La chica lo saludó.
—H-Hola, estoy aquí para entregarte tus pertenencias.
Ella le entrega su mochila a él.
Se trataba de la misma chica que ayudó de aquellos delincuentes y la misma que había dejado olvidado su libreta en el aula.
«¿Cómo pudo conseguir mi dirección?», se preguntó él mientras agarraba su mochila.
Resulta que después que Caín se retirará del Colegio, la profesora presentó a la nueva estudiante transferida, es decir a su nueva compañera de clases.
Cuando la clases finalizaron, el siguiente profesor pregunto quién podría entregarle la mochila a Caín, por supuesto alguien que conociera su domicilio o sino proporcionarían su dirección de él.
A esto se le sumó que el profesor mencionó la colonia y la chica levantó su mano diciendo que ella vivía cerca de allí.
Bueno, como agradecimiento se comprometió en entregarle su mochila a Caín personalmente; no se dio cuenta que las miradas de las chicas eran recelosas.
Para Caín fue un alivio ya que necesitaba su móvil con urgencia.
Y bueno, recordó que tenía la libreta de ella y era el momento para entregárselo.
—Gracias. Aún no sé tu nombre.
Una pregunta inesperada de su parte.
Ante su vista ella era pequeña e indefensa.
La chica aún no decía nada y él pensó que la estaba incomodando.
—Soy Isabela. —respondió cabizbaja.
Su voz era suave y tenue.
No era la típica chica que lo miraba a los ojos y le coqueteaba de inmediato.
“Ella es diferente.”, pensó vagamente.
—Te lo agradezco Isabela.
Ella asentío con la cabeza mientras evitaba verlo a los ojos.
«¡Que alto es! Su mirada es penetrante.»
Él estaba a punto de pregúntarle como había llegado a su casa pero enseguida se percató que la expresión de Isabela se tornó desorbitante.
El ambiente a su alrededor se sintió pesado.
Él supo que algo no estaba bien.
—Hay un hombre… —musitó ella.
Isabela tragó saliva.
¿Por qué el hombre sostenía una enorme espada?
En un vaivén, el viento sopló fuertemente.
Caín torció su cuello; un hombre se encontraba con una vestimenta oscura y su rostro no podía verlo claramente.
Su altura era descomunal al igual que el arma
que sostenía en la mano.
—Trae una…¿espada?
Isabela estaba atónita.
Caín maldijo por dentro.
¿Quién diablos era ese sujeto?
Él reaccionó de inmediato.
—Entremos ya. —espetó.
Sin preámbulos, él la agarró del antebrazo y entraron a la casa, asegurando la puerta.
—¿Eh…?
Isabela quedó más atónita por la acción repentina de Caín.
—Ese tipo de allí es peligroso así que no puedo dejarte ir. —mencionó con un tono bastante serio.
Isabela: —…
Enseguida él buscó su móvil.
—Em. Tranquila, voy a llamar a la policía. Espera aquí. —le pidió.
—S-Si.
Él se dirigió a su habitación cerrando la puerta; buscó el número de Bae que previamente él mismo había registrado.
*Beep Beep*
«Maldición, responde.»
—¿Si?
—Tsk. Al fin contestas. —gruñó Caín.
—¿Caín? No imaginé que llama—
—No llamó para saludarte, hay un problema justo ahora; un enorme tipo con una espada está en la entrada de mi casa y no puedo hacer nada ya que no estoy solo…
Él estaba impotente por la situación.
Bae siguió escuchando al muchacho.
—Mi tía está en un hospital, la golpearon de la peor manera y todo porque esos hijos de put* están detrás de mí. —exclamó con furor.
Sus emociones negativas le volvían a nublar los pensamientos.
Inclusive Bae percibía la ira del muchacho.
—Uff. Entiendo lo que dices. Así que ellos ya están actuando. Ya tengo tu ubicación, estaré en un santiamén. —dice Bae.
Caín: —¿Ah?
La llamada se corta.
Él suspira.
«Es una locura, mi vida se ha volcado de una manera delirante.»
Él sale de la habitación.
Atisbó que Isabela estaba estática en el mismo lugar donde la dejo.
—Em. Acabó de llamar a la policía, vendrán enseguida. —mintió.
Isabela sonrió nerviosamente.
Debía hacerlo para no involucrar a la chica; no iba a decirle que él era un demonio y que lo buscaban como si se tratará de un delincuente.
Era extraño que aquel hombre no se moviera para nada.
—La sala está por allí, puedes sentarte para que no estés parada. —le indicó Caín sin tomar en cuenta la informalidad de su parte.
Ella se encogió de hombros.
Para Isabela era la primera vez en la casa de un chico de su edad.
La magistral presencia de él la intimidaba.
Pero a los ojos de Caín, ella parecía incómoda y asustadiza.
—¿Pasa algo?
Ella solo apartó la mirada.
«Quizás quiera irse a casa.», indagó él.
—Oye, no era mi intención tomarte del brazo y hacer que entrarás aquí. —dijo él.
De cierta manera se estaba disculpándo aunque no sabía si lo hacía bien.
—Ese hombre es peligroso y no podía dejarte ir. —agrega él.
Ella lo miró de reojo pero sin responder.
—Er. Bueno estare en mi habitación para no incomodarte y siéntate a gusto…ah eso es todo.
Solo era cuestión de tiempo para que Bae llegará, aún así no quería que Isabela tuviera una mala imagen de él.
Sin embargo, no comprendía el por qué su forma de pensar y actuar.
Siempre fue frío y distante con los demás sin la mínima importancia que pensarán de él.
¿Qué es lo que provocaba Isabela en él?
Por otro lado, ella estaba en un dilema interno.
«Estoy siendo grosera con él. ¿Qué debería de hacer…?»
Caín se dio la media vuelta para irse pero ella lo detuvo.
Inesperadamente, Isabela lo agarró del antebrazo; siendo la primera chica que se atrevía a tocarlo directamente.
Él sintió sus delgadas manos, tibias y temblorosas que provocaron escalofríos por todo su ser.
—Hm. E-Es que no he estado en la casa de un chico y es extraño para mí…no sé que más decir. —ella soltó en un hilo de voz.
Sus pensamientos la empezaron abrumar mientras que Caín quedó paralizado.
«¿Qué es esta sensación? ¿Calor o frío? ¿Qué es exactamente?»
*Una perspectiva de Isabela 🔮*
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