Olivia entró corriendo a su cuarto.
Evangelina: ¡Ay dios mío que vergüenza!, que vergüenza, ahora se irá seguro.
Ángela: No se va a ir.
Evangelina: Ay niña, me irrita tu seguridad; tú que sabes yo estudié su letra h sé qué...
Ángela: Qué no se va!
Evangelina: Que no! mira me como los lentes, si me equivoco.
Evangelina le enseña sus lentes a su hermana, era la hora de la comida y todos estaban ya en la mesa, Ángela entró llevando el plato de su hermana con los lentes incluidos en su plato, todos miraban sorprendidos y Evangelina junto con Ángela sonrieron.
Ya era tarde y una tormenta muy fuerte se dejó caer y el caballo en el que Olivia salió para montar llegó solo, Pablo estudiaba en el despacho y oyó las voces de los empleados cuando el caballo llegó a las caballerías.
Pablo: ¿Qué pasó, donde está la señorita Vía?
Margarito: Pos' quién sabe, el caballo llego solo sin la señorita.
Pablo: ¿A dónde fue?
Margarito: Pos' agarró pal monte.
Pablo: No puede ser.
Pablo rápido ensilla el caballo y sale a buscarla, mientras guardan el caballo que llegó, Pablo va galopando y gritando, Olivia corría asustada.
Margarito: No vaya niño Pablo, ahorita le digo a los hombres que salgan a buscarla.
Pablo: VIIIAAA, OLIVA, OLIVIA, VIIIAAA.
Pablo gritaba, ella estaba tirada cuando vio pasar a los perros de la hacienda, y Pablo la encontró, la levantó y la abrazo.
Olivia: ¡Pablo que susto he pasado, la noche caía y con los truenos el caballo se asustó y me tiro!
Pablo: ¿Te tiro el caballo estás bien?
Olivia: Si no me paso nada.
Termino la lluvia, estaban cubriéndose bajo un viejo roble y después de que se quitó la lluvia regresaron 2 meses después fueron a caminar y tuvieron intimidad por primera vez bajo aquel viejo roble, Olivia despertaba y dio un gran suspiro, Pablo igual despertaba, pero permaneció con los ojos cerrados.
Pablo: Te amo Vía.
Olivia: ¿Y en qué piensas?
Pablo: En ti, en mí, en nuestro amor y no necesito abrir los ojos para verte ¿tú no?
Olivia: Hace tiempo que te miro cuando miro dentro de mí; siento como si estuviéramos muy lejos en un mundo dónde solo existimos tú y yo; ya es tarde Pablo tenemos que regresar.
Habían salido a montar en el caballo de Pablo se levantan y comienzan a caminar.
Pablo: Si vamos.
Olivia: Me gusta caminar contigo, a tu lado ¿qué tienes?, estás triste.
Pablo: No es algo que siento en el corazón, como si de pronto comprendiera muchas cosas grandes y pequeños.
Olivia: ¿Qué quieres decir?
Pablo: Pues algo que puedo entender sin que me lo expliquen como la muerte, Dios; un día llegó un venado a mi cabaña herido, me pase toda la noche cuidando de él, me veía con ojos agradecidos y de pronto sus ojos se quedaron fijos en mí entonces comprendí la muerte.
Olivia: La muerte se ve y se toca su frío, pero de Dios ¿también lo descubriste por ti mismo?
Pablo: También, una noche me agarró la tormenta allá en lo más alto de la montaña peor de la que paso hace dos meses, los rayos partían los árboles a mi caballo se le había quebrado una pata entonces sentí miedo, un miedo muy grande y sin pensarlo pedí que alguien me cuidará, de pronto la tormenta cesó y yo salí con bien, pos eso tan grande que lo puedo todo entendí que era Dios, pero hay otra cosa más grande como Dios y la muerte y me lo has traído tú.
Olivia: Pablo.
Pablo: Yo nunca me sentí solo allá arriba, estaba siempre Dios conmigo.
Olivia: Siempre... si eso fuera posible.
De pronto Olivia recordó su pasado al escuchar esa palabra "siempre", pues sabía que algún día tendría que irse... Semanas después, estaban en el jardín de la parte trasera de la hacienda Pablo leyendo un libro y su tía Ángela estaban tejiendo y Evangelina leía unas cartas; Olivia había salido a cazar en esos meses que le parecían maravillosos, Pablo le enseñó de todo a cazar, a trabajar la tierra hasta convivir con los campesinos quién le tomaron apreció pues les enseñaba a leer y escribir al igual que a Pablo, llegó gritando como cuando lo hacía Pablo entró al jardín y soltó al suelo el conejo que había cazado.
