La Granja

Cuando las dos camionetas se detuvieron los chicos que viajaban en una de ellas salieron entre risas y juegos tontos propios de la edad, no era nuevo para los otros muchachos que realizaran estas actividades aunque por lo general eran periodos de dos semanas o cuatro, pero como podrían saltarse clases los más jóvenes estaban felices, Joel y Esther no estaban tan contentos pero que podían hacer seguir las órdenes de sus padres era sagrado así que salir de ahí no era opción.

Cuando Sebastián y su jefe de seguridad que insistió en acompañarlos sintieron que la camioneta se detenía pidieron permiso para quitarse las vendas de los ojos, ante la claridad deslumbrante sus ojos tardaron en ajustarse a la luz, comprobaron que sus celulares no tenían cobertura y además tardaron casi seis horas en llegar, no se veía un alma a la vista, es más, no se veían estructuras a la vista, Aarón enfocó la vista un poco en el horizonte y se quedó sin palabras.

-          ¿es un campo militar? – preguntó en voz alta sin que fuera su intención en esa soledad hasta había eco

-          Sip, estás en lo correcto – Mateo agudizó la vista y se sorprendió por la rapidez de Aarón – tenemos todas las instalaciones militares aquí, un campo de tiro, piscina, gimnasio, un campo de entrenamiento para combates en grupo, ¡hasta una sala de tortura! – exclamó medio en broma, medio en serio – vengan - exclamó feliz presionó un botón y unas escaleras aparecieron en el suelo, Sebastián estaba entre atemorizado y sorprendido, dentro

de las mismas

-          Mejoraste mucho el lugar – comentó asombrada la mujer del mafioso - esto está muy cambiado

-          Era una sorpresa ¿recuerdas que la última vez que venimos juntos me hiciste unas observaciones? – bajó la voz sólo para ella – las hice todas – ella se estremeció, pues dentro de las observaciones había incluido una bañera enorme, para disfrutar juntos y tener algunas otras comodidades en el cuarto, ella se acercó a su oído

-          Esta noche las estrenaremos – su voz era provocación pura

-         Contaba con eso muñeca - replicó emocionado - pero no deseo esperar

Hizo una pausa mientras avanzaba prendiendo las luces y maravillando a los invitados, incluso Sebastián estaba impactado, su padre y Aarón estaba haciendo notas mentales de qué podrían implementar en las instalaciones de entrenamiento de los Iturbide, de pronto y sin mucho rodeo Mateo les dijo.

-          Señores debo hablar con mi mujer en privado, Apolo acompaña a los chicos a sus cuartos y permite que Sebastián y Luciano se despidan les das una vuelta por las instalaciones – observó su reloj, se veía tan sereno como siempre – en tres horas se van – dijo dándose vuelta llevando de la mano a la mujer

En la habitación perezosamente dos cuerpos estaban entrelazados sin querer levantarse, habían pasado dos horas desde que dejaron a todos acomodándose, como siempre Mateo acariciaba el vientre de su mujer que se encontraba desnuda a su lado, poco a poco comenzó a besar el hombro sugerente, no apartaba la mirada de sus ojos, ella sabía lo que deseaba, ambos estaban en la cuarta década de su vida, pero sentían que debían recuperar las noches pasadas.

-          Perdóname – dijo él mientras besaba su cuello

-          ¿Por qué te disculpas exactamente?

-          Por ser imbécil, por ponerte los cuernos, por lastimarte, por no cumplir mi palabra, por perderte, por todo – ella no contestó, sólo apretó la boca

-          ¿Por qué más debes disculparte? – él la miró sin comprender, ella lo empujó lejos, él intentó detenerla y ella se zafó con rapidez - ¿piensas que con sólo pedir perdón está todo bien?, No lo está, vamos que fui la más cornuda por cinco meses y por si fuera poco me obligabas a estar presente cada vez, ¿creías que era de palo? Por lo que sé debes tener treinta hijos por lo menos – por fin ella había estallado, no había lágrimas sólo dolor y humillación

-         Eso es imposible-  comenzó - su voz quería quebrarse -  Yo… tampoco puedo tener hijos – dijo él entre disculpas y ojos llorosos

-          ¿Qué cosa? – preguntó ella descolocada ante lo que acababa de escuchar, Mateo siempre le había hablado de si tuvieran hijos y otras cosas

-          No puedo, “él” dijo que si llegaba a tenerlos podría derrocarlo así que pago para que me hicieran la cirugía – sonrió de lado - ¿recuerdas que llegué tarde a la boda? Casi no me despierto por el maldito dolor que sentía – ella lo miró aturdida, en un inicio habían planeado tener muchos hijos, ella no sufrió su ataque hasta dos años después

