Cuando Luciano cumplió dieciocho años fue cuando todo estalló el joven quería ir a Mirra a una fiesta que le había preparado Alejandro, Sandra le prohibió ir debido a que se enteró de los problemas de su padre, sin contar con sus propios problemas en el país, así que el chico indignado dijo las palabras más hirientes para la mujer
- Tú no eres mi madre, no tienes derecho a decidir por mí – tras decir esto el muchacho huyó de casa, Alejandro le esperaba en su auto y se marcharon rumbo al aeropuerto
Sandra ni siquiera pudo responder, le faltaba el aliento y se desmayó, Sebastián la encontró junto a Jacob y ella aseguró que tenía un mal presentimiento, investigaron y así era Luciano estaba a punto de llegar a Mirra, su “amigo” lo llevó a un bar, a su fiesta donde le dieron drogas por primera vez, luego entonces un hombre al que llamaban Andro hizo su aparición, tomaron a Luciano que era fuerte y lo ataron en la bodega del bar. Poco después marcó el número de Sebastián, Sandra estaba rastreando el número con su laptop, ¿cómo podía hacer eso ella con tanta naturalidad?
- Señor Iturbide tengo a su hijo - dijo una voz distorsionada por un aparato electrónico
- Diga lo que quiera y entregue a mi hijo – respondió Sebastián tratando de mantener la calma, mientras Sandra tecleaba frenéticamente
- SHHHH quiero las piernas de usted - respondió la voz sin emociones
- ¿Cómo dijo? - Sebastián creyó que no había escuchado bien
- ¿Ya olvidó que dejó cojo a mi hermano? - replicó la voz esta vez ya sin el odioso aparato - Usted por el chico – replicó el mafioso, Sandra le indicó que no respondiera - ¿me escuchó?
- Lo pensaré – Sebastián quería correr para salvar a su hijo, pero Sandra le indicó qué decir, en cuanto dijera las palabras se tomaría como un trato cerrado así era en este mundo y sería su fin
Los días pasaron, pero sólo pudieron identificar que la llamada se dio en Mirra, en la ciudad de Magnolia, Sebastián le contó a Sandra quien estuvo detrás, enfureció contra Alejandro, le haría pagar cualquier cosa que le ocurriera a su hijo, llamó a Rodrigo y Ernesto, estos no sabían nada, les encargó que si Luciano les contactaba o Alejandro le llamaran de inmediato, por supuesto no les contó del secuestro, sólo la dichosa huida estúpida de Luciano.
Tomó su pasaporte empacó dos mudas de ropa y reservó un boleto de avión, sólo había algo que pudiera hacer en ese momento. El magnate observaba cada día como la mujer se descomponía y desesperaba, la vio hacer su maleta y temió que ella regresara a Magnolia sola lo cual era justo lo que ocurría, llegó al aeropuerto justo después de ella consiguió un boleto y abordó el mismo avión esa vez debió viajar en turista, su jet estaba en reparación, maldita sea la hora que se averió. ¿Cómo ella consiguió en primera clase?
Cuando ella lo vio a su lado esperando el equipaje se asombró, él le dijo que no se separaría de ella hasta encontrar a su hijo, nada más importaba en ese momento, ella no tenía tiempo para discutir, pidieron un taxi y se dirigieron al club la Luciérnaga, ya no tenía el esplendor de antes ya que los bares de más prestigio ahora estaban en otra zona, pero Mateo se había negado a dejar el lugar, manejaba una veintena de ellos, y tenía las manos en
la mitad de los negocios turbios del planeta, pero ahí había vivido con su mujer así que no abandonaría el lugar, si ella volviera, si de casualidad o milagro lo hiciera sería el primer lugar al que acudiría y así fue, la vió cruzar el umbral del club, iba acompañada de un hombre, frunció el ceño, sus hombres casi les vuelan la cabeza a ambos no la conocían, eran novatos, los guardias del hombre sacaron sus armas, todo se tornó muy tensó.
