DE NOCHE EN UN BOSQUE

La familia corría sin problemas, mirando si había un lugar donde esconderse. Después de ver a Dan de esa manera, se preguntaron si era mejor quedarse con un hombre que, sin ningún remordimiento, podía disparar para matar; y no solo eso, también a niños. El esposo ya lo había hecho. No era desconocido que alguien que hace eso no tiene nada que perder y, sin nada que perder, puedes hacer lo que quieras. Lograron llegar a un pequeño círculo, perdidos en el bosque, tratando de huir. Pero en medio del silencio, la noche llegó y lo único que tenían era una linterna con poca batería, no tenían equipamiento y apenas podían defenderse. La situación de la esposa era muy inconveniente en ese momento.

En la oscuridad, se juntaron los dos y pusieron hojas encima de ellos para dormir sin molestias y sin temor a ser encontrados. Sentados los dos bajo un puñado de grandes hojas, esperaban descansar.

Pero cerca de la medianoche algo los despertó. Miraron a su alrededor, pero no había nada, ni siquiera había tanto ruido. El aire golpeaba las hojas de los árboles y los pocos depredadores nocturnos que aún eran terrestres, como búhos y murciélagos, merodeaban con algunos sonidos. Haciendo más difícil poner atención a los pequeños detalles sonoros. La esposa se asustó y en silencio comenzó a susurrar su situación emocional. Tras algunos gemidos de dolor, informó que se le iba el aire y un ataque de ansiedad estaba sofocando su garganta como las manos de un loco asesino. El esposo miraba sobre los árboles esperando con suerte, mirar alguna sombra moverse en contraluz de la luna llena.

No pasó mucho tiempo cuando se dio por vencido al no encontrar nada. Decidió que era mejor idea no encender la linterna, porque sea lo que fuere lo que merodeaba cerca de ellos, o se diera cuenta de su ubicación exacta, iba a ser un problema.

En la oscuridad, sobre una rama que crujió frente a la pareja, algo se podía observar moverse. Una silueta se movía lentamente frente a ellos, mientras un rugido débil y una mirada los atormentaban en segundos que parecían minutos.

El sudor escurría por la frente de aquellos enamorados y, mientras más tiempo pasaba, menos seguros estaban de lo que se posaba frente a ellos.

Cuando el estrés llegó a su punto máximo de reacción en el cerebro, el esposo alzó el arma apuntando a lo que fuera que se movía sobre ellos y los miraba fijamente en la oscuridad.

Viendo al abismo negro frente a ellos y con temor a lo desconocido, dos luces amarillas comenzaron a emitir luz, y con ello, mucho más miedo en los cuerpos. Ya de por sí, al no estar seguros de si había algo en la oscuridad, sus manos sudorosas temblaban y, al corroborar que la sospecha era realidad, la esposa se desmayó en un colapso de nervios.

De pronto, otro par de luces se encendió al lado de las primeras y, en otro instante, un tercer par de luces seguidas de ellas, encendían cada vez más y más hasta que iluminaron lo suficiente para ver a aquellas criaturas que parecían panteras, panteras pequeñas y poco peludas, calvas, con miradas secas y saliva extraña, con llamativas extremidades que levantaban y emanaban esas peculiares luces amarillas. Era obvio que atacarían luego de imponer ese miedo en manada.

Cuando se hacían los muertos, Dan llegó a tiempo y comenzó a disparar como loco con las nuevas armas conseguidas, para al final mirar toda la masacre que había provocado.

Dan miró al esposo y el esposo miró a Dan.

- ¿Qué es eso? - preguntó el esposo, casi llorando, con miedo y voz temblorosa que expresaba su cansancio emocional.

- Nunca lo había visto, vayamos a la casa y usemos lo que hay en el camión, nos largamos de aquí.

Tomaron el camión de nuevo y fueron dispuestos a tomar los camiones que a Dan le pertenecían, pero cuando llegaron, había un tiroteo extraño en el Penthouse.

Las llamas volaban de un lado a otro, pues estaba atascado de gente violenta, gente recién contagiada que luchaba con los no infectados del Penthouse y en el vacío de las faldas del Penthouse monstruos muertos, y más camiones como los que Dan llevaba, era como si hubieran llegado a un conflicto armado y los hubieran contagiado.

Cuando Dan miró esto, rápidamente giró el volante para retroceder, pero de la nada comenzaron a atacarlos los nuevos contagiados. Eran hombres jóvenes que habían sido contagiados, niños uniformados con trajes blancos y grises, camuflados, y soldados contagiados. Esto contradecía totalmente la inmunidad de los jóvenes, pues se supone que un niño no podía estar contagiado. Dan iba a salir de ahí, pero le costó atacar a los niños. Así que, en el miedo y el estrés de aquella situación, se bloqueó y dejó pasar el tiempo.

A su lado izquierdo, en el copiloto, estaba el esposo, que desesperado le gritaba con horror. La ventana izquierda fue destrozada, la rompieron. El esposo fue masacrado y lo sacaron por la ventana. Metieron sus manos y destrozaron su mandíbula al jalarlo de forma sobrehumana. Su cuello fue destrozado y su cabeza separada del cuerpo, que se quedó atorado en la puerta.

En los asientos de atrás, los infectados se metían y jalaban a la esposa, que aún desmayada no ponía resistencia. Desgarraron todo su cuerpo, se la comieron, y con ella, al bebé. Entonces ocurrió lo inesperado: la ventana del asiento del conductor fue destruida y la primera mano tocó el rostro de Dan, quien reaccionó y disparó. Pisó el acelerador y la esposa de aquel mutilado hombre se fue, arrastrada por los infectados. El esposo mutilado yacía en el asiento del copiloto y Dan solo pisó el acelerador para alejarse.

Pasados unos minutos, Dan bajó del vehículo y se sentó. Vomitó a un lado, aún mareado y con un dolor en el estómago. Un retortijón recorría sus nervios como si fuese cáncer en metástasis. Se levantó y echó un último vistazo a la ciudad. Justo donde estaba el Penthouse, naves volaban en llamas y había explosiones. Los cálices negros y blancos derribaban lo que parecían ser clones enviados en las Arquinas ciudadelas. Ya habían llegado y no sirvió para nada.

Entonces Dan lo comprendió. Distinguió que su camino apenas comenzaba y que lo que él conocía del mundo actual no era ni una probada de lo que realmente estaba afuera. Se decidió a salir, buscar una nueva ciudad y prepararlos para lo que estaba viendo: westerland, la ciudad más grande y poderosa del nuevo mundo, estaba cayendo, en una sola noche.

¿Cuál sería la sorpresa de Dan al darse cuenta de que la infección ni siquiera había llegado a otra ciudad ni a otro lugar?

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