿Debo agradecerte entonces?
No cambies de tema… exijo que me cuentes sobre tus planes para el futuro. —le dijo Odette al darse cuenta de que él estaba evadiendo, el tema de sus planes futuros.
—Mejor preocúpate por los tuyos.
—¿No me dirás nada? –Dijo ella con sorpresa y confusión en sus ojos.
—No hay mucho qué decir por ahora. –André sintió la tentación de contarle el mejor de los cuentos para dejarla satisfecha, quizás crear su propio cuento en el que exista una mujer que pueda amar.
—No pienso moverme de este lugar hasta que me cuentes. –Odette detuvo por completo el caballo, obligando a André a hacer lo mismo.
—No te importa manipularme para obtener lo que quieres. –Dijo; él frustrado—. De acuerdo, Pero ¿qué quieres que te diga? No hay más información que esa… tal vez algún día pueda comprar una pequeña propiedad, casarme, tal vez tener hijos, no sé…
—¿Eso quiere decir que te irás de mi casa? –Habló aterrorizada, porque, solo imaginar que algún día dejaría de verlo, le causaba un dolor muy profundo.
<<¿Con quién desahogaré mis penas? ¿Quién me consolará?>> —pensó ella. Solo él, su gran amigo, siempre a su lado, apoyándola en todos sus momentos, buenos y malos. Odette tuvo que contenerse, las lágrimas luchaban por salir de sus ojos al escucharlo. Parecía una pesadilla.
—No puedo quedarme en tu casa para siempre. En algún momento tendré que irme, tú lo sabes.
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