Pablo: El último rey fe sedaquías ¡sedaquías a pa nombrecito!, hizo lo que era... Vía por acá.
Olivia: Hubieras visto de un solo tiro.
Ángela: ¡Parece usted otra señorita!
Olivia: Hay señorita Ángela, me he metido en la sangre todo el aire del monte, traigo un hambre ¿y tú?
Pablo: Pos yo.
Olivia: ¡Pues!
Pablo: Pues yo estudié hasta que me dolió la cabeza y ahora me estoy empujando está novela.
Olivia: Empujando ¡será leyendo!
Pablo: Bueno eso, pero está muy aburrida, puros robos, crímenes, líos por todos lados es un relajo todo eso.
Evangelina: ¿Pues que estás leyendo?
Olivia mira el libro y sonríe.
Olivia: La historia universal.
Pablo: Siempre es lo mismo, agarran un chango, lo ponen de rey, lo festejan, le dan de todo lo que quiere y en cuanto el tipo empieza a sentirse agusto ¡zaz! se lo escabechan, ¡claro que son puras mentiras!
Olivia: ¡Mentiras!
Pablo: ¡Seguro!, ¿quién va creer eso?, de que queman los pueblos, matan a las mujeres, ¡a los chamacos!
Ángela: Eso solamente pasan en las guerras.
Pablo: ¿Y por qué son las guerras?
Olivia: La mayoría por ambición, por interés, por afán al poder.
Pablo: ¿Y se matan sin odio, sin conocerse?
Olivia: Sin conocerse sí, pero con mucho odio.
Pablo: Pos no lo creo.
Olivia: Menos creerás entonces que hay armas que pueden matar millones de seres humanos en segundos y que hacen saltar la tierra en pedazos.
Evangelina: ¡Jajajaja, eso no lo creemos ni nosotras!, ¿quién va a querer semejante catástrofe?
Olivia: Los hombres, la política de hoy, en todos los diarios...
Ángela: Nosotros no leemos los periódicos ni queremos saber nada de política desde que cayó don Porfirio.
Pablo: Pos a mí ya me gusto eso de la leída y ya me empujé... bueno me leí media biblioteca ahora me voy a leer la otra media, hay unos libros muy chistosos, una bola de gente que dice lo contrario de lo que piensa.
Pablo se levanta y corta unas flores de una enredadera.
Olivia: Esa es la educación, el hombre civilizado tiene que saber ocultar sus sentimientos y hacerle frente al enemigo.
Evangelina: ¡Ay condenado mis flores!
Pablo: ¡Qué son para ustedes!, tenga usted, tenga usted y tenga usted.
Ángela: ¡Qué lindas!
Evangelina: Gracias mi vida.
Ángela: ¡Qué lindo, que encanto!
Evangelina: Para estos detalles, puedes cortar todas las flores del jardín hijo mío.
Pablo se levanta de pronto y se queda pensando.
Olivia: ¿Por qué te has quedado callado de pronto?, síguenos contando las cosas que lees.
Pablo: Sabes, a veces hay cosas así que lo ponen a uno a pensar y ahora que mi tía me llamó hijo, me acordé ¿esos libros que dicen; es verdad que las madres son buenas?
Se miran las tías y Olivia.
Olivia: Sí.
Pablo: Pero así como dicen, que adoran a sus hijos, los cuidan y hasta se dejan matar por ellos ¿y como dice?, no hay nada más grande que el amor de una madre.
Ángela: Es verdad.
Pablo: Que chistoso, yo creí que era como los animales que en cuanto el crío está fuerte lo sueltan y ni se acuerdan de él y ¿todas son tan buenas como dicen?
Olivia: Sí muchas.
Pablo: Pero, la mía no verdad.
Olivia: También, solo que tú eras muy pequeño y no te acuerdas.
Pablo: ¿Y por qué no se quedó allá arriba en el cerro conmigo y con mi viejo; ¿se murió?, se murió verdad.
Evangelina: Sí.
Pablo se arrodilla delante de su tía Evangelina.
Pablo: Háblame de ella.
Olivia se dio cuenta de que no podía decirle nada de su madre y se llevó a Pablo cosa que sus tías le agradecieron a Olivia y se levantan tristes pues recordaron a su hermano y ambas se miran.
Olivia: Nada de hablar, ahora vamos a dar la clase ándale flojo, ya habrá tiempo para todo.
La madre de Pablo.
¡Pronto sabría que la suya era diferente de las otras, de las que le dijeron que eran buenas!
Y sería un fuerte golpe.
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