5.1

—Policía de Nueva York, ¿cuál es su emergencia?

—Quiero reportar a un chico como desaparecido. Soy Ellen Wilson, directora del Maryel School y hace casi un mes que no sé nada de un alumno. Ya intenté contactar con su padre, pero también está desaparecido.

—Muy bien, señora, ¿podría facilitarme los nombres y dirección de ambos? ¿Usted ya había reportado esto? —cuestionó.

—Sí, claro. El chico es Seth Lennox, su padre, Thomas Bennett. Ambos residen en un hotel de la avenida Lexington. Quise hacerlo, pero, al comienzo, nada me pareció extraño. Ellos suelen viajar bastante y, a veces, el señor Bennett pide permiso hasta por dos semanas. Aunque, no fue así ahora y ya estoy muy preocupada. Sobre todo, por Seth, siempre ha sido un chico bien portado y aplicado.

—Bien, empezaremos cuanto antes con la investigación.

Seth paseó por los pasillos del Helgedomen, asombrándose por la majestuosidad que imponía el sitio. Thomas le había contado que el Helgedomen era una antigua iglesia a la que asistían los fieles del pueblo que alguna vez existió: Heaven Grove. Sin embargo, ahora era solo una sombra de lo que fue en su momento, la guerra había acabado con casi toda su bella estructura de marfil y condenó sus cimientos a una eternidad en la soledad y destrucción.

Durante los años posteriores a la guerra, Tom se había encargado de utilizar el búnker de aquella iglesia para crear algo más seguro, y así nació esa casa de seguridad. El nombre que llevaba era el mismo que el de la iglesia, porque representaba algo realmente cruel, pero que debía estar.

Aunque Seth no logró comprender muy bien a qué guerra se refería Thomas, intuyó que debió ser lo suficientemente grande como para desolar a todo un pueblo. Quería preguntar, sin embargo, temía que fuese algo demasiado cruel para su padre, quien siempre parecía sentir culpa al hablar de aquella guerra y el pueblito.

Era invierno y, por alguna razón, el Helgedomen se veía más radiante. El jardín que poseía era tan grande y lleno de flores, plantas, que Seth no conocía; tan grande como tres casas juntas, bañado gentilmente en el fulgor de aquella tarde, tan radiante como el alba de verano y sumamente agraciado.

Era un cruel invierno, pero las estaciones en ese lugar parecían un poco diferentes. El sol se alzaba con gracia desde la lejanía, aunque era imposible sentir su calidez. Cuando la luna protagonizaba la noche, parecía casi inevitable no sentirse atraído por la belleza del crepúsculo, no obstante, el frío podría helar cada parte de tu cuerpo.

De repente, recordó el entrenamiento que había iniciado con Richy hace dos días, tres días después de llegar al Helgedomen.

El joven pelirrojo no podía seguirle el paso a Richy, quien resultó ser un luchador nato, competitivo y egocéntrico que parecía divertirse haciéndolo sufrir. Tal vez no estaba hecho para el combate. No quería desistir de aquello que había tomado como una tarea para su supervivencia. Estaba claro que todavía faltaba demasiado para saber a qué se enfrentaban y por qué, pero prefirió priorizar algunas habilidades que les serían útil.

Thomas salió aquel ocaso. Regresaré al anochecer, dijo. Seth estaba inquieto. Había pasado toda su vida, prácticamente, pegado al hombre que lo crio. Era un padre para él y, por eso mismo, no le agradaba la idea de que Tom se fuera tantas horas. ¿Y si le pasa algo? Era una de las tantas preguntas que surcaban la mente del pelirrojo mientras observaba al sol esconderse en los horizontes, sentado sobre un dañado pedestal de yeso.

La tarde se presentaba eufórica, pero las brisas de aquella tarde invernal traían consigo el rumor de una travesía lejana, que se ocultaba fuera del Helgedomen, más allá de las montañas sumergidas en el fulgor del alba. Richy lo sentía, podía olfatearlo al igual que un sabueso. Se sentó a admirar el paisaje, trajo una limonada y se acomodó en las escalinatas del santuario.

Seth, por otro lado, regresó al Helgedomen y fue hasta su habitación, estaba ansioso, cansado y adolorido. No sentía los brazos, sus piernas temblaban de vez en cuando y su pecho dolía considerablemente. Sin embargo, eso era lo de menos, estaba preocupado por Tom, llevaba ya mucho tiempo fuera y no había ni una señal de él. Tan simple era pensar que algo le había pasado, tan fácil era imaginarse un mal final para el pobre mago. Aunque, Seth sabía que Thomas era fuerte, pues lo había visto luchar al máximo, pero aun así se preocupaba.

El pelirrojo salió de la que ahora era su habitación; quedaba al final del pasillo, justo al lado de la de Tom. Se acomodó la camisa azul que llevaba puesta y buscó a Richy. En la entrada de la iglesia, luego de caminar entre pedazos de yesos e imágenes divinas del mismo material, se encontró con un vaso con limonada, este miraba al hermoso paisaje, pero no había rastros del hombre al que buscaba Seth.

Estaba por bajar para ir al jardín cuando tropezó con un alambre y cayó boca abajo contra una de las escaleras. No atinó a poner las manos, así que, su rostro golpeó con entusiasmo el piso. Al despegar su cara del frío y sucio piso, se encontró con una nota pegada en su frente. Se sentó ignorando el golpe que tenía y leyó: “Sabía que, un torpe como tú, caería en una trampa infantilmente simple como esa. Mocoso, voy a ayudar a Thomas con una misión, no toques nada mientras no estoy”. Seth arrugó el papel y se puso de pie. No era raro que Richy le pusiera trampas o que le ordenara no tocar las cosas del Helgedomen, pero al joven de ojos dorados le molestaba demasiado.

—Estúpido viejo —injurió Seth y tiró el papelito al vaso con limonada—. Voy a romper todos los cojines del salón… —murmuró pensativo y se dirigió a la parte trasera de la iglesia. Allí había un cobertizo con herramientas y cosas varias. Corrió la tabla que cubría la puerta y la arrojó a un costado, abrió la puerta de madera fina y gastada, miró dentro y divisó las tijeras. Cuando ingresó emocionado por su pronto acto de maldad, un balde de pintura le cayó encima y embarró el cabello rojizo del chico con un azul muy llamativo. Seth se movió rápido intentando quitarse la pintura de sus ojos, pero solo logró caer al suelo luego de enredarse con unos hilos. Otra maldita trampa de ese viejo amargado, protestó el pelirrojo al sentir como le caía harina en su cuerpo, adhiriéndose a la pintura. Desde donde estaba tirado, pudo ver, bien pegada al techo, puesta con meticulosidad, estaba una nota; “Supongo que querías venganza, pero Seth, la venganza solo envenena tu alma”. Citaba aquel pedazo de papel.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play