Desayuno

-          Señor – él le colocó la boca en la suya y la calló con un beso, tres veces se repitió la misma acción hasta que ella cedió y dijo con voz condescendiente – Sebastián

-          ¿Sí? – preguntó el hombre que la tenía tan pegada como si se tratara de su ropa, parecía embriagado con ella

-          ¿Podemos hablar? – preguntó esperanzada que le dejara más espacio

-          Ok, pero después terminaremos esto porque no voy a poder controlarme más de una hora - le dijo, ella intentó alejarse, pero él se lo impidió

-          Voy a vestirme – la voz le estaba fallando, no estaba acostumbrada a estar desnuda y menos con un hombre con el que había tenido ¿sexo casual? ¿así se le decía? No estaba segura ni de ella misma en ese

momento

-          Así te prefiero, ven – la sentó en sus piernas en el pequeño comedor para cuatro personas, frente al desayuno, al ver que él quería alimentarla ella se desesperó

-          ¡Puedo comer por mí misma! – chilló angustiada

-          Tengo miedo que me pinches con el tenedor – confesó el hombre, adivinando sus pensamientos, ella entrecerró los ojos, era un rival muy duro, pero la verdad deseaba más de él – hablemos, nos quedan

cincuenta minutos – señaló el reloj de la pared – para la quinta ronda – puntualizó

-          ¿Por qué debo ayudarle? – preguntó ella, hablando del grupo Miranda, que había hecho alianza con el grupo Alameda

-          Venganza – espetó él en voz fría y clara, sintió escalofríos en su nuca mientras recibía un pedazo de sandía dulce y un poco de comida, luego con el mismo tenedor, en pequeños bocados alternando entre ellos

-          ¿A que vino a mi casa? – preguntó después de pensarlo un poco porque eso no lograba entenderlo ni un poco, ella era una mujer común y corriente ¿él se acostaría con ella para convencerla?, no parecía

ser ese tipo, pero quién sabe

-          ¿No es obvio? – soltó una risa sincera, ella lo miró sin comprender – cuando entraste en mi casa hace unos meses no sabes cómo me contuve, y en la oficina yo sólo pensaba en como desnudarte ahí mismo – sus manos se movían en círculos sobre su abdomen, sólo las yemas de los dedos la tocaban, la estaba excitando a propósito – quedan treinta y cinco minutos – miró de nuevo el reloj de la pared

-          ¿Intenta convencerme con sexo? – preguntó ella nerviosa, temiendo que él se diera cuenta de lo excitada que estaba, no deseaba ser usada a pesar de lo mucho que este hombre le gustaba

-          No, esos son negocios – la besó en el cuello, le dio un pedazo de melón, el cual ella comenzó a masticar mientras él la interrumpió y comió la mitad de la fruta de sus labios – esto es placer – su voz era cada vez más ronca y varonil, ella tenía escalofríos, le estaba costando llegar a razonar, miró el reloj, sólo faltaban veinte minutos, el hombre notó su acción y sonrió – diecinueve minutos – ella no lo corrigió, aún sentía vergüenza de estar desnuda en su comedor con un millonario que la estaba excitando más que ningún hombre en su vida. Él continuó alimentándola y de vez en cuando robaba la comida de su boca.

-          ¿Podré acabar con el grupo Miranda? – esta vez estaba pensando con un poco más de claridad, él se enderezó

-          Lo prometo, serán exterminados – declaró solemnemente

-          ¿por qué Mateo iría contra ellos?, no lo ha hecho en todo este tiempo – eso no le cuadraba del todo

-          Por mi hijo – la voz de Sebastián estaba temblando, ya no la acariciaba, ella se sorprendió el hombre se estaba conteniendo así que él continuó – su madre que está con el grupo Almada lo ofreció a cambio de dinero – apretó las manos en un puño, ella comenzaba a entender lo que sucedía – también vendió a su otra hija – cerró los ojos – apenas tiene doce años, ya no la reconozco – sus ojos mostraban la tormenta en el fondo, ella se estaba perdiendo aún más en su voz, era un padre que iba a defender a su hijo, no sólo eso, un grupo mafioso había tomado a un chico que no era de su sangre como heredero – la conozco desde que tenía diez años y ahora es una completa desconocida para mí – su voz tenía contenida impotencia

-          ¿Por qué Luciano? – se atrevió a preguntar con voz apagada la detective abrumada por lo que sentía

-          Mi hijo es muy talentoso tiene un IQ por encima del promedio – se rio – muy por encima, Sandra, es decir, Andrea lo supo casi de inmediato, ella cultivó el cerebro de mi hijo y lo estimuló en todos los sentidos, su madre ha intentado muchas veces quitármelo, no de frente, hemos bloqueado tres intentos de secuestro anteriores – enterró su cabeza en la nuca de ella, no era una acción sexual, ¿impotencia? Pensó ella – desearía que al menos lo viera como su hijo, ¡ella lo gestó por nueve meses! – gruñó con desesperación – Luciano no cederá ante ellos, al fin de cuentas sabe cómo es su madre, ni Andrea o yo permitiremos que lo toquen, así que Mateo no tiene más elección que protegerle.

-          Usted es muy rico, ¿realmente los necesita? – preguntó ingenuamente

-          ¿Puedo enfrentarme a un grupo de la mafia?, si, sin embargo, los otros grupos pueden malinterpretarlo si Mateo me apoya sabrán que se trata de una vendetta y no se meterán en la contienda, de otro modo me declararían la guerra y Luciano quedaría en el medio – se dio cuenta de cuánto lo habían pensado

-          ¿Por qué unirse a grupo Blanco de modo oficial? – preguntó ella, sólo faltaban cinco minutos y estaba ansiosa, ya deseaba que la manecilla se moviera a cumplir la hora

-          Mateo no puede encargarse de sus asuntos por el momento – era evasivo, obviamente no le diría sus manos por otro lado retomaron la acción de acariciar su abdomen– me ofrecí a manejarlos, sus hombres manejan

los “otros negocios”

El silencio en la habitación reinó, el hombre parecía perdido en sus pensamientos como si observara varias posibilidades y así era contemplaba todos los escenarios, uno de ellos era el plan original, mantenerse alejado de ella y manipularla hasta que fuera con sus hombres según lo planeado, era lo que Mateo le había planteado, al final no pudo resistir a la mujer cuya historia leyó en el reporte que le dieron sus hombres ella estaba tan vulnerable, aún no podía decirle que pusieron precio a su cabeza y un sicario intentó asesinarla la noche anterior, por ello la atrajo, después de estar tan cerca no resistió la tentación, su mano se movió involuntariamente y sintió la suave piel de la mujer en sus brazos, volvió a sus sentidos ella lo miraba absorta, ¿lo deseaba?, estaba seguro que sí sus pupilas estaban dilatadas y sus labios entreabiertos, ya no podía escapar a sus decisiones, ni Oliva tampoco, si deseaba sobrevivir tendría que unirse a ellos.

-          Me demoré un minuto – dijo en modo de disculpa luego de ver el reloj

-          Tres minutos – corrigió ella callando su boca con un beso, ahora sería ella quien solicitara su atención.

Terminaron en la cama, jadeando y sintiéndose extraños, apenas y hablaron en tres meses y estaban teniendo los mejores orgasmos de sus vidas, el multimillonario no se separó de ella hasta el día siguiente.

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