QUIERO APRENDER A LEER

Margarito: Con su licencia, de parte del niño Pablo que si no tiene unos trapos.

Olivia: Yo tengo maletas en mi maletín.

Ángela: ¿A dónde va señorita?

Olivia: Por lo pronto a curar al cachorro.

Evangelina: ¡Ves que desición, la firma Ángela, la firma!

Llega Olivia con el maletín para ayudar a Pablo poniéndose de rodillas frente al costado del perro mientras Pablo lo cura.

Olivia: Aquí jay vendas y algodón ¿es grave la herida?

Pablo: Tú nunca has visto al cachorro ni te importa pa' que preguntas.

Olivia: Porque sé que le importa a usted ¿es grave?

Pablo: Ya le puse limón y sal pa' que le cicatrice pronto y al pelo.

Olivia: Pero le habrá dolido mucho.

Pablo: Seguro y a mi también.

Olivia: ¿Y no se queja?

Pablo: Eres tonta, este animal se cura o se muere, pero no se queja verdad mi viejo.

Olivia: ¿Me morderá?

Pablo: Pos hablale .

Olivia comienza a acariciar al perro.

Olivia: Pobre cachorro tan valiente, ya ves lo que te pasó ¿quién te manda andar peleando con tigres?

Pablo: YO.

Olivia: Quieto aunque te duela hay que cuidarte.

Pablo: ¡Que pronto te lo ganaste!, pero conmigo no creas que va a ser igual de fácil eh.

Olivia: ¿Por qué?

Pablo: Porque a ustedes loa maestros les gusta mandar y conmigo no sirve aquí mando yo.

Olivia: Pero, eso no quiere decir que no podamos ser amigos.

Pablo: Los amigos tienen que verse frente de frente, y tú bajas los ojos cuando te habló.

Olivia lo mira sorprendida, y sonríe pensando que tiene razón.

Olivia: ¡Es increible!

Pablo: ¿Pos que tanto me ves?

Olivia: ¡Vaya con usted no hay manera de atinar!

Pablo: Olvida el usted, cuándo oigo decir usted pienso que le hablan a otro.

Olivia: ¡Esta bien cómo tú quieras!

Pablo: Jajajaja, ¡cómo tu quieras, cómo tú quieras!, eres igualita que los demás, primero mucho pasale a uno la mano por el lomo y cuando uno ya está mancito, sacatelas ya lo quieren enseñar a uno a leer.

Olivia: ¿Y eso que tiene de malo?

Pablo: Pos no sé, pero conmigo andas torcida maestrita, así que menos plática y déjame en paz.

Olivia sale un poco molesta, se levanta y se sacude la ropa llena de paja dejando solo a Pablo.

Olivia: Con permiso.

Camina Olivia, y Pablo segundos después sale para alcanzarla.

Pablo: ¡EH TÚ ZANCUDA!, ¿te vas a quedar?

Olivia: Sí ti quieres.

Pablo sonríe mirándola de arriba, abajo.

Pablo: Pos a mí me da lo mismo ¿cómo te llamas?

Olivia: Olivia.

Pablo: No sirve.

Olivia: ¿Por qué?

Pablo: Sí estas lejos y tengo que llamarte fíjate OOO-LI- VIAAA no acabó.

Olivia: Entonces ¡como debo llamarme!

Pablo: ¡Vía!, fíjate VIAAA ves.

Olivia: ¡Sí, sí es mas fácil!

Pablo: No si aquí vas a aprender muchas cosas, nos vemos zancuda.

Le da una palmada en la espalda de manera brusca, y se tambalea mientras las tías sonríen entendiendo que se va quedar.

A LA MAÑANA SIGUIENTE... heredando la voz de su papá, cantaba mientras cepillaba su caballo en la parte trasera de la haciendo donde trabajaban empleados y había mujeres haciendo tortillas de maíz era hora del almuerzo, le gustaba comer y compartir con ellos así como le gustaba molestar a Domingo eran las nueve de la mañana y cantaba directo a la ventana de él, pero Olivia también se despertó.

Yo soy quién soy y no me parezco a nadie

me cuadra el campo y el chiflido de sus aires

mis compañeros son mis buenos animales

chivos y mulas y uno que otro viejo buey.

El cuervo azul y un puerco color naranja

cantaban juntos ¡que bonita es la parranda!

y un feo caimán a un zorrillo le cantaba

jardín de flores ya no te eches tanto olor.

A veces quisiera ser tortuga para correr

caballo para volar, montaña para viajar pescado pa' trabajar, chaparro para crecer

borracho pa' no beber, jumento pa' no cargar

valiente pa' no pelear, y fiel como la mujer

como esto no puede ser me aguantó que voy hacer.

Yo soy quién soy y no me parezco a nadie

me cuadra el campo y el chiflido de sus aires

mis compañeros son mis buenos animales

chivos y mulas y uno que otro... VIEJO GUEY.

