PRESENTE 1

En las oficinas de Cervantes company estaban en la oficina Pablo y Dante revisando unos contratos cuando toca su asistente y después entra Pamela y lo avienta.

Pablo: Adelante.

Asistente: Señor la señorita...

Pamela: Eres un idiota al no dejarme pasar.

Pablo: Retirate yo me hago cargo.

Asistente: Con permiso señor.

Pamela: Cariño no me dejaba pasar y sabe que soy tu novia.

Dante: ¡Jaja!, lo siento.

Pamela: Pues lo soy aunque te duela, sé que no te caigo bien y no me importa sabes.

Pablo: Tal vez le gustas.

Dante: No tengo tan malos gustos y afortunadamente tengo la cabeza en su sitio para no enredarme con cierta clase de... mujeres ¡sobre todo interesadas y oportunistas!

Pamela: Cariño dile algo me está insultando.

Dante: Me voy, regreso en la tarde voy a comer con los inversionistas.

Pamela: Amorcito ya viene la cena de premiación y estas postulado y quiero un vestido exclusivo que vi quiero ir como una diosa.

Pablo: Pues cómpralo.

Pamela: Estas muy estresado lo puedo notar, ¿quieres que te quite el estrés?

Pablo: Sí ven vamos, nada más ten en cuenta una cosa y quiero que te quede claro, entre tú y yo no hay, ni habrá un compromiso Pamela.

Pamela: Llevó cinco años contigo creo que es justo que me des mi lugar y no solo me digan la amante en turno de Pablo Cervantes.

Pablo: Es lo único que te puedo ofrecer, tómalo o déjalo.

Pamela: Esta bien lo tomó.

La oficina de Pablo tras un gran espejo estaba una recámara con baño, era para descansar y tener sus encuentros sexuales con Pamela y ella no se daría por vencida hasta ser la señora Cervantes.

Dante comía en un restaurante con los inversionistas al término de esta a las afueras del restaurante unos niños vendían chicles, otros ofrecían periódico, otros billetes de lotería y fue en ese momento que recordó a aquel niño que boleaba zapatos el hijo de su amigo y con ese pensamiento regreso a las oficinas.

Pablo: ¡Qué carita!, nos fue mal.

Dante: No todo está bien.

Pablo: Pues quita esa cara, que parece que te dieron una mala noticia.

Dante: Estaba recordando a mi sobrino Santiago.

Pablo: ¿Cuántos años tiene ya?

Dante: Seis años y es muy inteligente.

Pablo: Te llevas bien con tu familia, por qué no compartes con ellos.

Dante: Lo hago, pero no como yo quisiera, al salir del restaurante me encontré con una parvada de chiquillos que vendían chicles, periódicos y billetes de lotería, pero todos estudian en una escuela pública, mi sobrino está en un colegio privado.

Pablo: Siempre has sido muy sentimental Dante un día una mujer abusará de ti.

Dante: No solo recordé a Santi, y sé que no te gusta que te lo diga, pero lo hago para que reacciones Pablo, esos niños estudian y tú hijo no tiene ni eso.

Pablo: ¿Por qué te preocupas por alguien que ni siquiera conoces?, no es tan buena como piensas, es una mujerzuela y esta con quién debe estar, con Julio el padre de su hijo.

Dante: Entonces has que le devuelvan la cédula a esa muchacha, y su hijo pueda estudiar.

Pablo: Si quieres no solo seguir trabajando conmigo y ser mi amigo no le hables de ese maldito mocoso que hasta el cansancio te he dicho que no es mío, me voy quiero descansar.

Dante: Ellos viven en...

Pablo: Hasta mañana Dante.

Sale Pablo sin dejarlo terminar y sube a su elevador llorando y con un dolor en el pecho que por los siete años que llevaba ahí no se le ha quitado.

Dante manejó hasta el parque donde estaba él hijo de Pablo y que negaba una y otra vez que no era suyo eran ya las 9:30 de la noche y ya no estaba, recordó que le dijo que vivía a dos cuadras a las afueras de la iglesia y se acercó para no incomodarlos y escuchó una conversación entre el niño y su madre.

Olivia: Ya duérmete César.

Cesar: Oye mami, ¿por qué nosotros no tenemos casa?

Olivia: Pues yo no ganó lo suficiente para una casa.

César: Centavito tiene casa, no alcanza para que estemos en un cuartito.

Olivia: No, apenas tenemos para mal comer, perdóname por no darte una casa, mira buscaré mas trabajo en otros lugares donde limpiar y a lo mejor juntamos para un cuartito de vez en cuando.

César: No mamacita lo que no quiero es que trabaje, yo voy a vender chicles y periódico centavito ya me dijo como dar la feria y él va estar conmigo para que no me hagan menso.

Olivia: No hijo, no me gusta que trabajes anda duérmete.

César: Ya mero junto para su vestido, oiga mamacita ¿por qué yo no tengo papá?

Olivia: Si tienes papá.

César: No nos quiere.

Olivia: Sí te quiere y es un buen hombre.

Cesar: ¿Y entonces por qué nosotros vivimos en la calle, él si tiene casa?

Olivia: Andas muy preguntón hoy anda duérmete.

César: Mamacita la quiero mucho y yo un día le voy a comprar una casa muy bonita ya verá cuándo yo sea grande usted no va a trabajar yo trabajaré como burro pa' darle todo.

César se volteó cubriéndose con periódico y derramó unas lágrimas por su mamá era inteligente y como siempre veía a su mamá triste entendió que ese hombre que tenía por padre no los quería y comenzó a crecer rencor y odio en el corazón del niño por ese que se decía su padre, Olivia también lloraba en silencio y juro encontrar más trabajo para que César estuviera abrigado pues el invierno ya se acercaba.

Dante se retiró llorando y pensaba que mientras Pablo estaba en su gran mansión con calefacción y toda la tecnología su hijo tenía que vivir en la calle... A LA MAÑANA SIGUIENTE... Dante estaba en una librería para comprar los cuadernos de dibujar no se dio cuenta de que una chica también tomaba algunos cuadernos que también le quitó.

Dante: Permítame, gracias y con permiso.

Luna: Óigame, esos cuadernos que me quitó yo los tomé primero.

Dante: Toma mujer, señorita cóbreme.

Luna: Señor, necesito 35 cuadernos para mis niños.

Dante: No seas exagerada mujer 35 ¡que bien conservada por cierto!

Luna: Pelado, grosero, Colegio Alfonso Iturbide maestra del segundo año y con 35 niños idiota.

Luna le aventó los cuadernos y salió furiosa caminando hasta su auto y Dante la siguió.

Dante: Espera maestra enojona, mujer toma los cuadernos, pobres niños que carácter jajajajaj.

Llega Dante a la mansión de Pablo con una gran sonrisa pues la maestra le gusto.

Pablo: Ya era hora, yo ya desayune.

Dante: No importa.

Pablo: ¿Qué te pasa y por qué tienes esa cara de idiota?

Dante: Creo que voy a volver a la primaria.

Pablo: ¿Qué?

Dante: Olvidalo pero te aviso que iré a recoger a mi sobrino a su colegio.

Pablo: Estas muy raro, Max, Lazaro vengan aquí.

Pablo seguía amando a los perros y tenía dos pastores alemanes, ya que no se quiso traer a Pancho y el orejón pues no quería que nada le recordará la hacienda por eso no se los trajo aunque le lloraron él también los extrañaba y cuando los acaricio recordó cuándo ella llegó por primera vez a la hacienda.

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