- Apolo – susurró ella el hombre obligó a sus hombres a bajar las armas, si algo le sucedía a Andrea, Mateo los dejaría eunucos, la piel morena de la mano derecha de su marido estaba como la recordaba era un hombre impresionante en todos los sentidos, le dedicó una sonrisa
- Hermana, has vuelto – contestó haciendo un gesto de abrazo, Sebastián por su parte indicó que bajaran sus armas a sus escoltas también
- Andrea – susurró un hombre que se asomó por la puerta - ¿eres tú? ¿de verdad? – la incredulidad le atenazó, ella asintió levemente, podía cortarse el ambiente con un cuchillo, ella derramó unas lágrimas
- Ayúdame Mateo, se han llevado a mi hijo – eso dejó sin palabras a los presentes al lado de Apolo había otros tres hombres, Julio, Gene y Fer, los cuatro hermanos de juramento de Andrea y Mateo pocas veces estaban juntos en el lugar pero les alegró estarlo ese día
- ¿Hijo? – preguntó Mateo confundido, ella era estéril, al igual que él mismo, el bastardo de Ronaldo los dejó en ese estado, ella nunca supo que él tampoco podría tener hijos por eso cuando alguna amante le había dicho que estaba embarazada las mataba sin una duda, le habían sido infieles, sólo fue infiel cinco meses, pero lo intentaron extorsionar unas ocho mujeres con ese cuento. Quería matar a alguien, pero si dañaba al hombre a su lado que de seguro era el padre la perdería, así que haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad preguntó - ¿es el padre? – ella asintió, llevó la mano a la pistola ansioso
- Se llama Luciano Iturbide, tiene 18 años, Andro lo secuestró – Andrea daba los datos con rapidez porque si no lo hacía entendía que Sebastián jamás se reuniría con Luciano debido a que estaría muerto, Gene entendió y desde su celular comenzó su búsqueda
- ¿18 años?, apenas te fuiste hace doce años – la confusión se apoderó de Mateo, eso no le gustaba, porque no entendía nada, aunque comprendió que significaba que no era el hijo biológico de su mujer, le dió mucha felicidad aunque no lo demostró, Andrea y sus hermanos, sin embargo, lo notaron y ella se calmó
- Yo… lo crié como mi hijo – susurró ella – soy su “niñera”
- ¡Qué demonios! MI MUJER de NIÑERA – rugió observando al hombre frente suyo, ¿qué más había pasado entre ellos?, observó a su mujer ella lo miraba como siempre, aún le amaba de eso no había duda, pero observó el miedo en el hombre, intentaba esconderlo, ahí estaba en lo profundo, suspiró comprometiéndose con la mujer que amaba, necesitaba escucharla como le indicó Fer con una mano
- Te ayudaré, entraré a una guerra si así lo quieres por ese chamaco – ella lo miró con esperanza – todo tiene un precio y lo sabes – ella se estremeció
- Te daré mi vida – susurró ella
- Eso harás – dijo el hombre salvando el espacio entre ellos, eso no le gustó a Sebastián pero no podía hacer nada la tomó de la mano con su hermosa sonrisa, ella conservaba su mirada pura a pesar de todo lo que había vivido su mujer conservaba esa ingenuidad, sentía la tensión e impotencia del hombre a su lado, era hombre entendía que deseaba a su mujer, pero que ella aún era suya, observó el colgante en su pecho, era su anillo de bodas, él le mostró el suyo en la mano izquierda lo besó y ella se estremeció, luego el hombre dijo – he recibido tus tarjetas cada año, me gustaron todas, las tuyas esperan en casa, no sabía a donde enviarlas
- Me alegro – dijo ella, era tan diferente a como era en la mansión allá era libre aquí, Sebastián entendió que regresaba al infierno del que salió, todo por su hijo, su corazón se estrujó
- Celebraremos nuestro aniversario en dos días, para ese día tendrás al chico a tu lado – los hermanos de Mateo asintieron los tres salieron, sólo se quedó Apolo, Julio prepararía las armas y municiones, Gene accedería a los sistemas de seguridad, Fernando reuniría información – Señor ¿iturbide? Le entregaremos a su mocoso, una vez que termine la celebración será mejor que salga de Mirra y no vuelva nunca más, el chico puede venir después cada vez que quiera, de todos modos, conoceré a mi “hijo” pero usted será mejor que nunca más vuelva, vamos Andy te llevaré a casa
