Enma:
Después de desinfectarme y bañarme aún siento el olor a Andante. Cierro mis ojos y aún veo a esa criatura viniendo hacia mí. El que haya una mutación significa que el virus se a vuelto más fuerte o eso es lo que pienso.
Me dejo caer agotada en la silla de la mesa. Me duelen los músculos del esfuerzo que hice peleando para salvar a Adam.
Él sale de su cuarto, ya bañado y con su cabello semi húmedo. Se a colocado unos monos grises y una camisa también del mismo tono, le queda ajustada y sus pectorales se marcan, al igual que su abdomen plano y lleno de cuadros.
Estoy perdida en él y al percatarme parpadeo varias veces para dejar de observarlo.
Se toca de nuevo la cabeza.
— La herida no deja de sangrar — Dijo mientras mostraba sus dedos manchados — Ese maldito zombie me agarró por sorpresa.
Se sienta junto a mí, lleva un espejo en la otra mano y se observa.
— ¿ No tienes un botiquín? — Pregunto.
— Si, está en uno de los cajones de la cocina — Señala sin dejar de mirarse al espejo.
— Voy por él.
Me levanto y voy a la cocina para hurgar en los cajones. No tardo en encontrar la pequeña caja blanca, la abro para comprobar que sea y sí, hay medicamentos y gasas.
Me acerco y dejo la caja sobre la mesa.
Deja el espejo a un lado para poder abrir la caja. Busca en su interior.
— Mejor yo lo hago — Dije, ofreciendo mi ayuda pero la ignora.
— No, puedo con esto — Gruñe.
Es tan orgulloso y obstinado.
Alejo el botiquín de él y me coloco a su lado, de pie. Me llega un olor a jabón de hombre.
— Claramente necesitas mi ayuda, no podrás sostener el espejo y curarte a la vez — Insistí mientras colocaba las manos en mis caderas, en señal de no desistir.
— Ya hiciste mucho en la tienda, yo haré esto.
Alza su cabeza para observarme, con él sentado sin poder intimidarme con su altura puedo soportarlo aunque su mirada sigue causando efecto en mí.
— Nunca es suficiente, para eso somos compañeros, debemos ayudarnos... Además, yo te debo mucho.
Frunce el ceño — ¿ Qué tú me debes ? No, no me debes nada.
— Claro que sí, el que me hayas salvado de ser devorada en Farla, arriesgando tu propia vida, el que me hayas traído aquí y que compartas tus provisiones conmigo... Eso no lo hace cualquiera y menos en este tiempo donde solamente podemos pensar en nosotros mismos.
Se queda sopesando mis palabras.
— No me costó nada ayudarte así que deja esa tontería de que me debes — Dijo con su tono arrogante y esa expresión seria que me molestaba.
Uy, es que es demasiado cabezota. Parece haber nacido sin sentimientos ni gracia.
— La mejor forma de saldar mi deuda, es ayudándote en lo que se pueda...
— Ya está más que saldada con lo que hiciste hoy — Me interrumpe mientras apoya sus brazos de la mesa.
— Déjame curarte, no me cuesta nada — Insisto y suspira frustrado.
— ¿ Al menos tienes una idea de cómo hacerlo ? — Pregunta como si yo fuera hacerle una operación, es una simple herida.
— Claro, hice un curso de enfermería y no exageres, no voy a usar un bisturí — Dije y no mentí con lo del curso.
— Está bien, haz lo que quieras — Gruñe con apatía.
Le doy una expresión de suficiencia y busco en el botiquín. Me coloco alcohol en las manos para desinfectarlas y procedo a revisar su herida.
Me acerco bastante, se mantiene observando a la nada. Tengo que apartar su cabello, es liso y se desliza por mis dedos con suavidad. Su cabello tiene un tono lindo, como chocolate con leche.
Jamás había estado tan cerca de un hombre que no fuera mi padre. La idea me pone nerviosa.
Me concentro, la herida está cerca del cuero cabelludo, tiene unos cuatro centímetros de longitud.
