PRESENTE 3

Eran las cuatro de la tarde, Perla y Fernando se acoplaron de inmediato en lo laboral Fernando le dijo que por ese día era todo y mañana la esperaba a las nueve de la mañana.

Perla: Señor estos son los contratos que me pidió.

Fernando: Gracias, es todo por hoy, mañana la espero a las nueve de la mañana en punto sin excusa alguna.

Perla: Así será señor, pero de verdad no desea que me quedé.

Fernando: No puede irse.

Perla: Con permiso entonces y hasta mañana.

La vi salir de mi oficina y solté el aire que no sabía tenía retenido, nunca he sido un hombre de aventuras o escándalos no soy de amores baratos, pero desde que esta niña me derramó el café no deje de pensar en su rostro que quedo en mi mente como un tatuaje era bueno en la fisonomía y ella tenía un rostro ¡uf!, sus pestañas sus ojos vivos y su manera de mirar, pero sus labios fueron los que me cautivaron, me volvió loco cuando me contestó su nariz se le arrugaba de manera tan tierna, su voz y su manera de caminar, cuando cerró el elevador parecía un conejito asustado pues la tenía arrinconada me desarmo totalmente era la primera mujer que me dejaba todo estúpido por eso le pedí que se fuera pues tenerla cerca no lo soportaba más así que mi, arma para no sentirme vulnerable era ser estricto con ella y mantener la distancia.

Iba en el elevador recordando todo lo vivido con Fernando Barbarac tenía dos opiniones de él una era la profesional se veía tan guapo y serio trabajando, era un hombre de una sola palabra, pero cuando me retire molesta y me detuvo en el elevador dejándome en el rincón y tener su cercanía, su fragancia me tenía idiotizada sus bellos ojos y su mirada que sentía que me desnudaba las piernas se me aflojaban y sus labios me tenían hipnotizada, de inmediato reaccione a pesar de su voz tan varonil decidí quedarme pues necesitaba él trabajo y honestamente por la paga, de pronto me vi y entendí que un hombre tan perfecto como él no era para mí era tan insignificante y poca cosa, pero más que nada por mi pasado el jamás se fijaría en una mujer como yo.

Dante recogía a su sobrino Santiago, Luna salía ya con su grupo solo quedaba Santi y llegó Dante con una gran sonrisa.

Santiago: ¡Tío Dante!

Dante: Hola.

Luna: Buenas tardes, señor Larrazabal que te vaya bien Santi.

Dante: Puedo hacer una pregunta.

Luna: Dígame.

Dante: ¿Tienes novio?

Santiago: Mí tío no tiene novia señorita.

Luna: No sé por qué no le sorprende.

Santiago: No la entiendo señorita.

Dante: Dijo que no tiene novio y puede salir conmigo.

Santiago: ¡De verás señorita!, mi tío tampoco tiene novia.

Dante: Es verdad no tengo novia, bueno te recojo a las siete para ir a cenar.

Santiago: Sí señorita vaya a cenar con mi tío es muy buena persona.

Dante: Sí soy muy bueno.

Santiago: Verdad que sí saldrá con mi tío.

Luna: Si está bien.

Dante: Me mandas la ubicación para recogerte a las siete, vámonos Santiago sube al auto.

Luna se acerca pues su auto estaba adelante del de Dante y al pasar molesta le contesto.

Luna: Es usted un aprovechado.

Dante: Si yo también estoy ansioso por verte hasta las siete.

Se suben a sus autos y toma cada uno su dirección, en la empresa de Pablo Cervantes estaba recargado en su sillón ya todo estaba recogido pues Dante lo había ayudado suspira profundo y mira al reloj de pared y se sonríe al recordar a su tía Angelina cuándo adelantaba el reloj cuando estudiaba.

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