Olivia: Buenos días.
Margarito: La señora Evangelina, la señorita Ángela y el señor administrador.
Olivia: Encantada.
Evangelina: Pase usted, no le molesta que la miremos tan detalladamente.
Olivia: Pueden mirar cuanto quieran.
La miran de arriba hacia abajo y luego sonríen.
Evangelina: Es usted mucho más bonita de lo que yo esperaba y también más resuelta.
Olivia: Perdón hice algo atrevido.
Evangelina: No, pero la estoy mirando con todas mis fuerzas y no consigo que baje los ojos.
Olivia: Tal vez por qué porque me agrada la bondad que veo en los suyos.
Evangelina: ¡Mmm!, inteligente quiere darme su mano.
Olivia: Claro que sí.
Ángela le toma la otra mano.
Ángela: Espero que vamos a hacer muy buenas amigas.
Olivia: Estoy segura.
Evangelina: Señor Hernández, no tiene nada que hacer en su despacho.
Domingo: No nada señora.
Evangelina: Pues haga usted el favor de ir a buscarme tal vez me encuentre en el jardín.
Domingo: Está bien, lamentó señorita no poderla felicitar por su llegada.
Sale Domingo viéndola de arriba hacia abajo y sale.
Olivia: No es muy alegre el señor.
Evangelina: No le haga caso ¿y tú que haces ahí?, sube el equipaje de la señorita.
Margarito: Para qué voy a andar subiendo y bajando en cuánto le platiquen aquí a la señorita se irá por donde vino.
Evangelina: Tú obedece.
Margarito sube con la maleta, Evangelina, Ángela y Olivia.
Margarito: Si señorita.
Evangelina: Venga usted señorita le vamos a enseñar su recámara.
Se detienen en la mitad de las escaleras y voltean a verla.
Evangelina: Espera un momento señorita, si usted hubiera vivido en tiempos de Nerón y la hubieran condenado al circo ¿cuál hubiera sido su actitud?
Ángela: Imagine la escena, en las gradas llenos de paganos borrachos de sangre, usted vestida con una túnica blanca el León se acerca.
Evangelina: ¿Qué habría hecho usted?
Olivia: No sé, supongo que lo mismo que ustedes echando a correr cómo una loca.
Evangelina: Muy mal hecho en compararse con nosotras señorita, nosotras mi hermana y yo, no habríamos corrido y mucho menos cómo locas, en esta casa nunca más vuelva usted a mencionar la palabra loca entendido.
Entran a la recámara con una sonrisa y Oliva entra desconcertada por el comportamiento de las personas desde que llegó.
Evangelina: ¿Le gusta?
Olivia: Mucho.
Evangelina: Puede ir desempacando si quiere.
Margarito dejó la maleta sobre la cama y su pequeña maleta de viaje en el tocador.
...MALETA DE MANO PARA VIAJE....
Olivia: Antes me gustaría aclarar algo, por qué la actitud de ustedes no sé, yo creo qué aquí hay una confusión, ustedes me llamaron para hacerme cargo de un niño no es así.
Evangelina: Sí.
Olivia: ¿Dónde está ese niño?
Evangelina: No se andará en el monte con su rifle.
Olivia: ¡Con un rifle él solo!
Ángela: ¡No con pancho y el orejón!
Olivia comienza abrir la maleta.
Olivia: ¡Ah vaya!, dos criados de confianza
Ángela: ¡Dos perros chulísimos!
Olivia: ¡Pero cómo dejan a un niño solo en la montaña, y con armas!
Evangelina: Tranquilícese, su padre era un gran cazador lo acostumbró a la pólvora desde que era pequeño.
Ángela: Pero, ahora se ha quedado huérfano y usted nos tiene que ayudar a salvar al inocente.
Evangelina: Primero hay que enseñarlo a leer y escribir, después todo lo demás.
Olivia se sienta en una silla que tienen frente a un secreter, y luego se dirige con Ángela.
Olivia: ¡Ah ya entiendo!, ese refugio en el campo, el misterio, ¿y el niño es suyo?
Ángela: ¡No como se le ocurre, yo soy una señorita!, y mi hermana también aunque estuvo casada.
Olivia: Entonces ese niño natural...
Evangelina: ¡Qué dice usted es hijo legítimo!, mi hermana a dicho natural como lo contrario de artificial, como un producto de la naturaleza.
Olivia: De acuerdo, señora pero por muy natural que sea no lo habrán encontrado en un árbol.
Evangelina: No desgraciadamente es hijo de nuestro hermano.
Olivia: ¿Y la madre?
Evangelina: En esta casa preferimos no oír hablar nunca de ella.
Ángela: Volviendo a lo del niño, su labor va a ser muy dura por qué es desconfiado instintivo como un animalito completamente, indomable y peligroso como un diablo.
Se levanta de la silla y vuelve a la maleta.
Olivia: Estoy acostumbrada a esos pequeños rebeldes.
Ángela: También estaban acostumbrados los otros profesores y ninguno dura más de tres días.
Evangelina: El último quiso dominarlo por la fuerza y lo tiró por la ventana.
Olivia ya abrió la maleta y saco algunas cosas y voltea sorprendida.
Olivia: No lo puedo creer, como el profesor tiró al niño por la...
Ángela: No, el niño al profesor.
Olivia: No, un momento que ya no sé ni dónde estoy, cómo es posible que un niño... ¿cuántos años tiene el niño?
Evangelina: 26.
Olivia: ¿Y para eso me han traído aquí?, ustedes están locas me voy ahora mismo.
Olivia se acerca de nuevo a la maleta y mete sus cosas y mete otras en el maletero de mano.
Ángela: Hay no por favor señorita.
Evangelina: Al menos, espere a conocerlo señorita.
Olivia: No, no ¿para qué?, será un enfermo retrasado mental.
Evangelina: No, es inteligente y muy bueno.
Ángela: Es que siempre ha vivido en la montaña.
Evangelina: Denos una oportunidad señorita no se vaya.
Se oyen disparos y gritos se asoman por la ventana y Olivia lo ve.
Ángela: ¡Hay es nuestro niño tan lindo.
Evangelina: Venga señorita.
Ángela: Es su manera de saludar.
Olivia: Y esa especie de bandido que se acerca es el niño.
Evangelina: ¡Sí, Sí señorita!
Olivia: Pues con permiso.
Toma sus maletas y se baja.
Evangelina: Hay no se vaya usted.
Olivia: Soy maestra no domadora.
Evangelina: Espere por lo menos una hora siquiera señorita, es el momento que tanto hemos soñado.
Olivia: No quiero saber nada.
Ángela: Ese muchacho nunca ha visto una mujer tan bonita como usted.
Se detiene y las oye sorprendida y luego vuelve a caminar.
Olivia: ¿Y creen ustedes que eso me tranquiliza?, imaginense lo que me puede ocurri, no gracias.
Evangelina: Espere será un momento hermoso aguarde.
Olivia: Ya les dije que no quiero saber nada.
Estaban por conocerse y el destino ya tenía sus vidas marcadas.
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