- ¿Su hijo? -Mateo le retó indicándole a Sandra, si ella era la madre, obviamente él sería un padre debía comprometerse más de lo que quería - No me separaré de ella hasta que mi hijo esté a mi lado – Sebastián tomó valor – ese es el trato que hicimos
- Deje de provocarme – sacó el arma y antes que los guardias pudieran hacer algo ya estaban rodeados le apuntó a la sien, Sebastián no se movió ni pestañeó, años en los negocios le enseñaron a mantenerse en control – es usted valiente o estúpido, pero le daré una oportunidad puede quedarse en el club con sus hombres, pero a la casa sólo vamos mi mujer y yo, debemos ponernos al día y no quiero que nadie nos vea desnudos por ahí –
ella se sonrojó, no dijo nada, mientras él volvía a sonreirle
- De acuerdo – apretó los puños con impotencia, nunca Sandra se comportó de ese modo, como una colegiala y con su hijo secuestrado, no tenía muchas opciones
- Vamos, amor – a ella era la única que hablaba con tanta suavidad – no he estado con ninguna desde que te fuiste – murmuró en su oído, sólo ella le escuchó se sorprendió – debes estar como yo – ella asintió pues deseaba a su marido, tantas veces lo había hecho, desaparecieron por la puerta trasera
- Por aquí – dijo Apolo señalando la puerta, les condujeron por unas escaleras a la parte alta del club, eran habitaciones parecidas a las de los hoteles, Sebastián frunció el ceño – esta es mi habitación, mandaré que retiren mis cosas y las de mis hombres cerraremos las habitaciones del club abiertas a los clientes, después de todo son amigos de Andy
- No sé si amigos es correcto – espetó Sebastián enfadado, sentía que lo trataban peor que una carga o un estorbo
- Espero que sean amigos porque de otro modo no le ayudaremos – contestó cortante Apolo – a ninguno más que a ella le importa su hijo y no sé qué hizo para enojar a Andro, pero ese tipo es de armas tomar, ha intentado de todo para sabotear a Mateo y el grupo
- Ese tipo me inculpó de seducir a una de sus amantes, intentó matarme y su hermano resultó herido nunca hice nada de lo que me acusó – replicó Sebastián herido en el orgullo
- Ese tipo adora a su hermano, esto es malo – Apolo acarició su pelo crespo – se lo diré a Mateo, mañana, hoy estará recuperando el tiempo, seguro entraremos en guerra y perderemos muchos hombres
- ¿Conoces a Sandra, es decir Andy? – preguntó Sebastián intrigado, Apolo sabía que ella causaba ese efecto en los hombres, le diría lo que sabría tarde o temprano
- Nos criamos juntos, el primero que la conoció fue Mateo, desde que ella tenía cinco y él nueve ambos se adoran, pero bueno esta vida es complicada, Ronaldo fue como nuestro padre, el día que intentó forzar a Andy era su aniversario de bodas ambos se casaron sin decírselo, - aclaró - él le tenía ganas por así decir, al final ella casi muere y Mateo se volvió loco, mató a Ronaldo y ha sido nuestro jefe desde entonces, esos dos nunca se separarán, sus almas están muy mal y sólo juntas hallan consuelo, déjala ir o Mateo te matará, - indicando que todos notaban su interés y era obvio que no lo aprobaban - si no tienes una bala en la cabeza es porque de verdad no parece que ella haya estado contigo, si él te percibe como una amenaza te matará o te llevará al salón rojo
- ¿Salón rojo?- preguntó por curiosidad
- Ya sabes – movió las manos como diciendo que era lento – por la sangre, - Sebastián se estremeció
Después de poco más se despidió, las personas de servicio que sólo eran hombres quitaron todas las prendas y cambiaron las sábanas de las once habitaciones que Sebastián y sus hombres usarían incluso en la suya cambiaron el colchón. Se tomaron muy enserio acomodarlos, al fin de cuentas también los llevarían ese muchacho tendría mucha protección.
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