Abre la ventana Domingo molesto mientras Olivia también lo hace y Pablo se ríe.

Domingo: Es que no se va poder dormir nunca en está casa, no podías cantar a otra hora y en otro sitio.

Pablo: ¡Uy!, que bravo te despertaste.

Domingo: No me desperté, me despertaste con tus gritos, esto ya es demasiado.

Pablo se molesta y toma una piedra antes de lanzarla Olivia le dice que no lo haga y de todas formas la avienta.

Pablo: Pinche viejo.

Domingo: No, no Pablo deja esa piedra.

Olivia: No Pablo, le puedes pegar y lastimarlo.

Pablo: Pos, pa' qué crees que le tiro.

Olivia: NO, te lo prohibo.

Pablo: Pos entonces baja.

Olivia: No estoy arreglada.

Pablo: Pos arreglate, y te llevo a conocer la sierra ¿sabes montar a caballo?

Olivia: Pues muy poquito, pero hace mucho que no...

Pablo: Apúrate aquí aprenderás rápido andale.

...OUFIT DE OLIVIA PARA MONTAR....

Suspira Olivia cerrando la ventana y se cambia para montar, iban corriendo por la sierra abierta y el aire golpeaba su cara y llenaba sus pulmones, Pablo le gritaba a Olivia pues se estaba quedando atrás, el lago es parte del territorio de los Alazanes.

SIERRA.

Olivia: ESPERA PABLO.

Pablo: VAMOS VÍA DALE O TE VAS A QUEDAR.

Olivia: PABLO POR FAVOR.

De pronto Pablo se detiene y voltea a ver a Olivia que también se detiene.

Pablo: Ya nonte quejes y dale.

Olivia: Pablo ¿qué hago?

Pablo: Sujetate bien y jala con fuerza la correa.

Olivia: YA NO PUEDO PABLO.

Pablo: AHORA ES PARA ACÁ VENTE Y CUIDATE DE LAS TRAMPAS.

Olivia: SOCORRO, AUXILIO, PABLO ESPERA.

Pablo: Apurate zancuda.

Se detiene Pablo frente al lago y se veía toda la sierra y las montañas aún nevadas.

Olivia: Ya no puedo más.

Pablo: Hasta color te salió, respira hondo pa' qué agarres buen aire, haber maestrita ¿puedes enseñarme algo qué valga la mitad de esto?

Olivia: Es muy hermoso ¿por aquí vives tú?

Pablo: No, pero es por aquí cerca sígueme.

Olivia: No, otra vez.

Pablo: Anda ya vamos llegando.

Llegan a la cabaña y Pablo se baja primero amarra su caballo y luego el de ella y corre a la cabaña dejando que ella se baje sola al bajar ella lo sigue subiendo las escaleras.

Olivia: Pablo, amarra primero el mío.

Pablo: Ya voy, ya voy.

Olivia: Hay por fin llegamos, que hermoso lugar oye ¿y quién me baja?

Pablo: Pos bájate sola zonza.

Olivia sube por las escaleras para entrar a la cabaña y Pablo esta tomando agua fresca y natural era la que bajaba de la sierra y ellos la almacenan en barricas.

Pablo: Pásale.

Olivia: ¿Y aquí has vivido siempre?

Pablo: Sí siempre, pero bajo casi todos los días a la hacienda y me quedó allá para que mis tías no se sientan solas.

Olivia: ¿Y a la ciudad no has ido nunca?

Pablo: Al pueblo quieres decir.

Olivia: Bueno pues sí.

Pablo: No, nunca mi viejo me decía que no había nada mejor que la montaña.

La cabaña era rústica había leña de lado izquierdo apilado, una mesa, dos sillas en la mesa tenían una vajilla completa para dos personas y un quinqué, en el techo colgaba otro quinqué y tenía pieles de animales y cabezas de venados y una guitarra colgada, una silla de respaldo alto de cuero frente a la chimenea y Olivia caminaba viéndolo todo.

Olivia: Bueno y aquí ¿nunca te has sentido solo?

Pablo: Antes no, pero desde que murió mi viejo hay días que se me hacen largos, largos ¿quieres es agua?, baja de la sierra mi papá las almacenaba en estas barricas.

Olivia: Sí gracias ¿y cómo era tu padre?

Olivia toma el vaso y bebe realmente tenía mucha sed y el agua la volvió a la vida, luego Pablo toma la guitarra y comienza a tocar sus cuerdas.

Pablo: Pues era fuerte, valiente, pura verdad con él, no hacía falta más con él, salíamos a los montes, a correr, a cazar, aquí se sentaba mi viejo y por las noches me contaba cuentos que solo él sabía, me enseñaba a cantar, a tocar la guitarra está mira, lo que no entiendo es ¿por qué odiaba tanto a las mujeres?, tú no pareces mala.

