La helada y cruel noche de invierno, obligó a los que se encontraban fuera, a buscar refugio. El viento azotaba sin piedad a los árboles, ellos se balanceaban luchando por quedarse en pie. Tal vez fue por miedo, o simplemente una corazonada, pero Thomas no se movió. Seth lo miró esperando que dijese algo, aunque fuese una queja, necesitaba saber qué pensaba. Pero nada pasó y nada se dijo.
El viento azotó furioso el lugar y la nevada se acercaba. Lo notaron en los copos de nieve que se avistaron cayendo suavemente. Tom tomó, de nueva cuenta, posición de ataque. Sentía la presencia de otro ser cerca del sitio; no era humano ni un mago, podía ser tantas cosas, pues no lograba captar su aura al cien por ciento. Seth se cubrió con sus brazos, intentando disipar el frío que calaba sus huesos; pasaba fácilmente por la camisa de fina tela que llevaba, era el uniforme veraniego, no se esperaba estar en medio de una tormenta de nieve nada más empezar el invierno.
—T-Tom, ¿qué vamos a hacer? —Tiritó el pelirrojo apretándose más mientras que el rubio buscaba algo con la vista; su cabeza se balanceaba, movía y sacudía bruscamente en todas las direcciones, pero no se atrevía a desplazarse por el descampado. El punto donde estaban no se mostraba como era realmente, por lo que, descifrar el escenario era algo complicado. Se podía divisar, detenidamente, los árboles y unas rocas esparcidas por el suelo que, a simple vista, parecía ser solo césped.
—Bueno, como única opción por el momento, saldremos de aquí y buscaremos un sitio para refugiarnos —musitó Thomas, sin apartar la vista de la densa oscuridad que los acechaba sin cuidado. Tal vez era por la imperiosa tormenta o la noche fría que los vigilaban, pero la escasa iluminación se veía cada vez más apagada, como si de una vela a punto de extinguirse se tratase; la oscuridad los devoraba silenciosamente—. Volver a casa ahora no es una opción. Estos infelices saben, conocen la ubicación. No podemos arriesgarnos.
Seth asintió con poco entusiasmo. No parecía que pudiesen salir de ahí tan fácilmente, además, con solamente ver el rostro preocupado de Tom, sabía que nada estaba bien. Aun así, se limitó a ser obediente, no quería ser una carga en esos momentos. La sorpresa de Seth fue grande cuando notó una luz blanca correr despreocupadamente en medio de los frondosos árboles. Intentó seguirla con la vista, pero fue irrealizable. No obstante, curiosamente, más atrás de esa figura blanquecina que se desvaneció, corría otra igualmente blanca y veloz. No esperó más y llamó a Tom tocando con rudeza su hombro.
Este se giró ágilmente y se mostró desconcertado por aquellas lucecitas danzantes. Respiró lentamente, calmando su mente para agudizar sus sentidos y poder tener una vista más amplia de su entorno. Cuando pudo fundirse con el marco, se centró en las siluetas blancas y las seguía de cerca. Se vio sumido en la confusión de no poder descifrar a ese par deslumbrante, incluso analizando sus auras se encontró perdido en el problema casi inextricable. Mientras más veía, más problemático se volvía todo.
El ambiente se tranquilizó por un momento, cortando abruptamente la conexión, provocándole dolor de cabeza al rubio. Este se encorvó un poco captando la atención de Seth, quien se volteó y corrió a ayudarlo.
—Esto va mal… —Soltó Tom en un jadeo. Se reincorporó y suspiró, pero todo se vio interrumpido por una estela de luz que cruzó los árboles a gran velocidad e iba dirigida a Seth. Thomas tiró fuertemente del brazo del pelirrojo, obligándolo a tirarse al suelo—. ¡Agáchate! —ordenó cuando vio que la estela se estrelló contra el césped. No se atrevió a hacer algo, nada de nada y eso calmó un poco al rubio, pero de repente, el surco luminoso estalló con gran potencia. La explosión arrojó a Tom al otro lado del descampado, estaba adolorido porque no pudo utilizar su sello protector y su ojo izquierdo se vio duramente afectado. Seth fue estampado contra un árbol cercano, el golpe lo dejó casi inconsciente, pues el sello de Thomas sí funcionó en él.
Seth pudo ver dos figuras que se acercaban a él, pero su poca consciencia no le permitían ver del todo bien. No sabía si eran personas o esos tipos raros que lo llevaron hasta allí, solo sabía que estaba acabado. Ni siquiera pudo levantarse del dolor.
— … —Una de las figuras habló, pero Seth no pudo oírlo ni descifrar sus palabras. Mis oídos… n-no escucho… concluyó el pelirrojo; su sentido se vio interrumpido momentáneamente por el estruendo de aquella explosión, solo escuchaba el terrible tañido de un incesante y agudo sonido. Finalmente, con la poca fuerza que le quedaba, levantó la cabeza para mirar a su agresor. Sin embargo, fue tan raro para Seth cuando se cegó también; una luz lo encandiló sin previo aviso y algo más explotó a un lado. Esa última explosión le causó más dolor en sus lastimados oídos. Finalmente, Seth se desmayó.
Thomas, luego de reponerse, vio a Seth y a las figuras blancas que se alzaban con elegancia innata, tan perfecta y hermosa. Una de ellas se giró para observarlo. El rubio no pudo hacer una imagen exacta de su rostro ni de su aura, pero se sintió adormilado. Su cuerpo le obligaba a descansar y recuperar energías, sin embargo, no podía vacilar ahora, no cuando tenía a Seth inconsciente en el suelo. Sin más que meditar, tomó un conjuro y lo arrojó hacia el cuerpo inmóvil del pelirrojo, pero, antes de llegar, este ya había sido destruido. El sello de protección fue neutralizado en cuestión de segundos, ¿qué clase de monstruos son estos? Se preguntó el rubio al ver que algo tan poderoso como un sello de protección era inútil frente a ellos.
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