Marcello toma mi mano, me coloca el delicado y sencillo anillo que parece ser de oro. Me mira intensamente esperando que repita lo mismo que él y evitando su mirada me doy cuenta de que en su mano derecha Marcello tiene una cajita con otro anillo igual que el mío en ella, solo que este es más grande.
—Tiene que repetir lo mismo. —Me indica el oficiador , pero no puedo hacer esto, no debo.
Marcello aprieta ligeramente mi mano y nuestras miradas se cruzan.
—Está bien, yo me encargaré de todo. —Es como si hubiera leído mi mente, pero sé que no podría encargarse de todo. Aunque sus palabras también logran un efecto tranquilizador.
Estoy lejos de casa sé que no me juzgaran por lo que haga para protegerme, únicamente será por un tiempo y todo volverá a la normalidad, no debo hacer una tormenta en un vaso de agua.
Tomo el otro anillo de la caja y sujeto la mano de Marcello haciendo que una corriente se expanda ante el roce, inmediatamente mi mirada y la suya se encuentran, confirmándome que el también lo sintió.
No puedo enamorarme de ti Marcello y tú tampoco debes enamorarte de mí, si lo haces sería tu sentencia de muerte.
—Yo, Luisa Morelli Barone, te tomo a ti, Marcello Greco, como esposo y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. —No debo enamorarme.
Cuando termino de hablar suelto su mano y me centro en el oficiador, que ya termine todo, no puedo seguir haciendo esto.
—Yo los declaro unidos en matrimonio. Enhorabuena, ya puede besar a la novia. —Mierda, eso no. No volteo a ver a Marcello, no lo besaré. —Los dejaré en privado, los documentos serán oficiales mañana.
El oficiador se retira y solo quedamos Marcello y yo.
—Creí que te lanzarías a mis brazos para poder besarme. —Me giro enojada a verlo y está sonriente.
—En todo caso eso le corresponde al novio enamorado. —Marcello suelta una carcajada.
—No enamorado, pero si tu esposo. —Se acerca peligrosamente a mí e instintivamente retrocedo, Marcelo tiene un poder extraño en mí cuando está demasiado cerca.
—Corrijo, falso esposo. —Vuelve a sonreír y da un paso más en mi dirección, haciendo que yo retroceda otro.
Intento alejarme; sin embargo, Marcello avanza con rapidez y toma mi rostro en sus manos, está tan cerca a mí que puedo sentir su aliento sobre mis labios.
—La próxima vez que quieras que te dé un beso tendrás que pedírmelo tú. —¿Qué? Está loco, no le pediré un beso nunca.
—No te ped…—Siento sus labios sobre los míos haciendo que abandone todo pensamiento lógico, he besado antes aunque justo ahora me siento envuelta por la gravedad de Marcello. Atraída como una polilla a la luz, sus labios son gentiles y exploran los míos. Se abre paso entre mis labios con su lengua y explora cada rincón, correspondo con un poco de torpeza por los nervios y la falta de experiencia en besos que roban el alma.
Cuando termina de besarme y al fin puedo tomar una bocanada de aire, Marcello baja sus manos de mi rostro y respira agitadamente al igual que yo. Me mira fijamente y toma un mechón de mi despeinado cabello.
— Sería un privilegio si me robas el corazón. —Me quedo sin poder comprender que paso o el porqué de sus palabras y me repito como mantra que no puedo enamorarme de Marcello.
—No lo haré. —Me aparto y le doy la espalda, me voy en dirección al auto esperando que no suba conmigo ahí y quien quiera que este me saque de aquí.
No debo enamorarme de Marcello.
Mientras camino rozo con mis dedos mis labios, me he besado con tres personas en mi vida contando a Marcello, el primero fue en el jardín y mamá guarda una foto de recuerdo, la segunda vez fue en la universidad cuando me titule como abogada y fue casual, ya que cuando iba a saludar a mí en ese entonces compañero, el volteo el rostro haciendo que lo bese en los labios , motivo por el cual no lo volví a ver más. Y la tercera con Marcello, que siento que con ese beso se llevó una parte de mí, se siente como si ese hubiese sido mi primer beso.
Cuando llego frente al auto Belucci bajas del asiento del piloto, al verme solo niega y me abre la puerta del asiento de atrás, subo sin pensarlo mucho , casi al instante el motor cobra vida y el auto parte. No pregunto por Marcello o a donde vamos, justo ahora no quiero verlo, no confió en mí y esta sensación extraña que siento.
Vamos por las calles de Catania mientras me pongo a pensar en todas las cosas que no debo permitir, como besos , acercamientos o que me toque; carajo Nefertari en que te metiste. Me doy una reprimenda mental por haber accedido a esta locura, no me beneficia en nada y definitivamente no era necesario este falso matrimonio para mantenerme a salvo.
Recuesto mi cabeza en el respaldar del asiento, solo debo recordar quien soy y no asustarme ni dejarme impresionar por Marcello y sus palabras embaucadoras. Y lo que más me frustra es que con otras personas si puedo ser yo sin recelos o cohibirme, pero Marcello logra que me ponga nerviosa, que no piense con claridad y cometa errores, muchos errores.