Olivia: Nunca te lo explicó.

Pablo: No, pero a veces venían amigos a cazar con nosotros y si platicaban de mujeres mi padre se enojaba y echaba unas palabrotas re duras que sonaban como trancazos ¿quieres que te las diga?

Olivia: No, no, no hace falta ya me las imaginó.

Olivia deja el vaso sobre la mesa ella camina y se recarga por detrás del respaldo de la silla.

Pablo: Me gusta estar aquí

Olivia: ¿Y tu madre?

Pablo: Por ahí andará o se habrá muerto, ni sé quién era.

Olivia: ¿Y no te gustaría andar más arreglado?

Pablo: Arreglado ¿de qué?

Olivia: Más limpio, rasurado, que no lleves la ropa destrozada.

Pablo: Pos... ¡vamos a comer aquí!

Olivia: Pero, ¿qué van a pensar tus tías?

Pablo: Pensar, pos que tenemos hambre ya verás que pronto hago la comida.

Pablo va hacía el gallinero donde había también patos, borregos, puercos, una vaca y un buey, Olivia miró hacia una puerta que estaba cerrada y al entrar había un quinqué a un lado en una pequeña mesa de lado izquierda una cama y colgaba del techo también un quinqué así como más pieles de animales y cabezas de diferentes animales y una mesa con otra silla de cuero con respaldo alto y sobre la mesa un libro que llamó atención y lo abrió para leer, pero oyó las gallinas salió del lado en que había un balcón que daba a la entrada y se veía también el gallinero.

Olivia: ¡Cocinarás gallinas!

Pablo: ¿Qué andas haciendo?, era el cuarto de mi padre tal como lo dejó, y ese libro también era suyo.

Olivia: ¿No te gustaría poder leer?

Pablo: ¿Pa' qué?

Olivia: Porque era de tu padre, además es un libro muy hermoso y un buen libro es como un amigo.

Pablo: ¿Tú lo has leído?

Olivia: Más de cien veces ¿quieres oír?

Pablo: Sí.

Conforme Olivia leía Pablo soltaba las dos gallinas que había tomado y comenzó a arrancar la hierba verde cuando se sento en una piedra.

Olivia: ¿Qué es esto?, dijo un niño mostrándome un puño de hierba ¿qué podía yo responderle?, yo no sé lo que es la hierba tampoco, tal vez es la bandera de mí, amor vestida con la sustancia verde de la esperanza, tal vez es el pañuelo de Dios un regalo perfumado qué alguien ha dejado caer con intención amorosa ¿qué te parece?

Olivia corre abriendo una pequeña reja y se arrodilla en el jardín donde estaba Pablo.

Pablo: Vía.

Olivia: ¿Qué te pasa?

Pablo: No sé, no entiendo bien, pero siento, ese que habla de las cosas chiquillas como si fueran grandes.

Olivia: ¿Por qué lo dices?

Pablo: Yo conozco la hierba desde que nací, la he respirado, mordido con mis dientes, y con todo eso, no sé que es la hierba ¿quién escribió eso?

Olivia: Un gran poeta, Walt Wittman.

Pablo: ¿Y es así todo lo que dice?

Olivia: Todo, la tierra y el hombre frente a frente.

Pablo: ¿Y ese libro no tiene mayúsculas?

Olivia: No, los poetas verdaderos no lo necesitan.

Pablo: Entonces voy a aprender a leer, ¡pero a escribir no eh!

Olivia: Es muy útil, puedes expresarte, hablar a distancia; si yo estuviera muy lejos ¿como te ibas a comunicarme contigo?

Pablo: Pos ha gritos, iría a caballo, ¡ah!, pero que piensas irte.

Olivia: Ahora no, pero un día tendrá que ser.

Pablo: Entonces pa' qué veniste mejor vete de una vez.

Olivia: Mira, si yo estuviera muy lejos donde no puedo oír tus gritos ni llegar tu caballo, tendrías que escribirme no.

Pablo: Y si te escribo para que vengas lo harías.

Olivia: No sé, creo quw sí.

Pablo: Entonces voy aprender a escribir también.

Olivia: Gracias, mira vamos a hacer un pacto, yo te enseñó a leer y escribir y tú me enseñas a cazar, montar bien a caballo, a ser como tú.

Pablo: Bueno, pero no te vayas a rajar eh, siguele leyendo me gusta.

Pablo acomoda sus brazos en la pierna izquierda de Olivia que primero se sorprende luego sonríe pensando lo inocente y puro que es, a pesar de ser un hombre no tenía malicia.

Olivia: Pienso también que la hierba es un niño, el recién nacido del mundo vegetal, o es un jeroglífico uniforme cuyo significado es nacer en todas partes.

Ya habían conseguido que Pablo aceptará a leer y escribir, pero tal vez no todo lo que faltaba sería tan fácil y menos lo legal.

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