Allí, si se mira bien y con cuidado, se puede ver la silueta de una puerta que conducen a más escalones y, finalmente, bajando por ellos, a una elegante sala en perfectas condiciones.
Seth fue el primero en despertar. Sus ojos de oro corretearon el lugar; había mucha luz artificial, la cama era cómoda y el olor agradable. Mentiría si decía que no se sentía a gusto, pero necesitaba encontrar a Tom. Se puso de pie y salió de la pulcra habitación. Afuera chocó con un gran pasillo bien iluminado y con decenas de puertas; cada una bien hecha con madera de roble. Las paredes estaban forradas con una pintura de color crema y el piso era de madera, sin imperfecciones. ¿Esto es un hotel de cinco estrellas? Se preguntó el muchacho caminado con cuidado de no hacer ruido.
Llegó a una gran sala, había sillones bien tapizados, grandes faroles con decoraciones en oro, mesas de roble y librerías por doquier. Más adelante encontró una cocina, era inmensa, limpia y ordenada. Aquel lugar desprendía un aroma a un buen desayuno, como esos que ya no había podido disfrutar. Seth se asomó cuidadosamente, pero se alejó al escuchar un ajetreo suave. No era Thomas ni nadie conocido, eso lo supo porque su padre solía tararear si estaba solo haciendo los quehaceres.
—Sé que estás ahí mocoso. Ven, acércate —le habló una voz ronca desconocida. Por obvias razones, el pelirrojo se escondió en una de las tantas habitaciones. Esta, al igual que la otra, era grande, limpia y olía bien. La cama estaba bien hecha, las almohadas descansaban tranquilas y la alfombra picó los pies desnudos de Seth. Era una bonita alfombra negra de peluche. ¡¿Peluche?! Repitió internamente el chico. Oh, Dios, ¿dónde demonios estoy? Hay oro en cada esquina, tienen peluche de alfombras y en la cocina parece haber manjares, alarmó Seth—. Oye, niño, no voy a hacerte nada. —Escuchó el pelirrojo—. Solo, deja de esconderte y ven a desayunar. —La palabra “desayunar” fue clave. A Seth ya no le importaba que el desayuno estuviera envenenado o que fuera una trampa, él tenía que ver esa comida. Salió cautelosamente y se asomó a la sala, pero no había nadie allí.
—Por aquí, Seth. —Señaló una voz conocida. Era Thomas, quien lo tomó por los hombros dirigiéndolo a otra sala. Era el comedor más grande que jamás había visto—. Buenos días, Richy –saludó el rubio al hombre que se encontraba sentando relajadamente.
—¿Qué tienen de buenos? Oh, es el niño de los mil escondites —comentó sin sorpresa, pero sí con burla—. Aunque también puedes ser… el niño con las mil maneras de huir. —Siguió Richy. Seth se despegó de Thomas y se sentó con determinación. Thomas rio suavemente.
—No estaba huyendo —objetó Seth, tomando el tenedor—. Además, si alguien te dice “mocoso, acércate”, es porque no tiene buenas intenciones. —Atacó dándole un sorbo al té. Su disgusto se notó al instante, estaba amargo y tibio.
—Ah… ya decía yo que convivir con un niñito criado por el rubio engreído, sería molesto. —Suspiró pesadamente Richy. Tomó un plato y se sirvió una porción de huevos revueltos. Thomas lo imitó y luego le quitó la taza a Seth.
—Esta es para ti —informó Tom, pasándole otra taza al chico—. Es de frutilla y está caliente —agregó. Seth asintió y tomó un sorbo.
—Bueno, a mí tampoco me gusta convivir con viejos amargados. —Sonrió Seth, tomando otro sorbo de su sabroso té de frutilla. Siempre adoró lo dulce, cualquier alimento dulce era su perdición. Y el té de frutilla no se quedaba fuera de esa lista.
—Oye, Thomas, tu mocoso es muy irrespetuoso. Además, ¿quién en su sano juicio bebe ese insulto a las infusiones? —protestó, señalando el té de frutilla—. Es más, ¿por qué sostiene la taza de esa forma? Ah, ¿y por qué estamos utilizando la vajilla de porcelana, siendo que podemos tomar en esas tazas cualquiera? —interrogó Richy señalando un grupo de tazas de plástico y jarros metálicos—. No, no, no, tengo una mejor: ¿por qué estamos desayunando en el comedor como malditos riquillos de cuarta?
—Porque sí. Sabes muy para qué sirve el comedor, compórtate —habló relajado el rubio. Richy se golpeó el rostro con la palma de su mano.
—¡Cierto! Se me olvidaba que fuiste criado por esos imbéciles de la realeza. Con razón… —rezongó el hombre, estirando su piel con la palma de la mano.
—Me toca, ¿qué este lugar? ¿Por qué tu amigo se comporta como un niño? Y, ¿hay más té? —Interrogó Seth, mostrando la taza bordó con bordes negros. Thomas le sirvió más té y carraspeó.
—¡Uhg! Parece que estamos en una fiesta de té… —se quejó nuevamente Richy.
—Esto es el Helgedomen, mi casa de seguridad. Estamos debajo de una iglesia, la única estructura que quedó en pie luego de la guerra. Este lugar es nuestro refugio, Seth, te enseñaré todo lo que hay aquí. Richy es un poco tosco e infantil, pero es un buen amigo. Él insiste en que te entrene, pero eso depende de ti, Seth —respondió Thomas mirando al pelirrojo.
—Quiero entrenar. Richy, por favor enséñame. —La determinación en las palabras de Seth le sacaron una sonrisa de triunfo a Richy. Thomas asintió.
—¡Te dije, Tom, amigazo! Seth está hecho para pelear —alardeó victorioso Richy—. Tus paranoias son innecesarias —agregó, bebiendo su whisky matutino.
—Sí, tenías razón, Richy. —Aceptó Thomas sonriendo al final. Seth se quedó mirando las reacciones de los dos, no entendía nada.
Helgedomen: Significa “El Santuario”. Habrá información más adelante.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 36 Episodes
Comments