-          ¿por qué no me lo dijiste? - reclamó justamente enojada

-          Tenía miedo – gritó desesperado – perderte era mi muerte, tú me mantenías cuerdo, Ronaldo se enteró de nuestra boda Fer lo supo por casualidad, que en venganza te violaría para que yo ya no fuera una amenaza, él te deseaba y yo no representaba a sus ojos una amenaza, por eso se confiaba por lo que me hizo años antes  – intentó sonreír – qué irónico ¿no lo crees? Murió en manos de quién más temía

- ¿Porqué me hablabas de nuestros hijos? - preguntó ella dolida

- Siempre he imaginado que tenemos unos hijos preciosos y aunque no sea así\, al menos si los imaginamos juntos\, podrían ser un poco reales

- Hijos imaginarios - Andrea casi se echa a reir\, mientras él la miraba

- En mi mente tenemos un niño y una princesa - los ojos del hombre se humedecieron - él se parece a mí\, pero con tus ojos\, a estas alturas estaría siendo casi un adolescente - sonrió impotente - ella\, es exactamente como tú\, una versión en miniatura

- Estás loco - le replicó ella

- Quizá - se encogió de hombros\, ella lo miró fijamente - es lo único que a veces me mantenía cuando no estabas imaginarme una vida perfecta contigo y los hijos que pudimos tener\, no me importaría tener más de uno - al ella casi echarse a llorar añadió - tampoco me importa no tenerlos\, ningún hijo sin ti me interesa acepté a ese muchacho\, ¿no estás contenta?

- Te agradezco por ello\, pero lo que me acabas de confesar es demasiado abrumador

El silencio reinó en la habitación los minutos pasaban y la alegría que sintieron al llegar al lugar había pasado, las emociones estaban a flor de piel y eso no era bueno en estas dos personas juntas, Mateo podía ver todas las emociones escritas en el rostro de su mujer, enfado, tristeza, desconsuelo, ira, al final una prevaleció

-          No sé qué decir ¿qué otros secretos me ocultas? – exigió ella enojada, de saberlo no le hubiera importado, amaba al maldito hombre frente a ella, pero eso sólo cambiaba las cosas que acababa de escuchar

-        Mujer - Mateo intentó acercarse, ella se alejó, él decidió no acercarse

- Dime si me tienes más secretos - ordenó como dando a entender que si no era honesto esta vez le perdería\, así que Mateo no tuvo ninguna otra opción\, perder a su mujer era lo último que haría

-          Sólo uno – contestó él, le mostró el celular y ella entrecerró los ojos leyendo lo que ahí se encontraba, se puso pálida y bajó de la cama comenzando a vestirse - ¿vas a dejarme de nuevo?, le dije a Apolo que esto podría pasar, esta vez no te detendré – ella lo miró sorprendida, estaba a punto de soltar las lágrimas – si lo deseas te dejaré libre, aunque pondré a alguien para que te vigile y me mande tu información todos los días – le dijo – sólo eso pido, te veré de lejos, cuidaré del chico y te lo devolveré – parpadeó, realmente estaba aguantando las lágrimas. El hombre rudo y terror de muchos se estaba desmoronando frente a ella

-          ¿Te rendirás tan fácil? – espetó ella – responde y lo que me debes ¿ah? 12 malditos años no, veintidós años de matrimonio infernal, desde ya te digo Mateo que pasarás cada maldito año de tu vida, cada día y cada hora reponiendo las faltas que cometiste – él la miró con extrañeza, luego comprendió sus palabras

-          No me dejarás ¿verdad?, te recompensaré claro cada segundo, cada maldito latido de mi corazón ahora sólo existe para compensarte – su corazón no cabía de alegría la empujó a la cama y ambos se entregaron como nunca antes ya no había secretos que los separaran

Media hora después de la acordada apareció la pareja y Apolo sonrió parecía que por fin estos dos habían arreglado las cosas, si tan solo su mujer estuviera viva quizá habría tenido más hijos que sólo Joel, pero no se arrepentía porque disfrutó los quince años de matrimonio, los últimos diez los pasaron luchando contra el cáncer que después de tres recaídas logró arrebatarle a la mujer, decían que los mafiosos eran mujeriegos, sólo los imbéciles como Mateo pensó Apolo él sólo amaría a una mujer por el resto de su vida.

Los chicos se miraron con complicidad entre ellos y finalmente comprendieron lo que los adultos habían hecho esas tres horas y media, Sebastián y Aarón tampoco eran tontos así que no comentaron nada, después de unas breves palabras se despidieron y dos camionetas dejaron La Granja.

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Melisuga

Melisuga

¿Qué vio Andrea en el celular de Mateo?

2023-10-23

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¿Quien es Aarón?

2023-10-23

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