JORDAN

En la ciudad vivía un viejo, un viejo extraño, un hombre que todas las mañana salía al balcón de su gran edificio y posaba desnudo como si admirara tener el control del mundo, ser el único ahí, y estar por fin, en la cima.

Este viejo era Jordan, un viejo que antes del delirio era pobre, lo recuerdo muy bien, todas las tardes cuando pasaba por el metro de la ciudad, en particular la estación por la que salías si querías visitar la estatua del gordinflón del bigote, él siempre me pedía un billete y yo se lo daba, solo para qué me contará su día.

Las cosas que vivía aquel hombre eran una tragedia, pero tragedias que yo admiraba escuchar. Un día Jordan emocionado se sentó en la estatua y me dijo: “Hoy no me pagues, yo te contaré gratis”.

Jordan entusiasmado se acomodó su trapejo que usaba cuál pantalón y comenzó a contarme su día.

Había sido un día normal para él, despertó en los cuartos de almacén del penthouse y miró a su alrededor saludando sin falta al guardia de la entrada, al que siempre suplía pues no hacía su trabajo de manera eficiente.

Jordan posó su flaco trasero sobre la acera y comió un bolillo duro que guardaba en su pantalón para una ocasión especial, pues ese día, era su cumpleaños. El guardia de seguridad se acercó y le mostró un papel, un papel en el que lo reconocían a Jordán como guardia de seguridad y a partir de ese día su vida cambiaría.

El guardia preparó una cena para su fiel ayudante y se vistieron de uniforme, para en su oficina cenar como nunca Jordan había cenado.

No solo eso, Jordan miró a la calle y vio a una hermosa mujer de vestido rojo, era tan atractiva que no iba a fijarse en un flacucho guardia de seguridad sin casa ni empleo seguro.

La mujer se acercó y entró al edificio, pero Jordan no se quedó atrás, su repentina manera de ser le dijo que tomará el riesgo y así fue, la invitó a salir esa misma noche. Por una sola noche Jordan iba a disfrutar una vida que había deseado toda su vida, su pobreza no permitía que este disfrutará de su vida, y todo por una mala nota escolar. Pero hoy todo se olvidaba.

Jordan miró al frente y se preparó para la cita que la hermosa dama aceptó. No cabía duda, era un hermoso día para mi amigo de trapos viejos.

Cuando fue a la cita cenaron y se la pasaron bien, rieron y disfrutaron, y cuando fue el momento de la verdad, Jordan le robo un beso a la dama, con seguridad, pues ese día él no olía mal, se había bañado en la regadera para los guardias.

La dama asintió y fueron a la oficina a tener un momento a solas. Y no fue en vano, los dos tuvieron el mejor sexo que habían tenido, al menos él, ella parecía tener prisa por irse.

Jordan preguntó para eliminar dudas si a ella le había gustado, pero ella solo asintió con una lagrima en el ojo, Jordan la miró fijamente y le preguntó que le pasaba.

Ella le contó que por una necesidad más grande que ella necesitaba dinero, dinero que no le pagarían ni siquiera aunque fuera poco, y tuviera el mismo trabajo que un vagabundo.

Jordan la miró con esperanza y con ayuda del guardia el papel que él había recibido se lo puso a nombre de la dama, por suerte, cancelo el trabajo que iba a hacer esa noche en el penthouse por estar con el pobre vagabundo. Jordan, que con todo su esmero trabajo por darle a la dama de sus sueños, una oportunidad que él se ganó, dejó ir la sonrisa que la vida le dio.

Jordan no estaba triste ni dolido, pues miró al frente y con una sonrisa volvió al cuarto de almacén. La mañana siguiente miró como una mujer desnuda salió muy violenta del cuarto de guardias al igual que su amigo desnudo. No siquiera pudo sentir odio, pues ellos ya no eran ellos mismos.

Valientemente, tomó un arma e hizo lo que tenía que hacer, ahora, él era el dueño de su propio penthouse. Y siempre salía a su balcón y miraba al frente, con una sonrisa y con el dolor que sintió, sale desnudo a que vean que él está sano ese penthouse es zona segura, pues habitan en él 15 personas más que irán a recoger los gonsos o arcanos que no por nada respetan el santuario que jordán ha creado el único hombre que por desamor, ha logrado matar a una cala negra.

Se levantó de la estatua aún 3 años después del delirio y me abrazó. Me dijo que pase lo que pase, él seguirá confiando en la humanidad y que ofrecerá ayuda a quien lo necesite, que no se arrepiente de aquella mujer, pero de lo que se arrepiente, fue nunca haberse comido su bolillo duro de nuevo refiriéndose a que prefería ser pobre, a ser el guardia que un día lo ayudó y después se aprovechó de una situación. Pues la mujer que durmió con aquel guardia fue violada.

Se dio la media vuelta y se fue de nuevo a su penthouse seguramente a vivir como siempre, con bolillos duros, pero feliz.

Y yo...

Yo solo lo miré irse y luego lo vi salir por su balcón desnudo a hacer lo que siempre, mirar al frente pero esta vez, está vez su llanto lo escuche, a lo mejor un día vendré y él estará destrozado, embarrado en el pavimento de la calle.

Y todo, todo por una mala nota escolar. Un hermoso efecto mariposa pero quien sabe, igual y si hubiese tenido buenas notas, no sería la persona extraordinaria que es al mirar imponente el término del día en su balcón.

Llegaron ya los gonsos primero.

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