Belucci va reduciendo la velocidad a medida que nos acercamos a una enorme propiedad donde se divisa plantaciones de uvas y muchas personas trabajando, me siento erguida y bajo la ventana del auto para poder ver mejor a las personas que trabajan.
La vida de Marcello es muy diferente a la mía, si bien ellos usan balas para ahuyentar a los animales o asustar a las personas para que no dañen sus cultivos en mi caso es diferente, una bala acaba con todo y la muerte nos asecha todo el tiempo. Lo único que podemos hacer es disfrutar cada día porque no sabemos cuando será el último, si caeremos presos o muertos por un tiro.
Suspiro con pesar, definitivamente no puedo darme el lujo de soñar con una vida sencilla en el campo con Marcello ni con nadie.
Centro mi atención al paisaje.
Es un bello y enorme lugar, me permito sentir el viento en mi rostro y los aromas de la naturaleza que se mezclan. Hasta que veo que un hombre mayor está empujando a una muchacha, ella es delgada y lleva una trenza despeinada, cae al piso y el hombre le sigue gritando.
—Detén el auto—Le digo a Belucci, me da una mirada enojada por el espejo retrovisor.
—Recuerda que eres la falsa esposa no puedes darme órdenes. —Su comentario inapropiado en este momento me enoja muchísimo.
—Lo detienes o me lanzo. —Frena en seco y previendo su reacción me sujeto, para cuando frena ya tengo la manija de la puerta y mientras el motor sigue encendido me bajo del auto y camino en dirección de aquella muchacha. Odio que se aprovechen de la debilidad de una mujer, es un acto muy bajo y despreciable.
Escucho los pasos de Belucci detrás de mí, no corre, camina al igual que yo. El viento me termina por despeinar y hace que mi vestido se levante un poco, pero sigo caminando. Cuando estoy a una distancia prudente veo que la muchacha otra vez está de pie y sigue discutiendo con el hombre.
La tierra se filtra por mis sandalias haciendo que me duelan los dedos, pero lo ignoro y a medida que me acerco las voces de la muchacha y el hombre se pueden escuchar con claridad.
—Tienes que trabajar bien, ya le dije que no le pagaré a tu madre si no cumple con su cuota y está muy retrasada. —Brama el hombre.
—Lo sé, pero mi madre está enferma y yo vine a cumplir su cuota, por favor no puede dejar a mi madre sin trabajo. —Suplica la muchacha.
—Si si, todos siempre están enfermos. Cumple bien su cuota y lárgate que no contrataré a alguien si no pueden trabajar al ritmo y no cosechan bien las uvas. —La muchacha cae de rodillas.
—Por favor no puede hacernos eso, haré lo que usted me pida, pero por favor no nos deje sin trabajo. Es el único sustento para mi familia. —Se escuchan los sollozos de la muchacha y el hombre regresa y hace que se levante.
—Eres muy bonita, si quieres trabajar tú tienes que convencerme. —Cuando el hombre intenta poner una mano en el cuerpo de la muchacha apresuro el paso y grito.
—Si se atreve a tocarle un solo cabello, será lo último que haga en su miserable existencia. —El hombre aparta a la muchacha y fija su vista en mí.
—Pero que tenemos aquí ¿Hoy todo el mundo quiere algo de mí? —Aparta con brusquedad a la muchacha. —¿Quién carajos te crees para hablarme así? ¡LARGO!
Llego frente al hombre y me paro recta, no es más alto que yo.
—¿Qué quien me creo? No, yo no me creo nada. Soy quien te enseñara a respetar a una mujer.
El hombre ríe dejando sus amarillos dientes a la vista.
—¿Tú y cuantos más? —Se acerca a mí, pienso que con la intención de golpearme mientras permanezco quieta. Solo debo darle una lección no matarlo, así que debo medir mi fuerza.
Cuando levanta su mano y esta se dirige a un ritmo lento hacia mi rostro, sonrió porque mínimo lo dejaré sin unos dos dientes antes de que me toque un pelo. Y cuando estoy por moverme para responder, una enorme mano atrapa la del hombre.
Me giro a ver de quién se trata y veo a Marcello con cara de pocos amigos, mientras que el rostro del hombre al cual sujeta la mano se torna blanco y la sonrisa se le esfuma de la cara.
—Nadie puede tocar a mi mujer. —Me quedo viéndolo en schock por sus palabras ¿Su mujer?
Mi corazón palpita con fuerza por esas simples palabras y mi subconsciente me responde irónicamente: Bienvenida a tu nuevo hogar junto a tu esposo.
...…...
NOTA :📌📝
Estoy agradecida con tod@s por leer mi novela, espero que cada capítulo que publique les guste.
🚨🚨RECUERDEN LAS ADVERTENCIAS🚨🚨
Ahora subiré capítulo los Lunes y los Viernes, espero que sean de su agrado.
✨Los invito a leer mis novelas NEFELIBATA y SUEÑA ✨
Gracias por leer mi novela, si te gusto dale al corazoncito, regálame un me gusta y un comentario.
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Updated 81 Episodes
Comments
Rocio Raymundo
está muy bueno la novela 😃
2023-06-26
1
Dahyanna Sanchez Castillo
Esperando más capítulos con mucha más emoción
2023-06-21
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Martha Divas Delgado
me gusta autora pero k no les valla mal en su matrimonio aunk falso pero se gustan
2023-06-21
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