Hermanos

La policía no supo mucho más después de esa reunión secreta, fue imposible averiguar lo que hablaron, sin embargo, mantenían a Sebastián vigilado día y noche, de hecho parecía que la detective Granados se había

obsesionado con Sebastián Iturbide, su instinto le decía que había más que sólo una sociedad entre Mateo y él y ella necesitaba saber de qué se trataba, la mujer había entrado por una razón en las fuerzas especiales el grupo Miranda (que encabezaba Horacio) mató a sus padres y dejó parapléjico a su hermano menor, ahora el chico acababa de graduarse, pero ella juró vengarse de ellos y todos los grupos criminales.

Llevaba días sin perderle la pista, de hecho parecía más su guardaespaldas que los que él pagaba para ese fin; ese día estaba siguiendo al empresario cuando lo perdió de vista en ese callejón, maldijo por lo bajo y apresuró el paso, llevaba un mes desde la reunión entre los dos hombres y para ella era la única pista para acceder a Grupo Blanco rival de Grupo Miranda. En esta ocasión que lo perseguía unas manos la sujetaron por la espalda ella se

liberó con un poco de dificultad, Sebastián sonrió, entonces la encaró dejando ver su rostro luego de luchar un poco con ella mostrando su superioridad.

-          Señor Iturbide – dijo ella jadeando por la intensidad de la pelea

-          Señorita Granados – replicó él sin perder la compostura, sus ojos como siempre parecían una tormenta en el fondo incluso su traje estaba perfectamente planchado

-          ¿Por qué ataca a una simple policía? – preguntó la mujer mirándolo con sus intensos ojos color verde

-          Si usted fuera una simple policía yo sería el tendero de la esquina – replicó Sebastián con una sonrisa conquistadora, no era su intención, pero cuando se es tan apuesto es casi imposible evitarlo

-          ¿Qué desea? – preguntó ella, ¿le estaba coqueteando? Tratando de recobrar el aliento miró a otro lado tratando de controlarse

-          Directa – Sebastián miró sus manos, lo que acababa de tocar le había gustado – le tengo una pregunta detective ¿qué desea más acabar al grupo Miranda o al Grupo Blanco?

-          ¿Cómo? – la pregunta la sacó de balance, era lo que Sebastián quería la había estudiado por el último mes, necesitaba conocer cada secreto, ella entrecerró sus hermosos ojos esmeralda

-          Puedo darle al grupo Miranda, pero no al grupo Blanco – dijo el hombre de negocios

-          ¿Por qué un hombre como usted que siempre fue tan honrado se unió a ellos? - ¿le estaba reprochando? Pensó ella, ¿con qué derecho? debería arrestarlo y punto

-          Grupo Blanco salvó la vida de mi hijo – Sebastián no deseaba mentir, necesitaba que la mujer se les uniera, estudió todos los ángulos y esta era la manera más segura, ella se asombró

-          Hace casi un año mi hijo fue secuestrado – necesitaba ser honesto, ella sólo respondía a este sentimiento según lo que logró saber de la policía  – Andrea les pidió ayuda y se la dieron

-          Eso es… - no sabía cómo completar la frase parecía imposible, pero este hombre no mentiría

-          Casi imposible, pero así fue – dijo Sebastián consciente de sus palabras – ellos no me están chantajeando, les debo demasiado, ahora mi hijo es tanto mío como de Mateo – la mujer abrió los ojos – Andrea, es su

madre, ella es nuestro vínculo y ahora lo considero como si fuera mi hermano

-          ¿Me está confesando que su hijo es el sucesor de Mateo Terranova? – el hombre elevó sus hombros - ¿sabe lo que sucederá?

-          Le doy una oportunidad – se acercó a su oído, el aliento cálido del hombre la hizo estremecerse – venganza contra aquellos que le desgraciaron la vida – su voz era seductora, el hombre conocía su atractivo, una sola mujer se le resistió, pero ninguna otra eso jamás lo permitiría, si se contuvo fue por su propio hijo – coopere conmigo y le daré lo que ha deseado desde hace diez años

-          Me pide que infrinja la ley – recriminó ella enfurecida porque eso iba en contra de sus principios

-          Técnicamente le pido que acabe con un grupo criminal – replicó el hombre esta vez con su voz de hombre de negocios

-          Favoreciendo a otro – replicó ella ferozmente sin dejarse enredar

-          Bueno, como yo lo veo, tiene oportunidad de detener uno de los grupos más peligrosos del mundo, si es dejando de lado por un momento a otro, pues… - hizo una pausa, no se había movido ni un milímetro, se mantenía demasiado cerca de la detective – es su decisión ¿acabará con el único grupo que es capaz de hacer frente a sus enemigos y les dará el poder del mundo a aquellos que le destrozaron la vida?, dígame después de pensarlo

-          Yo… soy policía – murmuró un poco excitada ella no lo vio de esa manera nunca, la cercanía del millonario estaba nublando su juicio, de un modo que nunca sucedió antes

-          Yo soy un hombre de negocios, le ofrezco la posibilidad de ganar – su mano acarició la mejilla de la mujer, ella cerró los ojos extasiada esperando más, cuando los abrió el hombre estaba cerca del final del callejón ya muy lejos - Avíseme cuando tenga una decisión, mi casa está abierta para usted –

Sebastián sonrió antes de dar la vuelta en la esquina.

