Fiesta.

Aunque la noche estaba en su máximo apogeo, aquel lugar deslumbraba, había tantas luces que mi rostro se iluminó tanto como estás, al entrar fuimos guiados hasta un salón de fiestas abismal, aquel lugar ya estaba repleto de personas.

-Odio estás fiestas -murmuro Gabriel con fastidio.

-Debe existir algo positivo de este tipo de fiestas, ¿o no?.

-Después de los beneficios para la empresa nada, esta gente en su mayoría es arrogante, ten en cuenta que lo digo yo.

-Pues no, al menos no para mí, sinceramente asisto por conveniencia y por la costumbre de acompañar a papá, también por ver a las lindas señoritas de algunas familias -sonrió.

-Dios, en verdad no has cambiado, deberías cambiar tu forma de pensar, pronto tendrás que sentar cabeza -dije con un tono serio.

-Me niego a comprometerme, no deseo casarme, eso no es parte de mis planes.

-No me refiero a matrimonio, tampoco íbamos a comprometerte, mi matrimonio salió mal y es una buena lección para que escojas a tu pareja, pero eso no significa que debas esconderte del compromiso.

Gabriel frunció el ceño, él se definía a sí mismo como alguien libre y no era un amante de las relaciones serias, jamás había llevado a casa a alguna novia, también tenía tendencias a salir los fines de semana y no aparecer por muchos días, llevaba la vida de un adolescente libertino, era bastante preocupante para mí y mi padre.

-No quiero regañarte, es solo que me preocupas, deseo lo mejor para ti, bueno, no es momento para hablar sobre eso, por ahora solo nos mezclaremos en un grupo.

-Bien -suspiro con pesadez-. Es bueno empezar con los ancianos, después de un par de copas estarán de buen humor.

Las charlas eran incómodas y nadie se acercaba a mí, sabía lo mal que estaba siendo observada y lo muy juzgada que estaba siendo, a estás alturas era increíble ver conforme al tiempo lo distorsionada que estaba la historia desconocida sobre mi separación. Ahora la culpa era mía, por ser una esposa aburrida, una mujer sin nada interesante, despreocupada y ahora incluso era juzgada por ser una madre despreocupada.

Para todos se veía mal que tomará las riendas de la empresa no solo por ser mujer, sino también por dejar a mi hijo de lado, cosa por la que a Peter no lo jugaban, él solo era un empresario que ya había superado su divorcio, ridículo.

-Hablando del diablo -murmuro Gabriel en mi oído-. Tu exmarido acaba de llegar con su bonita y joven amante.

Al girar mi cabeza, Peter estaba agitando una copa en su mano mientras Marian sujetaba el brazo libre de este, ella no se despegaba de este, sin embargo, este tampoco se veía fastidiado, por el contrario, mantenía su conversación mientras miraba a Marian de vez en cuando.

-Solo ignoremos su presencia, hasta ahora mejore un poco mi imagen y ya tenemos a un nuevo socio, quiero estar tranquila, además, en este punto la fiesta está para entretenerse, los negocios pasaron a segundo plano.

Gabriel asintió, en cambio, Gabriel desvió su concentración hasta el otro lado de la habitación, al mirar el objetivo de la mirada fija de mi hermano noté que era una joven de cabello castaño y ojos café, era la hija de un viejo empresario el cual estaba enfermo.

-Puedes ir con ella - susurré.

-¿¡Qué!? -exclamo sorprendido-. No, no es necesario, prometí quedarme a tu lado.

-Por favor, la miras con anhelo, aunque si vas, te pido que no juegues con el corazón de esa chica, su familia está en un momento lamentable.

-No iré.

-No seas terco, aquí están algunas de las mujeres con las que me críe o gradué, buscaré buena compañía.

Después de mirarme en silencio por un largo rato, Gabriel asintió y casi corriendo se acercó a aquella joven, la cual al principio mostró incomodidad, pero no tras un par de palabras de mi hermano, esta mostró una sonrisa amable. Gire mi cuerpo y mi mirada comenzó a vagar por el lugar hasta encontrar a un rostro conocido, camine hasta aquel pequeño grupo de mujeres

-Buenas noches… -dije un poco insegura.

-¡Gala! -exclamo una de las mujeres, aquella era una pequeña rubia de ojos claros, en algún momento estudiamos juntas y asistimos a varios campamentos juntas.

-Hola, Camila, hace mucho no nos veíamos.

-¿Mucho?, desde que te casaste, es un alivio ver tu rostro -Ella me abrazo y me sentó junto a ella en la mesa-. Chicas, ella es Gala, sé que han escuchado sobre ella, pero es muy buena persona.

Una a una se presentaron, al parecer todas estaban casadas menos Camila y una de sus amigas, Paola, ambas tenían una actitud amable y destacaban del grupo. Fue cuestión de unos pocos segundos para que me sintiera cómoda, había olvidado como se sentía salir con amigas, era una sensación tranquila y agradable.

-Ya vengo, denme un momento -dije mientras me levantaba lentamente.

-Claro, te esperamos -dijo Camila con una sonrisa.

Caminé lentamente hasta conseguir el baño, en realidad me perdí un par de veces, ya que jamás había estado en ese lugar, después de usar el baño retoqué un poco mi maquillaje, en eso entró Marian, aunque esta no fue directamente al baño, sino que se acercó a mí.

-Señora Gala… -dijo con un tono bajo para atraer mi atención.

-¿Qué deseas? -pregunte con un tono mesurado.

-No quiero estar en una mala relación con usted, es la madre del hijo de mi pareja y sinceramente quiero llevarme bien con usted.

Guarde mi maquillaje y volteé mi mirada hacia Marian con ironía, esta me miraba con rostro lleno de tranquilidad e inocencia, aunque soy lo suficientemente inteligente como para saber que estaba fingiendo amabilidad.

-Primero, no soy señora para ti, has estado indirectamente llamándome vieja, algo hipócrita y estúpido, ya que Peter tiene mi edad y para eso no dudaste en meterte en mi matrimonio. Segundo, ni siquiera tienes uso de razón, por el hecho de que no dudaste en ir a mi casa y ahora mismo en perseguirme, ¿no tienes nada mejor que hacer?.

-Yo… no entiendo porque te caigo mal, sé que tome tu lugar pero…

-¿Mi lugar?, ¿en serio?, ¿Peter te pidió matrimonio?, además si a mí me engañaron, que quedará de ti, no me caes mal, me das igual, deja de perseguirme, no estás demostrando nada, no me interesa Peter, sin embargo, él no parece querer dejarme en paz. Si te preocupa que él siga detrás de mí, resuélvelo de otras maneras y deja de hacerte la inocente, porque para meterte con un hombre casado no eras inocente.

-Eres una bruja -dijo Marian mirándome con rabia-. Crees tener la razón, no me dejas acercarme, insinúas cosas.

-Piensa lo que quieras -dije y la dejé sola en el baño.

Al regresar con Camila y sus amigas, vía Marian otra vez acercándose a Peter, por lo que solo reflexioné en silencio un poco, ¿hasta cuando debía soportar a ese par?, ¿realmente seguirían haciendo mi vida miserable?.

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Comments

Betty Saavedra Alvarado

Betty Saavedra Alvarado

Gala ignorarlos peter es el padre de tu hijo Marian la novia hipócrita que de inocente no tiene nada no lee el gusto de verte molesta

2023-09-25

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