—Habrá un cambio en los planes —sentenció una voz masculina, que se escabullía por la arboleda. Nisha estaba lista para atacar, su rostro y postura la delataban. Estaba asustada porque, si bien era fuerte, aquel ser que los rondaba era algo que nunca había visto. No había un alma que analizar, un aura que sirviera de ayuda para saber a qué se enfrentaba. Debía ser consciente de que era probable que ni siquiera existiera tal alma.
Sin mucho más que un bosque y un chico dormido, Nisha entró en combate al ver que una figura blanquecina se le abalanzó sin aviso alguno. Bloqueó su ataque frontal y lo repelió con gran dificultad. Su rostro se mantuvo firme en busca de reconocer a su atacante. Quedó absorta en lo desconocido que le resultaba el ser frente a ella, mostrándose risueño, con un porte elegante y sus cabellos oscuros revueltos por los bruscos movimientos. Sin embargo, más allá de la intriga, se sumergió en lo espeluznante que era su belleza, una rareza totalmente brutal que acabó por dejarla sin aliento.
Tal vez fue su mirada verdosa o su rostro pálido, pero estaba segura de que ese ser, no era precisamente el enemigo que esperaba.
—Llévate a Seth Lennox. Me haré cargo de… esto —dijo, dirigiéndose a algo o alguien que no era Nisha. Ella estaba de rodillas sobre el suelo, no sabía cómo terminó así, aunque estaba segura de que fue obra de aquel joven de cabellos oscuros. Y, sin esperarlo, otro joven salió de entre la maleza. Este irradiaba la misma omnipotencia que el pelinegro, pero su vibra era diferente y daba mucho más miedo, pese a ser más pequeño y verse totalmente inofensivo. Su rostro era redondo y tenía grandes ojos violetas que contrastaban con la palidez de su rostro, cabello y vestimenta, y no cargaba con ningún arma. El pelinegro portaba una gran lanza que manipulaba con destreza.
—¿Qué s-son? —logró balbucear Nisha e intentó ponerse de pie, pero cayó nuevamente cuando los fanales verdes se posaron en ella de manera rápida.
La expresión del pelinegro era atemorizante, pese a sonreír, no daba ningún ápice de amabilidad o tranquilidad. No habitaba ninguna emoción en ese bello rostro.
Nisha sintió un dolor desgarrador en su pecho, se observó y notó que, en algún momento, él la había apuñalado, atravesando su cuerpo con la lanza y empalándola al suelo. No pudo saber qué clase de lanza era, pero concluyó en que debía estar hecha de algún material desconocido, pues le rechazó todo intento por sanarse.
—Bien. Hay que llevarlo lejos y deshacernos de él antes de que interrumpan —dictaminó el pelinegro, mirando al albino que había levantado a Seth y lo apoyó en su hombro para llevárselo—. Solo tengo que sacar esto de mi lanza —musitó, arrancándole con dureza la lanza del pecho a Nisha, quien empezó a vomitar una especie de líquido negro. Incluso de su herida salía aquella sustancia oscura. Ella cayó boca abajo y su cuerpo terminó por deshacerse allí mismo.
—¡Suéltalo! —La voz de Thomas se hizo presente en medio de toda la masacre. El joven pelinegro se volteó para observarlo. El rubio tembló en su lugar, podía reconocerlo por su aura sin vida, sin ningún tipo de análisis posible. Era exactamente aquel que lo atacó en el bosque cuando empezó todo.
Bennett se fijó en Seth y analizó su aura para darse cuenta de que todavía respiraba. No sabía qué había pasado para que su hijo terminara en ese estado, pero cuando regresó al Helgedomen junto a Richy, se preocuparon al no verlo por ningún lado. Sabía que los rumores que viajaban con el viento de invierno no profesaban nada bueno.
Unos segundos después, la silueta grande y robusta se presentó, era Richy. Su rostro se contrajo al ver a ambos seres. No porque les pareciesen raros, sino porque tenían a Seth y no parecían preocupados de lo que pudiese hacerles Thomas.
—Puedes irte, yo me encargaré de estos dos —anunció el pelinegro y atisbó a ambos magos, desafiándoles a una batalla que podría terminar muy mal para todos. Thomas, sin pensarlo demasiado, corrió hacia el albino para evitar su huida.
Mientras se lanzaba a una batalla de la que desconocía cualquier variante que pudiese ayudarle, pero estaba demasiado preocupado por su protegido como para ponerse a creer en eso. Ahora estaba arrepentido por haberlo dejado solo, no debió pedirle ayuda a Richy, debió dejar que se quedara con el chico.
Aunque, sabía, en lo más profundo de su ser, que nada podía hacer para devolver el tiempo. Tenía que afrontarlo.
El de ojos amatistas ni se inmutó ante el inminente ataque del mago y solo se mantuvo de pie junto al chico. Cuando Thomas llegó dispuesto a atacarlo, un enorme domo violeta se interpuso entre el pequeño albino y él.
Una carcajada se escuchó desde el fondo y, por muy poco, logró esquivar el ataque del pelinegro. Su asalto pudo quitarle la vida, pues iba dirigido a su corazón. Los ojos verdes se entrecerraron, como analizando lo que acababa de suceder.
Rápidamente, Thomas retrocedió y se agrupó con Richy, quien ya estaba listo para la batalla. El rubio sacó un conjuro de su saco y lo tiró al suelo, juntó sus manos y preparó su innovación.
Anuló todas las emociones fuertes y cerró, por un momento, los ojos. Richy, por su parte, se lanzó en contra del pelinegro. Corrió hacia él y lanzó un buen golpe directamente a su ubicación, pero lo esquivó. El moreno golpeó el suelo y abrió un enorme cráter que se llevó consigo gran parte del terreno y provocó que el joven albino se desestabilizara.
El mago cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de enfocar su mente en el objetivo de su conjuro. Con sus manos extendidas y sus dedos entrelazados, comenzó a murmurar palabras en un lenguaje antiguo y místico, con una cadencia y ritmo que evocaban un poder arcano y antiguo.
El aire alrededor del mago comenzó a vibrar y a centellear con una energía oscura y misteriosa, mientras las luces se retorcían y tomaban forma. El mago continuó murmurando su conjuro, su voz ganando fuerza y convicción a medida que se acercaba a la culminación de su hechizo.
Sin que nadie se lo esperase, un brillo azul cegó a todos, emanaba de Thomas, quien estaba de pie frente a todos y mantenía una postura recta. De su boca salieron unas palabras que fueron difíciles de escuchar, pero trajeron consigo una gigantesca bestia sagrada. Una de las más difíciles de controlar por su naturaleza, el famoso Fénix
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