Moviendo la cabeza a un lado y otro la detective se preguntaba qué demonios acababa de vivir, no sólo le estaban dando la oportunidad de su vida para vengarse, sino que además uno de los hombres más atractivos del mundo ¿se le insinuó?

Fuera de sus cabales caminó hasta su casa ahora mirando la puerta frunció el ceño, recordó la conversación con el hombre, por si fuera poco, le dijo que las puertas de su casa estaban abiertas, trataba de ser sensata, llevaba diez años en la fuerza y necesitaba tener la cabeza fría, había estado a punto de decir, si acepto de inmediato, como hipnotizada;  sólo su fuerza de voluntad la detuvo, ese hombre era tan peligroso como uno de la mafia, se tocó la mejilla, dio media vuelta y se empujó a entrar  a su pequeño departamento.

Sintió que algo estaba mal, ¿por qué? Todo se veía normal, su instinto gritaba, entonces fijó su atención en la ventana, ella la dejaba cerrada, entró con calma, había sacado la pistola del tobillo, a obscuras apenas veía nada, unos brazos le rodearon la espalda, la desarmó y la dejó de frente al desconocido, el aroma a bosque de pinos la dejó confundida pero aún lo recordaba

-          ¿Señor Iturbide? – su voz sonaba confundida, sus ojos apenas eran visibles en la obscuridad, ¿qué estaba sucediendo?, era un hombre a la mitad de sus cuarenta, guapo, y presuntuosamente rico ella no creía que le faltaban mujeres ¿qué hacía en su departamento?, otra pregunta le asaltó alarmándola mucho más que la anterior ¿cómo sabía a qué olía?

-          No pude dejar a medias lo que iniciamos – la voz del hombre era ronca y llena de deseo – ¿usted?

-          Si es por lo del grupo Miranda – un dedo le tocó la boca y ella guardó silencio inquieta necesitaba alejarse le gritaba su mente, su cuerpo por otro lado…

-          Eso son negocios, podemos hablarlos mañana, en el desayuno – el hombre se acercó un poco más, ella se sorprendió aún más cuando la atrajo y la besó sin ninguna alternativa de negarse, su cuerpo ya no pudo resistir más devolvió el beso, desde hacía cinco años que a su prometido lo mató también otro grupo ilegal ella no tenía pareja ni sexual ni sentimental, las manos del hombre le quemaban la piel así que después de tanto tiempo de abstinencia ella cedió, al menos vengó a su novio en ese entonces, fue su último pensamiento razonable antes de perderse en los besos que se le daban en todas partes.

Mareada abrió los ojos, observó su entorno, se encontraba en su pequeña habitación, sus sábanas que de casualidad había cambiado la mañana anterior la cubrían hasta la mitad de la cintura, sus pechos desnudos estaban fríos, seguro por el sudor de la noche anterior, al pensar en lo que había hecho se ruborizó y luego se enojó, sin pensar mucho salió de la habitación para ver al hombre con la ropa interior puesta sirviendo el desayuno en dos platos, los empaques del restaurante estaban en el bote de basura.

-          Ya te levantaste – anunció Sebastián con el cabello desaliñado se veía aún más guapo

-          ¿Qué demonios me hizo anoche señor Iturbide? – preguntó roja del enojo

-          Poco menos que tú, Oliva – respondió el hombre señalando los arañazos en la espalda y los chupetes en el pecho y cuello – a estas alturas creo que tutearnos es lo más adecuado ¿no crees?

-          No se acerque – replicó ella a la defensiva, él sonrió, como un león que sabe su presa no puede escapar – lo voy a demandar – el volvió a sonreír

-          Creo que yo puedo decir que quien se aprovechó de mi fuiste tú – había acortado la distancia – además si deseas una quinta ronda yo estoy encantado – ya estaba frente a ella y un brazo rodeó su cintura mientras que la otra tomó su cuello – presentarte desnuda ante mí es una invitación que tomaré con gusto – su boca rozó los lóbulos de ambas orejas mientras sus labios rozaban suavemente de una clavícula a otra mientras sus palabras se arrastraban, aspirando su aroma en la piel de la mujer, era suya ahora lo era, le había atraído desde que la vio en su casa y sabía que no le era indiferente, su mano tocó el glúteo de la mujer que gimió deseando que la tierra la tragara por la vergüenza no recordó al salir de la habitación que no llevaba ropa puesta. ¿En qué estaba pensando?, bueno en realidad no pensó en nada al saltar de la cama.

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