^^^Fanny Hawk.^^^
Me puse el uniforme escolar, la falda azul a cuadros negros y la corbata del mismo tipo de diseño, junto a una camisa negra y una chaqueta de un azul oscuro, como en las profundidades del océano.
Es un poco molesto utilizar el uniforme, pero creo que es lo mejor en mi situación porque de este modo no tengo que pensar en una variedad de conjuntos de ropa para asistir a la escuela.
Este es mi último año, en todo caso, y al igual como mi hermano, tampoco tengo deseos de continuar con mi educación en la universidad. No hay ninguna profesión que llame mi atención, así que me uniré al trabajo familiar, al trabajo que papá y mamá empezaron por su cuenta, y que más tarde se unió Matt a ellos.
Ahora solo se encuentra Matt y yo quiero ser de utilidad al unirme en la creación de muebles, porque mis padres trabajaban en eso, ambos eran carpinteros y creaban los mejores y más bellos muebles artesanales que alguien haya visto.
Ellos se aseguraron de enseñarle a mi hermano, luego seguí yo cuando tuve la edad suficiente como para tomar las herramientas.
Escucho la bocina del auto de papá, ahora de Matt, por lo que despejo mi mente y termino de colocarme el collar de mamá, el que tiene la forma de girasol. Entonces salgo de mi habitación, bajando las escaleras y cerrando la puerta principal cuando salgo de casa.
—Lo sé, lo sé.—Digo antes que empiece.
—Estás llegando tarde.—Se queja de todos modos, subiendo al auto justo cuando también lo hago, tomando asiento en el lugar del copiloto.
Mi hermano enciende el motor y conduce en dirección a mi escuela, yendo un poco rápido para mi gusto.
—No llegaremos si morimos en el camino.
—Se supone que te desperté una hora antes para evitar retrasos, y aun así, de alguna manera te las arreglaste para tardar más 50 minutos en el baño.
—Soy una chica, Matt. Las chicas tardan en arreglarse.—Se lo digo como si fuera noticia mundial.
—¿Cuál es el punto de arreglarse por más de media hora? Solo es la escuela, no verás al maldito presidente.
—Me gusta lucir bien, eso es todo.
—Claro.—Resopla.
—¿Crees que estoy mintiendo?.—Me giro a verle, con el ceño fruncido porque diablos, mi hermano tiene una facilidad para fastidiarme.
—¿Quién sabe? La última vez que lo consulté, solo escuchaba mentiras y excusas saliendo de tu boca.
—Ok, entonces dime.—Me cruzo de brazos.—¿Por qué diablos creer que intento lucir bien?
—¿Cómo podría saberlo? Ya no estoy en la escuela para seguir tus pasos.
—Afortunadamente, porque siempre eras el jodido centro de atención.
—De todos modos.—Continúa Matt.—Si estás viendo a un chico, necesito que me lo digas ahora.
—¿Para enviarlo al otro lado del mundo?
—No.—Le veo apretar el volante con fuerza, permitiéndome ver sus nudillos blancos.—No tendría la misma suerte que tu ex maestro de arte.
—Nunca dije que el profesor de arte hiciera algo conmigo.
—Tal vez lo insinuó, eso bastaría para darme los motivos suficientes como para romperle un par de huesos.
No lo dice por decir, habla en serio, siempre lo hace. Matt nunca juega ni bromea con este tipo de cosas, y creo que me gusta demasiado esta parte suya, me gusta que sea protector, que muera de celos por mí.
—Relájate, no tengo a nadie.—Nunca lo he tenido porque siempre has estado tú en mi mente, esto no se lo digo.
Mi amor por Matt, este amor enfermizo que me hace desearlo de maneras que no debiera, se irá conmigo a la tumba. Nadie jamás, nunca ni siquiera después de mi muerte, puede saber que sentí algo más que amor fraternal por mi hermano mayor.
Este secreto lo mantendré para mí, solo para mí, puedo vivir a su lado y seguir siendo su hermana mientras siga escondiendo mis sentimientos, porque sé que de otro modo, todo lo que tenemos terminará por destruirse.
El viaje sigue en silencio, hasta que llegamos al estacionamiento de la escuela, con solo dos minutos de anticipación para el inicio de clases.
—Justo a tiempo.—Le sonrío.
—Vendré a buscarte, así que no te vayas con tus amigas.
—Sí, señor.—Pongo los ojos en blanco.
Dudo por un momento antes de hacerlo, pero me acerco a su rostro para besar su mejilla.
—Siempre lo hacía cuando papá me dejaba en la escuela.—Digo la verdad, un beso inocente en la mejilla no debería ser un problema.—Adiós, hermano.
—Hasta luego, abejita.
Me bajo del vehículo con mi vientre ardiendo y mi corazón frenético, sintiendo un delicioso cosquilleo en mis labios por tocar su piel, deseando volver a repetirlo. Pronto, me digo antes de correr hacia la escuela para llegar a tiempo a la primera clase.
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Comments
Dannia
No se ven como hermanos ambos quieren comerse
2023-12-07
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