El rubio extendió su brazo, de donde un par de alas flamantes se alzaron con vehemencia. Una enorme ave bañada en un fuego se presentó con un potente rugido que no era conocido, agitándose y levantando una gran polvareda. Era realmente imponente aquel ser. Thomas se mantuvo firme y luego señaló al albino, quien frunció el ceño.
—Ataca —susurró y el ave alzó vuelo con una velocidad impresionante, alcanzando rápidamente a su objetivo. Sin embargo, lo que no se esperaba era que el domo de aquel chico fuese lo suficientemente fuerte como para protegerlo de ese ataque.
Esto es muy malo.
El ave, sin posibilidad de atacarlo directamente, se elevó hasta lo más alto y lo acribilló con unos proyectiles de fuego puro. No había forma de que se librara de eso.
De un momento a otro, Richy se volteó con rapidez hacia Thomas para advertirle, pues no había reparado en que el acompañante del albino se esfumó momentos antes del ataque. Y solo pudo darse cuenta de ello cuando sintió la fuerte presencia de alguien más, detrás de él.
—Si quieres detener a la bestia, aniquila al invocador —murmuró el joven, su tono burlón hizo temblar al rubio, quien rápidamente generó varios sellos de protección, creando un semi escudo que lo cubriría del ataque que se avecinaba.
La punta del arma atravesó todos los sellos, rompiéndolos uno por uno. El sonido de ello era preocupante. Richy se acercó lo suficiente para lanzar su escudo negro hacia su amigo, cubriéndolo en el momento justo. El pelinegro se sorprendió y alejó con velocidad. Parecía preocupado por la interrupción de aquel objeto. El moreno se acercó a Thomas y lo observó de reojo. Estaba asustado.
El pelinegro se desplazó hacia donde se encontraba su compañero y le tocó el hombro. El albino asintió y, sin que el domo desaparecía, soltó a Seth para extender su mano y materializar un fulgor amatista que formó un rifle plateado. Richy y Tom no podían estar más sorprendidos.
—¿Qué demonios hará con eso? —cuestionó Thomas, llenándose de preocupación por Seth, lo que provocó que el ave se desestabilizara y empezara a aletear descontroladamente. Sus ataques se volvieron erráticos y el rubio palideció.
No era un mago que se descontrolara en plena batalla, pero podía imaginarse por qué le pasaba ahora. Su hijo estaba en medio de todo y eso lo aterraba. Su mente se inundó de recuerdos de una familia, una que quedó masacrada por su culpa. El mago cerró los ojos y trató de alejar los pensamientos de su mente. Pero no podía evitar que las imágenes del pasado se filtraran en su conciencia, con una claridad que lo hacía sentir como si estuviera viviendo la experiencia de nuevo.
Recordaba el día en que perdió toda confianza en sí mismo, en un trágico accidente. La visión de aquella casa en llamas y el sonido de los gritos de esas personas se grabaron en su memoria de manera permanente.
La tristeza que sintió entonces, la impotencia y la rabia se volvieron a apoderar de él. Todo lo que había intentado hacer para superar esa pérdida, todo lo que había tratado de olvidar, todo había sido en vano. La tristeza y el dolor seguían presentes, como si el tiempo no hubiera pasado en absoluto.
El mago se dejó caer al suelo, sintiéndose abrumado por la tristeza. Las lágrimas le quemaban los ojos mientras luchaba por mantenerse en control. Pero era inútil. La tristeza era demasiado grande. El invierno de aquel recuerdo lo veía en frente suyo, la nieve caía y su hijo estaba en medio. No, eso no volverá a pasar.
El ave se estabilizó de repente, pero era tarde. El albino estaba arrodillado sobre su pierna derecha y mantuvo la otra levantada, para darle estabilidad al arma. Fijó el objetivo y disparó sin más. Un surco casi imperceptible salió disparado y se estrelló contra el ave, quien empezó a chillar del dolor y se esfumó dejando una estela brillante.
Thomas se agarró el pecho al sentir aquello. Era la primera vez que deshacían una de sus invocaciones y el dolor era casi insoportable. Su sello estaba dañado, el sello de su alma. No sabía si se recuperaría de eso, aunque poco le importaba en esa situación.
Richy aprovechó la conmoción y se abalanzó sobre el pelinegro. Sin embargo, su objetivo hizo exactamente lo mismo, se abalanzó sobre el mago con una velocidad y una ferocidad impresionantes. El mago trató de defenderse con su escudo, pero era demasiado tarde. El joven ya estaba encima de él, con su lanza de luz brillando con una intensidad cegadora.
El moreno logró esquivar un primer golpe, pero el pelinegro estaba decidido a no dejarlo escapar. Con un movimiento rápido y preciso, el joven, de ojos verdes, apuñaló al mago en el pecho, hundiendo su lanza en la carne del mago. Atravesó su pecho y lo empaló al suelo.
El mago gritó de dolor, cayendo al suelo mientras el pelinegro retiraba su lanza. La herida era grave, y la sangre brotaba de ella con rapidez. Su atacante se mantuvo de pie, mirando al mago con una frialdad impasible mientras el mago luchaba por respirar. Finalmente, el mago se desplomó, y el joven se alejó, dejando su cuerpo en el suelo.
—El siguiente es Seth Lennox.
Amatista: Gema perteneciente a una variedad violeta del cuarzo.
Fénix: Ave mítica que simboliza el fuego, la inmortalidad y la pureza.
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