— ¿ Qué tal está ? Necesito la perspectiva de una enfermera — Pregunta.
— No es grave pero si no quieres tener una fea cicatriz, necesitarás sutura — Dije y levantó el espejo, observó.
— No me preocupa tener una fea cicatriz, no me importa como luzca — Corta de forma severa ¿ No me pudo tocar un compañero menos gruñón?
Eso de que no le preocupa su apariencia no es del todo cierto, sino no hiciera ejercicio. Él luce muy guapo para un mundo apocalíptico.
— De todas formas debo suturar tu herida para que se cure más rápido.
— Haz lo que tengas que hacer... En el botiquín hay una aguja e hilo para sutura.
Al parecer no le da miedo las agujas.
Me aparto y busco una gasa, encuentro el hilo en su empaque y también la aguja. Las abro después de colocarme unos guantes quirúrgicos. Adam me observa como si estuviera exagerando, ensarto la aguja y corto el hilo con una tijera como lo aprendí.
Desinfecto su herida, aplicándole alcohol.
— No encontré anestesia así que esto dolerá — Aviso.
— Estoy preparado.
Toma una postura firme.
Me acerco y me concentro, controlando mi pulso. Encajo la aguja en su piel, no hace ningún ruido de molestia y tampoco se mueve. Observa a través del espejo como trabajo y me sonrojo mientras voy cerrando la herida con el hilo.
— ¿ Qué más hacías en tu otra vida ? — Su pregunta me toma por sorpresa.
¿ En serio quiere saber más de mí?
— Como ya había mencionado trabajé en una tienda de comida rápida, se llamaba La Casa del Plato... Servía hamburguesas, pizzas... tacos ¿ Lo conocías? — Pregunto y niega con la cabeza.
— Yo solo frecuentaba restaurantes en el Sur de la ciudad — Dijo, a parte de amargado era uno de esos estirados.
— En fin, trabajaba allí para ahorrar para la universidad, quería ser doctora — Dije con un tono de desilusión.
Seguí cociendo cuando se quedó de nuevo en silencio.
— ¿ Qué hay de tu familia? — Pregunta después de unos segundos.
— Mis padres murieron en un accidente en un viaje por carretera mucho antes de que surgiera el virus, yo tenía diecisiete cuando me quedé huérfana, a parte de ellos no tenía a nadie más, así que me quedé sola y tuve que hacerme adulta para poder cubrir mis necesidades.
— ¿ No tenías amigos? ¿ Novio ? — Me observa por el espejo con esos ojos azules intensos, su última pregunta me tensa y me incomoda.
— Tenía una amiga llamada Liliana pero ella fue infectada — Dije, sin contestar a la última pregunta.
— Entiendo, todos perdimos a alguien en el ataque — Su tono muestra algo de dolor pero su expresión es la misma.
— ¿ Tenías familia? — Pregunto.
— No, no tenía — Dice cortante así que no insisto.
La foto de esa chica rubia aparece en mi mente.
— Terminé — Dije después de un momento y me aparté, dejando todos los instrumentos en la mesa.
Se observa y observa mi trabajo.
— Guao, realmente sabes lo que haces — Dijo y sonreí.
— Estabas en buenas manos.
Me quité los guantes.
— Gracias, Enma... — Murmura.
Le coloco una curita para cubrir la herida y me aparto.
Me observa de nuevo con esa intensidad y me quedo paralizada.
Observo su boca, es sensual y los vellos de su barba se ven rústicos, quisiera tocarla y me pregunto cómo se sentirá sus labios en los míos.
Por primera vez siento la necesidad de besar a un hombre.
Estoy tan concentrada que me sobresalto cuando todo queda a oscuras. No veo absolutamente nada, me quedo en mi sitio.
— ¿ Qué está pasando? — Pregunto.
Escucho como Adam arrastra la silla para levantarse.
— No lo sé, jamás había sucedido... Parece que el generador de electricidad tiene un problema.
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Comments
Natalia Beatriz Leguizamon
el puede preguntar pero no quiere contestar...hdp
2025-01-29
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