8.2

—¡Seth! —llamó Thomas al pelirrojo que descansaba en la comodidad de su cama. El chico abrió los ojos mostrando el dorado de sus orbes, luego miró a todos lados dándose cuenta de que no estaba en el lugar donde se había dormido. Había un extraño olor a sangre y muerte—. ¿Te sientes bien? Estás pálido… —susurró preocupado el hombre rubio.

Su respiración agitada y sudor frío recorriendo su frente. Había sido víctima de una pesadilla, una de esas que parecen tan reales que al despertar no sabes si lo que viviste sucedió o no.

Tardó unos segundos en volver a la realidad, y en cuanto lo hizo, se sentó en la cama, intentando calmar su respiración. Todo a su alrededor parecía tranquilo y en paz, pero él todavía sentía la angustia que la pesadilla había dejado en su corazón.

Intentó recordar los detalles de la pesadilla, pero era como intentar recordar un sueño que se desvanece al despertar. Solo recordaba la sensación de peligro y miedo que lo había invadido, y eso era suficiente para hacer que su corazón latiera más rápido. Aunque le asustó más el repentino olor a sangre, como si se tratara de una matanza cercana.

—Tom… —murmuró Seth—. No sé si eres tú, pero apesta —articuló, tapándose el rostro con las mantas. Thomas levantó una ceja y olfateó alrededor, encontrándose con el hedor de la sangre y muerte.

—No, no soy yo, pero sí hay un olor. —Tom se preocupó, ese hedor no era el típico de demonios ni Nigromantes, había un aroma dulzón en toda esa putrefacción. Algo en definitiva andaba mal. El rubio buscó su celular y marcó algo saliendo de la habitación. Seth se destapó y salió con destino a los calabozos. Sin embargo, el cuerpo corpulento y monstruoso de Richy, lo detuvo.

—¿A dónde te diriges? Por tu bien, más te vale que sea a la sala de entrenamiento. —comentó Richy, mirándolo con el ceño fruncido. Seth, por su parte, asintió lentamente, mostrando una sonrisa. Oh, Dios, solo espero que se lo crea…

Richy asintió y se encaminó al lugar predicho junto al pelirrojo, quien caminaba lentamente. Estaba cohibido y no era para menos, no sabía cómo había tomado Richy el anterior altercado, pero conociendo su temperamento, era fácil decir que estaba molesto.

Cuando llegaron, Richy tomó la espada de madera con la que entrenaba Seth y se la lanzó. Afortunadamente, el de ojos dorados tenía buenos reflejos, así que la atrapó fácilmente. Thomas se presentó con el ceño fruncido, era obvio que algo le molestaba. Richy se detuvo y cruzó de brazos, como si supera exactamente lo que enojaba al rubio.

—Estoy bien, Bennett. —Soltó Richy con un dejo de burla en sus palabras, restándole importancia al asunto, y palmeó suavemente su abdomen. Seth se recargó sobre sí mismo mientras jugaba con la arena del paraje. Thomas bufó dando a entender que no estaba satisfecho con la respuesta del moreno. Sin embargo, dejó que el par entrenara.

Seth se enderezó y posicionó con la espada en mano. Aplicó todas las técnicas que le había enseñado Richy, pero el movimiento de la espada era lento y Seth, por alguna razón, estaba incómodo, por eso, terminó tirado en el suelo luego del golpe que le propinó el moreno.

—Estás más tenso… —susurró Richy y se sentó, tomando un libro azul con un dibujo que no se podía distinguir—. Bueno, descansa cinco minutos. Relájate y despeja tu mente, si no, no podrás vencerme nunca —agregó, mirando el libro. Seth asintió y, luego de reponerse, salió del punto para ir hasta los calabozos. Ahí se encontraba el albino descansando sobre el suelo, no se movía y eso le llamaba la atención al pelirrojo, así que, se ubicó cerca de las rejas mientras descansaba.

No había durado mucho el combate, pero utilizar tantas técnicas lo habían dejado exhausto tanto física como mentalmente. Desearía aprender a pelear ya, de lo contrario, todos terminaremos muy mal… Dormitó el aquel sitio durante unos segundos hasta que escuchó el crujido proveniente de la celda.

Puedes escucharlo llamándote… algo le susurraba constantemente causándole un poco de dolor. Miró a todos lados, creyendo que le estaban jugando una broma, pero no se encontró con nadie. Observó de reojo al albino y notó que estaba despierto. Algo pareció alertarlo, ya que se había arrinconado en la celda.

Intentó ponerse de pie, pensando que, tal vez, algo estaba pasando y por eso el prisionero reaccionaba de esa forma, sin embargo, sus piernas no le respondieron correctamente y cayó al suelo, arrodillado y con la cabeza agachada. Sintió una enorme presión en su pecho y se percató de las gotas de sangre que caían en sus manos y se desparramaban hasta el piso. Palmeó su rostro y supo que de ahí provenía la sangre.

Necesitas más que ojos para verlo. Su mente se nubló con aquello y se desvaneció por completo.

Richy llevaba esperando a Seth un buen rato, pero no aparecía. Se preocupó momentáneamente, pues lo había visto un poco diferente de lo usual e incluso podía decirse que hasta decaído, sin embargo, su preocupación se transformó en ira y decidió ir a buscarlo para darle una paliza.

Como era de esperarse, el chico estaba tirado a un lado del calabozo donde estaba su prisionero. El albino seguía enroscado, durmiendo en la esquina de la pieza. Richy ladeó su cabeza y revisó a Seth, estaba desparramado en el suelo y sudaba bastante. Al final, el moreno, decidió despertarlo dándole uno que otro empujón hasta que Seth mostrara el brillo dorado de sus ojos. Notó que estaba sangrando y frunció el ceño.

—¿Estás bien? —Fue lo primero que logró decir Richy. Seth no había sido un chico que durmiera demasiado, solo lo suficiente para un adolescente promedio, por eso le preocupaba sus siestas fuera de la cama y en cualquier momento.

—Uh, sí… —respondió en un susurro Seth. Se sentó y miró sus manos, se sentía extraño, pero con muchas energías. Algo en su mente se había mostrado. Se asustó, aunque recordó que estaba entrenando, así que, lo asoció con eso. Se puso de pie y estiró cada parte de su cuerpo, vigorizado, listo para entrenar. Richy lo observó intrigado—. Vamos a entrenar. —Sonrió Seth y se apresuró a llegar al cuarto.

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